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Acerca del hábito de la amistad

O como descubrirse con el otro

Es profundamente interesante como algunas de nuestras prácticas más fundamentales para nuestra vida y la vida en sociedad, prácticas que además se nos solicitan constantemente y se nos muestra su valor inclusive desde la infancia, sean, tan poco atractivas como objeto de una reflexión más allá del discurso de las bondades de su propia realización. Dentro de estas prácticas buenas en sí mismas, que se sugiere cultivar, se encuentra la amistad. Se pretende en las próximas líneas reflexionar en torno a ella con la intención de concebir su hábito, más allá de la repetición mecánica, partiendo de la siguiente pregunta ¿Es posible vivir sin la amistad?

 

Un buen punto de partida para reflexionar sobre la amistad lo podemos conseguir en Aristóteles, específicamente en su Ética a Nicómaco. Aristóteles ofrece un inicio, el cual ya plantea uno de los conflictos éticos que lleva a hacerse la pregunta: si la amistad es un bien en sí mismo o una suerte de utilidad mutua. ¿Qué hace que una persona haga amistad con otra? según el filósofo griego es posible responder de dos maneras ilustradas con las metáforas de los cuervos y los alfareros. Ésta parte de la semejanza, la amistad surgiría desde la noción de la igualdad, creciendo sólo en espíritus semejantes donde su estar vital es mucho más afín de lo que quizás inclusive ellos mismos puedan percibir. La metáfora de los alfareros por otro lado, involucra la formación mutua, la semejanza no es necesaria para el surgimiento de la amistad, lo que junta a dos espíritus afines es su capacidad de formarse el uno al otro. Está segunda proposición abre la puerta al debate ético, sobre la amistad como una suerte de utilidad para la vida.

 

La utilidad de la amistad es un asunto bastante complejo el cual puede ilustrarse desde su relación con la afección, la capacidad de afectarnos unos a otros. La palabra afección además no es usada aquí gratuitamente, pues permite develar cómo la capacidad de influir en otro no está circunscrita exclusivamente a la dimensión de lo positivo. En el marco de una relación de amistad es posible, consciente e inconscientemente, afectar negativamente al otro. Comprender la amistad desde la afección permite mostrar cómo en la misma se manifiesta también el eterno debate que se da en la relación amorosa, el asunto del amante y el amado. Como ha sido expuesto por Niklas Luhmann en El Amor como pasión, el asunto de la horizontalidad y la verticalidad en las relaciones amorosas se expresa dentro de la categorías del amante y el amado. Como apuntará Luhmann el amado está en la posición más cómoda, donde sencillamente se deja amar, mientras que el amante por otro lado, está en la tarea de reafirmar su amor constantemente, haciendo explícita la verticalidad de tal relación. En una relación amorosa el tipo ideal se encuentra en ocupar ambos papeles simultáneamente, lo cual resulta más fácil decir que hacer.

 

La amistad plantea otra dimensión que si bien se encuentra aún dentro de la concepción de la utilidad, es lo suficientemente amplia para que ambas personas dentro de esta puedan servirse de ella. La amplitud radica en que la utilidad no es unidimensional, se encuentra en el descubrimiento posible a través del otro, un descubrimiento tanto propio, como en una dimensión temporal particular. Desde esta perspectiva la amistad deviene en medio, en un espejo donde verse, mediante el cual, el  que se ve comprende más de sí mismo como descripción que como interpretación del otro. La diferencia entre descripción e interpretación se funda en que mientras en la interpretación siempre se agrega algo, la descripción es totalmente fiel. Tal separación es útil para comprender que en una relación de amistad ideal, donde el dar y el recibir es recíproco y donde se trasciende la utilidad en el sentido instrumental, el espejo adquiere tal fidelidad, que otros espejos de nuestro mundo circundante solo referirán a interpretaciones. Diferentes amistades proporcionarán diferentes sitios desde donde ver al sí mismo, los niveles de claridad no obstante referirán a la profundidad de la relación, como fue mencionado previamente, puede inclusive que en algunos casos el espejo nos muestre algo que nos negábamos a ver.

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