El hábito de reírnos de nosotros mismos

Distensión que se contagia

 

Si algo puede describir al venezolano promedio es su capacidad insondable para reírse de sí mismo, inclusive en situaciones inapropiadas así como políticamente incorrectas. Para algunos, la risa es inclusive la propia condición humana, alcanzando el nivel ontológico y realizándose dualmente. La risa nos separa de los animales (símil a la ilustre razón) y nos une al resto de los seres humanos por su propia cualidad contagiosa. Todos llevamos potencialmente la sonrisa en el rostro; sitio que como apuntará Levinas, es de encuentro humano, lugar primitivo del sufrimiento y de la alegría. Reír es una forma efectiva de realización del ser con los otros, es una potencia que nos puede revelar (así como permitirnos acceder a) información más allá de cualquier verbalización o conceptualización, trascendiendo idiomas, razas, edades y fronteras.

 

Dentro del imaginario colectivo del venezolano existen ciertas predicaciones, que si bien hacen referencia a una misma actividad, al expresarse en continuidad revelan contradicción. Un ejemplo se puede encontrar en el caso de cuando se está planificando alguna acción, donde la predicación usada comúnmente es “se está cuadrando”. Cuando la actividad se cumple (se hace acto, se cuadra) la expresión curiosamente cambia su figura, resultando en “quedó redondo”. Dicho de otra forma, la contradicción entre las figuras, pone en evidencia la falta de compromiso con la predicación cuando la misma refería a la acción. La ausencia de compromiso, así como de la tendencia a la contradicción, las cuales no representan ningún conflicto en el andar cotidiano, pueden comprenderse como el marco desde donde la venezolanidad se realiza constantemente,

 

Reírse de sí mismo es una de las formas del darle la vuelta del venezolano donde la risa es un mecanismo alternativo que complementa el juicio árido de la razón. En algunos casos, una risa en un sitio, así como en una situación inapropiada puede pasar como grosería, sin embargo,  la distensión resultante de tal libre entonación puede redimensionar la propia situación ofreciendo un complemento y no quedándose en la mera distracción mental o relajación corporal. El venezolano sale cotidianamente con su risa de la oscuridad propia de la vida, llegando a la claridad a través del sonido que se contagia. En este sentido reírse de sí mismo es otra forma de reflexión, una que se sobrepasa los límites de la razón, que desborda la seriedad forzada del vivir modernamente.

 

Contrario a la inmersión en el sufrimiento que caracteriza a algunos de nuestros vecinos en el sur, el caribe no suele rumiar la tristeza, así como tampoco se queda descansando eternamente en el sufrimiento. Atención, esto no significa que el caribe no tenga sus formas autóctonas así como sus hábitos de reencuentro con ella, por ejemplo el Bolero es uno de esos sitios habituales. Traemos a colación al  bolero como sitio de reencuentro con el sufrimiento, porque el mismo es la manifestación primigenia que permitió la posterior expresión/construcción de otro sentir caribeño común, a saber, la salsa.  Desde esta perspectiva, ilustrada en este desplazamiento musical, podemos comprender como el caribe efectivamente sufre, pero no se queda enjaulado en. Reírse de sí mismo no supone una evasión de la responsabilidad, es un revolver las asperezas creando una nueva situación, una perspectiva diferente que desde la relajación de la cara producto de la risa, logra relajar el cuerpo entero, permitiendo asir de una forma diferente el momento.

 

La seriedad es dentro de la contemporaneidad una cualidad tanto necesaria como impuesta en muchos aspectos de la vida. Se solicita la seriedad en todo momento y se asume además que la seriedad es el antagónico de la risa, olvidando que como apuntará Nietzsche, la única seriedad valiosa es la que tiene el niño cuando juega. Lo lúdico no supone exclusivamente lo contrario a esta forma de seriedad, el hábito de reírse de sí mismo es un modo de salir de nosotros, es nuestro son ido (recuerde aquí el desplazamiento musical previamente mencionado) es ir fuera de mi y regresar. Reírnos de nosotros mismos es, a la par de nuestros géneros musicales autóctonos, otra forma de calentarnos desde la tropicalidad.

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Erly J. Ruiz

Que no me lleve la locura ni la razón, que me lleve una morena.

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