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Táctica y estrategia

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple

mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.

– Fragmento de Táctica y estrategia,  de Mario Benedetti

 

Previo al 12F se venía gestando un malestar generalizado a lo ancho del espectro político caraqueño producto de la inhabilidad gubernamental para lidiar con los problemas cotidianos de la ciudadanía. Nota: de antemano reconozco el sesgo caraqueño de este artículo debido a que sencillamente desconozco los detalles sobre la realidad del interior del país. Ahora bien, el crimen, el desabastecimiento y la inflación no nos afectan a todos por igual: son problemas que el pobre siente más que nadie. No es lo mismo racionar el queso que se le echa a la arepa que racionar el gas porque no sabes cuándo vas a conseguir otra bombona. Pregunto entonces, ¿por qué es la clase media la que inicia la protesta de calle?

El 10 de febrero Leopoldo López hizo un llamado al pueblo venezolano para que saliese a protestar con los estudiantes, quienes ya habían convocado a una marcha ocho días antes. Hizo esto bajo el marco de «La Salida», campaña lanzada unos días antes por él mismo junto con María Corina Machado. De esta forma, aprovechando el impulso del movimiento estudiantil, López capitalizó sobre el descontento de los sectores más radicales de la oposición y de gente demasiado joven para recordar los eventos de abril de 2002. ¿Y con qué objetivo, aparte de promover su discurso? ¿Qué cambios concretos han resultado de ese llamado amorfo del 23E más allá del encarcelamiento del mismo López?

La MUD ya aprendió que sus aspiraciones políticas están supeditadas a quitarle una tajada de su electorado a un oficialismo que devenga sus votos de las estratos socioeconómicos más bajos. Aprendió también que para ello era necesario abrir espacios de entendimiento y diálogo. En cambio, la táctica de López y Machado resultó en protestas no siempre pacíficas que – predeciblemente – se limitaron en sus inicios a lo que algunos han llamado “los Beverly Hills de Caracas”.

Ya sabemos que la gente ha salido a protestar en Caricuao y La Candelaria. Sin embargo, es difícil sobreponerse al hecho de que los primeros sitios en manifestarse fueran Altamira, Las Mercedes y El Cafetal. La concepción de las protestas en el imaginario popular como un fenómeno «del Este» no propicia la incorporación de los sectores populares a las manifestaciones. Por el contrario, tal caracterización antagoniza, brindando la oportunidad al oficialismo de cohesionar nuevamente a sus partidarios.

A estas alturas, las oportunidades de las protestas de «jalar» gente que aún no salió a la calle recaen en la empatía que puedan generar los abusos cometidos por las fuerzas del Estado. Por otro lado, la difusión de reportes falsos por redes sociales y eventos como éste, no favorecen en lo absoluto ese escenario. Sin embargo, es la movida egocéntrica de López y Machado que encarna el error estratégico fundamental de la dirigencia opositora: considerarse a sí misma como protagonista del deseado proceso de cambio. La oposición tradicional venezolana necesita el apoyo de las clases populares para lograr su objetivo, no al revés.

En consecuencia, un consejo para esos dirigentes: sean francos, no vendan simulacros y esperen que un día cualquiera, sin saber con qué pretexto, las bases los necesiten.

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