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De Regreso al País de la Historia Momificada

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Acabo de regresar al país en el mismo punto donde lo dejé atrás, como si el poder hubiese congelado el tiempo, impidiendo cualquier evolución.
Les conviene el fin de la historia, para embalsamarla al estilo de las momias de Tutankamon.
En Maiquetia una señora mayor esperaba conmigo por la apertura de la autopista.
Las pantallas del aeropuerto repetían el discurso de campaña de Maduro poseído por el alma de su comandante fallecido.
La abuela decía: «parece mentira, solo una semana después le permiten descansar en paz».
La demagogia socialista también se derrumba cuando se trata de despedir a sus mitos.
A ellos le dedican los funerales de mamá y papá grande, con todo el lujo y el derroche de medios a la disposición de los órganos de propaganda.
Declaran el estado de sitio, la ley seca y decretan siete días de luto activo.
Quieren convertirlo en una suerte de Bolívar a juro.
Cosa más forzada.
La televisión lo pinta como un ángel de la guarda, risueño y conciliador.
Su imagen crística es una manipulación para una audiencia lobotomizada e ignorante.
Ahí temina nuestra supuesta igualdad.
Mañana cae asesinado uno de los asistentes a la procesión y nadie cantará «El Rey» en su nombre.
Para el gobierno, será otro número invisible, un muñequito pintado en la acera, parte de una cifra tabú no reconocida por el proceso.
La situación favorece en pleno al comando del PSUV a la luz de las próximas elecciones.
Nos obligarán a vivir de la nostalgia y a cancelar el plan de la alternabilidad democrática.
En su mundo cíclico, la película comienza con Hugo Rafael y culmina con su resurrección de la mano de Nicolás, quien luce orgulloso una cinta con la bandera de Venezuela alrededor del brazo.
Desde Hitler, no se inventaba un símbolo tan fascista. Por algo el CNE lo porta a la cabeza de Tibisay Lucena. Ella ya conoce la tendencia irreversible.
En resumen, vuelvo a la patria de la política estancada.
Toca invitarla a quemar etapas y a superar sus clichés.
Gran problema del comunismo zombie: su pretensión de inmortalidad.
Lo heredamos de dinosaurios criogenizados como Fidel, Mao y Stalin.
Ojalá fuesen especies en extinción.

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