panfletonegro

La otra guerra

me veras velar
por la ciudad de la furia
donde nadie sabe de mi
y yo soy parte de todos.
«La ciudad de la furia»-Soda stereo

Hablar de la violencia resulta complejo por no haber una definición clara del concepto. En la práctica pública la violencia se define como el uso deliberado de la fuerza para lesionar o causar la muerte de otra persona. Sin embargo, la violencia como categoría conceptual comprende varias sub-categorías de análisis que vale la pena reseñar a vuelo de pajaro:
–Violencia política.
-Violencia de genero e intrafamiliar.
-violencia social.
El que afecta en gran parte a la ciudadanía caraqueña es la del último tipo: la violencia social. Me tomaré el derecho de hablar sobre Caracas como una ciudad violenta y como (a mi juicio) esto trastoca lo que el caraqueño siente sobre su ciudad. En esto quiero ser enfática: la ciudad debe ser construida en la cabeza de sus habitantes todos los días. Cada habitante tiene su propia concepción de la ciudad, no existen dos concepciones iguales salvo aquellas que sean referencias territoriales. La ciudad es una apropiación individual

En consecuencia, hablaré desde mi experiencia. Caracas es la ciudad de la furia. No es Buenos Aires, no es Lima ni Mexico DF. Es Caracas y dudo mucho que las buenas intenciones de todos nosotros sea capaz de amilanar la bestia que vive en el seno de nuestro imaginario social. Es sencillo: Hay un clima de guerra circunspecta y «aquellos que nos dañan» son los enemigos. Y lo que genera malestar es que el aparato judicial del país sea incapaz de suprimir semejante clima.

El Estado tiene el deber de garantizar la vida de los ciudadanos pero no solo de aquellas potenciales victimas de un hecho violento (en su ultima consecuencia, las victimas de secuestro y homicidio) sino de aquellos que pueden ser potenciales victimarios. El Estado tiene el deber de garantizar el bienestar mental de su población para que el asesinato no sea una opción. ¿hacen falta mas policías y fuerzas represoras en la calle? NO, si estas son tan corruptas como los «maleantes» que piensan suprimir. ¿Que hacer?

Desde hace un par de años, han habido manifestaciones sociales que buscan despertar la reflexión en la población sobre la violencia como un asunto de salud pública: «No dispares» «Proyecto Esperanza» «Concierto por la paz» entre otras. A mi juicio estos nobles intentos no funcionan porque apuntan a una emotividad y sensibilidad del orden reflexivo y la violencia no acepta reflexiones porque, en la mayoría de los casos, es la consecuencia a un impulso.Es como tratar de parar una bala con papel pergamino.

En su luminoso ensayo Sobre la violencia Anna Arendt relaciona la banalidad del mal con la violencia, al punto de que la maldad al ser naturalizada hace que la violencia sea aceptable. Esta tesis la había adelantado en su primer libro Orígenes del totalitarismo Donde explica como los regímenes totalitaristas permiten la anulación moral del individuo y con ello, la empatía entre seres humanos.

¿Habremos banalizado la maldad al punto que la muerte violenta solo sea una muerte? A juzgar por las manifestaciones emotivas que genera la muerte de una figura pública en un episodio violento, se puede decir que nos sentimos vulnerabilizados y desorientados en ciertos momentos, pero no me atrevo a decir si estamos realmente sensibilizados sobre la violencia. Un ejemplo al azar: los periódicos cuyas ediciones se agotan mas rápido, son aquellos con noticias sobre accidentes graves en sus portadas. Si bien un accidente de tránsito también tiene una fuerte connotación violenta (por lo súbito de la muerte) esta carece de la fuerte carga moral que contiene el asesinato. Sin embargo, estas ediciones se agotan.

Pienso que hemos naturalizado la violencia como una forma de resguardar nuestra salud mental, de otra manera la paranoia nos trastornaría. A pesar de las distancias, pienso en los ciudadanos de Gaza;los desgraciados que deben construir pasillos entre casa y casa para poder guarecerse de las balas que asesinan la autonomía de su país asediado. Pero ¿no estamos asediados también? debemos crear túneles «temporales» entre hora y hora para cruzar ciertos sectores de la capital. En ese sentido, Caracas es una ciudad de pasadizos.

Y como todo pasadizo, este tiene la función de unificar puntos distantes: Caracas es una ciudad fragmentada. Tanto espacial como socio-económicamente y eso también hace que la ciudadanía construya una Caracas a modo de puzzle y cada pieza constituye un imaginario distinto. Una dinámica distinta y una veda que depende del horario. Caracas es una ciudad pequeña pero infinita.

Sin embargo, a diferencia de Gaza, nosotros nos matamos entre nosotros.La guerra del caraqueño es contra el caraqueño. La violencia brota, crece y se despliega en el patio de casa. Y en ese aspecto reconstruir una ciudad en base al derecho a la vida, es un ejercicio agotador e injusto. Porque delata que el Estado es incapaz de depurar lo que lo pervierte así sea un asunto histórico. Para nadie es un secreto que el TSJ es un estercolero donde las leyes son violadas en nombre de la misma ley, como tampoco es un secreto que han habido intentos de depurar el sistema judicial pero mientras no se tomen medidas radicales sobre el asunto, el sistema seguirá mordiendose la cola y tragándose el veneno, aniquilandonos. Yo opto por la presión social. El problema del venezolano como sujeto político, es que piensa que el gobierno NO es un plataforma sino una personificación del poder, por eso acepta gustoso las migajas que este decide soltar.

EL ESTADO ESTA PARA SERVIR A SUS CIUDADANOS, LOS FUNCIONARIOS DE TODAS LAS ESFERAS DEL PODER ESTAN PARA SERVIR A LOS CIUDADANOS. Debemos obligar a que el Estado depure y mutile todo lo podrido del poder judicial, caiga quien caiga. Debemos exigirlo, porque es SU DEBER TRABAJAR PARA NOSOTROS. Y poco importa quien gane en octubre. Si no se hace un cambio profundo en los sistemas de poder, las cosas seguirán como están.

Y la gente seguirá cayendo, como fichas.

A titulo personal

Hace poco mis amigos hicieron un recordatorio por un pana nuestro a quien le pegaron un tiro en el estomago. A veces tenemos ganas de ir a la casa del asesino (porque todos sabemos donde vive) y caerle a tiros a mansalva. Pero no nos atrevemos, yo no me atrevo. Porque no debería ser mi trabajo impartir lo que otros llaman justicia. No quiero hacer de esto una declaración de principios, pero tenemos derecho a disfrutar de nuestra ciudad secreta. Aquella que solo nosotros conocemos y recreamos cada vez que hablamos. Personalmente, quiero hacer en ella lo que el derecho me otorga. Y por eso, no quiero ver en la muerte al rostro de mi amigo cada vez que alguien quiera hacerme daño, porque mi amigo era bueno y nadie merece tener que darle un rostro a la muerte antes de tiempo, nadie.


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