panfletonegro

El PosAmor en tiempos de cólera 2.0

Para Barthes no había nada más difícil que hablar del amor sin caer en el tópico de lo cursi, de lo banal, de lo ridículo. Según el mismo autor, no había nada más fácil que burlarse del tema, despacharlo con sorna y hacer de él una excusa para escribir un folletín de segunda.

Hoy los folletines son legión y el relato amoroso ha sido secuestrado por el lenguaje del melodrama Hollywodense y el romanticismo de la telenovela, donde la población mundial tiene la oportunidad de canalizar,mediaticamente, sus represiones emocionales y carnales.

Por ello, es el género de la gallina de los huevos de oro, en países como los nuestros, desde América Latina hasta Asia, cuyos fuertes códigos de moral inhiben y condenan la abierta manifestación de los sentimientos.

El estado y el mercado lo saben muy bien, al parecer del documentalista Chris Marker, y lo aprovechan como arma de control social a través de la censura, la pornografía y la burda explotación económica por medio de filones tan dispares como el reality show y el talk show, el programa confesional y el espacio de terapia seudopsicoanálitica en vivo, la literatura de autoayuda y la superchería metafísica. De “Paris, je t’aime” a “I Love New York”.

¡Cómprense sus cristales en la Tienda New Age del Sambil, y consiga al hombre de su vida a la vuelta de la esquina!

¡Báñese con las sales y con las esencias del Edén Supremo, y obtenga resultados inmediatos!

¡ Vea la película “La Piedra Mágica” y reciba a cambio un consejo y una lección para aprender a vivir en familia, al margen de las tentaciones del consumo!

 No es casual, para muchos, afirmar la sentencia lapidaria de costumbre: el amor ya no existe, hay que hacerlo. O al menos hay que sacarle partido a la manera de un largometraje deconstructivo, manufacturado por los creadores de consenso, quienes nos manipulan y nos formatean regalándonos pastillas y ultradosis de nuestras carencias.

La demagogia y el populismo son las puntas de lanza en la cruzada del gobierno global, para mantenernos aletargados, al tiempo que nos separan, nos dividen y nos insensibilizan con sus guerras y sus planes maestros de seguridad internacional. 

En realidad, el amor es una fuerza peligrosa para el status, y de ahí la necesidad de doblegarla, encasillarla, dominarla y molerla a palos.

Por amor se trabaja de gratis, se defienden derechos inalienables, se hacen huelgas de hambre y se tumban goriladas.

El amor, como energía positiva, mueve a los guerrilleros de Lucas Meneses y a los Poetas en Tránsito.

Pero también, por amor se odia y se lincha. No hay que olvidarlo. El amor, en su enfoque menos benigno, puede devenir en fe ciega, intolerancia, terrorismo, polarización y destrucción de la alteridad. 

El amor de Bush fue así.

El amor de los Talibanes es así.

El amor de Hugo es así: duele y golpea.

El amor propio, aniquila y disocia.

Los narcisos de Facebook son un amenaza para la paz y la integración. Los narcisos de Facebook son las ratas de un laboratorio instrumentalizado para implantar el modelo de la competencia darwinista en nuestros hogares, en nuestras casas.

El individualismo y el narcisismo son dos formas de amor, alimentadas por el sistema. Vaya paradoja.

Sencillamente, la industria y los poderes fácticos se han devorado al amor, junto con todos sus atributos, para convertirlo en una simple y llana mercancía, en un pretexto para comprar y vender baratijas en Aquelarres de Diseño, a precios de Quinta Avenida de Nueva York, pero sin el talento de las grandes firmas del ramo. Adiós Coco Chanell, bienvenida Gabriela Chacón, la modista oficial de la revolución fashion.

En tal sentido, han surgido últimamente sendas reflexiones y revisiones sobre el asunto, a contrapelo de las versiones optimistas ,idealizadas y anecdóticas alrededor de la materia.

Por un lado, el intelectual de moda, Ziygmunt Bauman, prosigue con su investigación posmoderna al publicar el ineludible texto “Amor Líquido”, mientras el notable Vicente Verdú desafía al lugar común al postear algunas cartas y misivas para comprender el fenómeno en la era de internet, la autopista de la información y la interactividad.

Ambos personajes buscan escapar del lenguaje de la rigidez dogmática, en cuanto oscilan entre posiciones integradas y apocalípticas. Por cierto, las tesis de los dos coinciden en la mayoría de los casos.

El binomio cierra filas en torno a la influencia de la multimedia sobre el amor, cuando las conexiones son fugaces, frías y distantes, en perjuicio de las relaciones estables y los compromisos sólidos, aunque en beneficio de la multiplicación de amistades y  de los contactos efímeros.

Las parejas a la antigua se vuelven casi obsoletas, a la sazón del tango de los filósofos europeos, a la luz del estallido de las comunicaciones digitales.

El amor platónico se virtualiza, se trivializa y se transforma en una rutina mecanizada, a golpe de teclado, de emoticons y de blackberris.

El amor entra en una fase de futurismo ciberpunk, donde todos saltan de una pareja a otra, a la carta, donde todos tienen opción y chance, donde todos se sienten parte del juego, dentro de una comunidad difusa.

Sin embargo, fuera del reino del simulacro, persiste la verdad incómoda de la soledad en grupo, de la alienación, del aislamiento y de la falta de cariño y de querencia real.

Por tanto, el amor posmoderno es un cuchillo con doble filo: pica por allí y corta por allá. Te abre un sinnúmero de posibilidades, a costa de cerrarte muchas otras, abstrayéndote del placer de la comunión de los cuerpos.

A su vez, el terrorismo, el crack de la bolsa, la gripe porcina, el cambio climático,la inseguridad, el desplome institucional, el desafuero religioso y la incertidumbre ante el derrumbe de las ideologías duras, afectan y conmueven el escenario de estudio, fungiendo de caldo de cultivo para el retorno de semillas conservadoras y rupturistas, decantadas en el pasado.

En el presente crecen , como reacción, la fobia al amor y el vértigo matrimonial.

En la paralelo, la cultura alternativa se resiste a concederle un centímetro a la normativa burguesa  y católica del anillo y la boda por la iglesia, para derivar hacia derroteros insospechados.

Irónicamente,el aumento del experimentalismo es directamente proporcional al incremento del convencionalismo monogámico en las sociedades occidentales.El siglo XXI es contradictorio y polivalente, digno reflejo de una modernidad confusa y dubitativa, ceñida al dilema de la vanguardia versus la retaguardia. 

A propósito, últimamente varios documentales pretenden dar por concluido el debate, al reducir el amor a tres ciclos: el sexo, el amor romántico y el apego. Primero, vendría el fuego de la carne, luego el lapso de la admiración mutua, y finalmente el agotamiento de la fidelidad por conveniencia. Los científicos arrojan su veredicto, pasan la llave y nos condenan a un esquema de reportaje de National Geographic.

¿Somos autómatas, somos animales, somos mutantes, somos una especie en extinción, somos condición humana?

Yo no tengo la respuesta, apenas cumplo con ventilar y responder a mis principios, a mis dictámenes y a mis instintos de supervivencia. La sangre fluye por mis venas, y el corazón me impone la agenda para hacer catarsis en público. Y si les suena ridículo, pues me da lo mismo.No soy perfecto.

Yo también, como ustedes, hago las cosas por amor( al arte), y seguramente por eso, estoy condenado al fracaso y a pegarme dos o tres veces con la misma piedra. ¡La piedra mágica del amor! Jejejejeje…

Pero como asentaría Monsivais, se trata de un fracaso gozoso y estimulante como ninguno. ¿O no? Y ustedes qué dicen.

Nos vemos en el foro, para mandarnos mensajitos de amor, como diría el Pratt.

Besos, abrazos y palazos para todos! 

Salir de la versión móvil