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La Duda: relativismo, pedofilia y cacería de brujas como espejo de la campaña de Irak

De forma injusta, la academia la excluyó de su reparticipación de premios en el 2009, para favorecer a propuestas menos relativistas y desoladoras. Aún así, “La Duda” merece figurar en el podio de las grandes cintas americanas de la última temporada, muy por encima de los fenómenos mediáticos del presente año. Por lo visto, el Oscar prefiere abandonarse a la suerte del color esperanza, en lugar de apostar por la ambigüedad de la escala de matices.

Si el éxito del momento brinda certezas y respuestas de programa de concurso, el film protagonizado por Meryl Streep deja al espectador en estado de inquietud e incertidumbre ante el desafío de una serie de preguntas sin respuesta.

 

En efecto, el guión de la pieza narra el curioso caso de un cura progresista condenado por la intolerancia de su tiempo, hacia principios de la década del sesenta en el contexto de una escuela ortodoxa cercana al ambiente de “La Sociedad de los Poetas Muertos”.

A partir de ahí, el drama del personaje irrumpe cuando es acusado, por una madre superiora, de haber abusado sexualmente de un niño afroamericano, aunque la realidad indique lo contrario.

Ello le permite al realizador dibujar un oportuno fresco sobre cuatro temas de completa vigencia: la tensión latente en el seno de la iglesia, el conflicto entre lo nuevo y lo viejo, el nocivo influjo de la cultura del chisme y el impacto negativo de cualquier media verdad. En resumen, un necesario ejercicio de reflexión y de exorcismo, para una época saturada por los delirios de la cacería de brujas y las falsas sospechas destinadas a justificar la guerra de Irak. El ayer y el ahora de las campañas religiosas con aires de inquisición antiterrorista.

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