El Señor de las Mascotas: una ficción basada en hechos reales

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Hola mi nombre es Juan Carlos y soy dueño de una tienda de mascotas que se llama “Loromascotas” donde vendo desde loros hasta conejos. Los conejos se me venden muy bien en “Loromascotas”. Por desgracia, los loros no me tienen tan buena salida,pero al menos son buenos trabajadores. De hecho, yo tengo dos loros trabajando en “Loromascotas”. Uno se llama Alfredo y atiende la caja. Es muy amargado y está entrenado para tratar mal a la clientela. Y hace bien su trabajo. Cuando un cliente le saca una tarjeta de crédito, Alfredo le dice: solo efectivo, solo efectivo, solo bolívares fuertes. Y Alfredo recibe el dinero con la patita derecha y con el pico le da a las teclas de la caja. Alfredo es mi empleado del mes desde hace dos años. Alfredo es mi empleado ideal: no se queja, no quiere formar sindicato, no me cobra utilidades, no acumula prestaciones y le pago con semillas. Es perfecto, igual que Roberto.
Roberto es un orangután que me trabaja en el aseo del local. Roberto me limpia los vidrios de Loromascotas, lava las pocetas, pasa coleto, le cambia el agua a todas las jaulas y carga cosas. A Roberto le encanta cargar cosas, y siempre está feliz. Roberto tiene una braguita azul marina y una cachuchita verde con el logotipo de Loromascotas, donde aparece un loro contento al lado de un gato y un ratón en forma de Tom y Jerry. O sea, es como Tom y Jerry al lado de un loro contento.
Lo cierto es que Roberto se porta muy bien y tampoco me causas mayores problemas. En la noche duerme en su jaula, le gusta dormirse escuchando las carreras de caballos, le pago con cambures y si se me enguerrilla y se me pone violento con los demás animales, le pego corriente y se tranquiliza. A mi no me gusta pegarle corriente a Roberto pero él se lo busca a veces. Lo fastidioso es que cuando le pego corriente hace el trabajo de mala gana y no me sirve. Es decir, me carga las cosas con cara de cañón y me pasa el coleto de mala gana, así como burreado. Y entonces tengo que amenazarlo con la corriente para que no me espante a los clientes.
Otro de mis trabajadores queridos es Capitán. Capitán es un perro policía que se encarga de la seguridad de Loromascotas. Es perfecto: sigue a los clientes por la tienda, ladra cuando nota algo sospechoso en los clientes, y además está preparado para detectar drogas.
Como pueden ver, yo estoy revolucionando el mercado laboral en Venezuela. Dicen que pronto, Farruco Sesto va a copiar mi exitoso modelo en Ministerio de Cultura, para reducir personal, cambiando funcionarios y reposeros por loromascotas de diversa índole. También parece que algunas fábricas estatizadas van recurrir a mí para que entrene a unos orangutanes que ya tienen contratados para que trabajen en eso. No sería mala idea que hicieran lo mismo con PDVSA. Incluso, he hablado con el maestro Abreu para que contemple la idea de abrir un núcleo de Fesnojiv, del sistema de orquestas, con perros de la calle, para que también recuperemos a esos pobres muchachos que se están muriendo de rabia y sarna. Sería una alianza entre Fesnojiv y Loromascotas. Mi meta es que Dudamel dirija el arreglo de Aldemaro para Pajarillo con una orquesta juvenil de cacris, acompañada de su respectivo coro de ladridos. Ojalá que se me cumpla algún día. De verdad que soñar no cuesta nada.

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