Soy Punk. Capítulo III

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01/01/1980 – Horas del mediodía.

Salí de mi casa a eso de las ocho de la mañana. Tantas horas de unidad familiar casi me provocan una crisis de gastritis. Les cuento que en la mañana, mientras me preparaba un café negro que me ayudara a despertar del terrible letargo que me provocó la preconcebida fiesterilla familiar que debí soportar este año, encontré una carta. La epístola estaba fechada ayer y se suponía que en este momento debía estar en manos de La Negra; es una carta de despedida, planeé suicidarme ayer, pero no tuve los cojones de avanzar en mi plan de asesinarme a mi mismo. Me tomé dos píldoras de Librax y cuando empecé a sentirme adormilado, me volví galleta picada y no me atreví a pasarme el frasco, solo me bebí lo que quedaba de la botella de Ron y dormí el sopor en mi cama, solo, pensando que fracaso en todo y que en el fondo soy un gran cobarde.

Ya con el café en la mano, me puse a leerla, y aunque creo que sigo sintiendo lo mismo que sentía en esa carta, estoy, por decirlo de algún modo, más tranquilo. He aquí la carta:

31/12/1979

Para: La Negra

¿Sabes que sería terrible? Que un día un tornillo cobrara vida y se diera cuenta de lo importante que es para cualquier construcción o estructura. Luego, el tornillo tuviera eso que los seres humanos llamamos “ego” y decidiera ausentarse diciendo: “ya van a ver estos pendejos de lo que soy capaz, me voy a ir para que sepan cuanta falta les hago y vengan hasta mi a pedirme perdón por no haberme dado amor y atención”. Después el tornillo se esconda durante días y, cuando nadie vaya a buscarlo, regrese a verificar si han podido sobrevivir sin él y descubra, que los que hacían la construcción simplemente buscaron otro tornillo, sin vida y sin ego, para que nunca reclame atención.

Algo así pasó conmigo, siempre he tenido la idea de que puedo ser indispensable para alguien, y me equivoqué. El mundo seguirá existiendo sin mi, no hay mujer dispuesta a llorar o sufrir por mi ausencia, no hay amigos que me extrañen y ni siquiera he construido algo valioso y duradero que no pueda funcionar sin mi presencia. En resumen: EL MUNDO NO ME NECESITA.

Seamos honestos: YO TAMPOCO NECESITO AL MUNDO. Así que ¡al carajo! ¿Para que seguir aquí? Mi vida ha sido un fracaso absoluto, no tengo amores duraderos o amistades sinceras, mis padres siempre me odiaron y nunca supe por qué y, además, ya no tengo ganas de averiguarlo. Solo quiero acabar con todo de una vez y para siempre.

En una ocasión leí que en África, cuando en una tribu una mujer está embarazada es reunida con el adivino de la tribu; éste, hace unos rezos y rituales para comunicarse con el feto que yace dentro de la mujer, toma una hoja de papel y comienza a preguntarle al embrión quien es y por qué viene al mundo; es decir, cual es su objetivo en la tribu, que viene a aportarle y que viene a buscar de ella. El adivino anota las respuestas del niño y las guarda, años después, cuando el bebé ha nacido y se convierte en adulto, el adivino solo espera a que vaya donde él para leerle lo que este le dijo cuando estaba en el vientre de su madre. ¿La razón? Pues su trabajo como adivino no es adivinarle el futuro a nadie leyéndole cartas o caracoles, su trabajo como adivino es recordarle a cada persona su misión en el mundo; recordarle que en algún momento fueron entidades en proceso de formación y que ya en ese estado tuvieron sueños y pretensiones. El adivino simplemente les recuerda eso y le da a la personas las herramientas para que puedan cumplir ese objetivo que la vida les ha hecho olvidar.

Pues bien, digamos que yo he olvidado y nunca he podido, por más que lo intento, recordar cual era ese objetivo. Estoy cansado de buscar, así que estoy resuelto a finalizar mi patética existencia. Antes de hacerlo, decidí escribirte para decirte algunas cosas que nunca te dije.

Primero, quiero que le hagas saber a tu mamá que la adoré durante mucho tiempo, justo ahora, cuando reevalúo mi existencia, me doy cuenta de que tu madre era una de las pocas personas que se tomaba el tiempo para oír lo que tenía que decir. Yo la quise mucho, como una madre, lamentablemente en algún momento decidí alejarme de todos quienes me conocían para construir un mundo propio aislado de todo y de todos, obviamente fracasé y al fracasar caigo en cuenta de que me perdí de tu mamá, quizás una de las pocas personas que me trató con respeto durante mi trayecto de vida.

Segundo, hay una cosa que guardo conmigo: los momentos que viví cuando estaba con ustedes y contigo en especial. Yo no recuerdo con exactitud como los conocí, pero si recuerdo lo intrascendente que eran las cosas cuando estábamos juntos; no hay nada mejor que tener un lugar secreto desde el cual puedas, como si estuvieras en una cabina con cristal aislante, dejar de escuchar los ruidos del mundo para escuchar solo la música que has creado para alimentar tu subconsciente, oír una risa y tener la satisfacción de que fue honesta de que no estuvo condicionada por el compromiso; nada mejor que tener un lugar secreto en el cual te puedes sentir a gusto y en confianza. Si alguien me pidiera definir lo que éramos, debería decir que éramos como las aves que emigran al sur en invierno, ellas se juntan y viajan unidas, sabiendo que hay una especie de código secreto que las une, así de simple; igual fuimos nosotros, nos unimos y sabíamos que nos unía el mismo rencor, la misma arrechera, el mismo encabronamiento, la misma mierda interna. Punto. Nunca nos dimos explicaciones, nunca nos las pedimos, porque sabíamos que no las necesitábamos, solo requeríamos de nuestra compañía.

Una vez, un señor como de 30 años me increpó en la calle, el tipo me gritó que yo era un inmaduro, un pobre sifrinito de mierda con los pelos parados, con una pobre pose que solo revelaba que era un idiota, me dijo también que dentro de algunos años me iba a mirar en un retrato e iba a comprender lo patético y lastimoso que luzco ahora…

…¿Lastimoso y patético? Anoche, mientras estaba en mi casa, jalaba una botella de ron aislado en una esquina del sofá de la sala, escuchando a lo lejos la conversación del papá de Elías con mis padres y pensaba: En realidad es perfecto, ellos, nuestros padres, vivieron una época más gloriosa que la nuestra, una época en que las personas eran honestas, en que todos preguntaban “¿Por Qué?”, ¿Por qué debemos seguir estas reglas que nosotros no escribimos? ¿Quién dice que las personas pueden ser juzgadas por su color de piel? ¿Por qué tenemos que comprar cosas que no necesitamos? ¿Por qué debemos ser como no queremos ser? ¡Y se arriesgaron! Lamentablemente se acobardaron cuando iban por la mitad del camino, dejaron que todo ese espíritu se desvaneciera, así que decidieron vengarse, ¿lo entiendes? Es simple, primero te enseñan desde chico a conformarte con todo y te dices a ti mismo que está bien, que realmente quieres algo más, pero como no puedes tenerlo te conformarás con lo que te dan…

Luego te meten en una escuela donde te clavan disciplina por el culo y tu piensas Ok. Si estudio y saco buenas notas me dejan en paz y puedo dedicarle mi tiempo libre a lo que me gusta…

Luego te quitan el dinero para que trabajes y tengas que “aprender a ganarte las cosas”, tú piensas que será solo por un tiempo, que trabajarás porque así conseguirás la independencia económica que tanto quieres y podrás dedicarte a cumplir tus sueños…

Cuando ya eres independiente, entonces te entra un gustillo por la aceptación de los demás, por esa falsa mirada que todos te echan cuando te ven con tu uniformito de secretaria, con ese carnet colgando de los bolsillos, con esos tacones blancos incómodos, altos y horribles, pero que tienen una especie de fuerza misteriosa en quienes lo ven, descubres que es muy sabroso que la gente te respete, que cuando entres al edificio ese donde ahora vives, la conserje te suelte un “buenos días señorita” y tu le respondas con una distancia y superioridad que creías odiar pero que, de repente, descubriste que es muy sabroso cuando tu la sueltas de tu boca y no cuando alguien te la suelta a ti…

Entonces lo ves, ese imbécil de lentes, ese gafo de gelatina en el cabello, ese bobo de pantalones de mezclilla, ese maricón que lleva un merengue de damirón a todo volumen saliendo del kp-9000 de su recién estrenado chevette, lo ves y adivinas que ha de ser un abogado, médico, ingeniero o cualquiera de esos güevones y sientes que lo amas, que es el hombre perfecto para criar muchachos, ese es el tipo, con el sí serás seria…

Cuando un día te encuentres con alguno de tus viejos y verdaderos amigos tratarás de evadirlos y si no puedes hacerlo y te ves forzada a presentárselo al señor ese que te toma del brazo, le susurrarás a tu novio algo así como “ese es un loquito que andaba vageando conmigo, ya te conté que yo era medio rebeldona cuando chama, pero ya casi ni lo veo, es más por eso es que apenas y si lo saludo, no quiero que me vean con ese. Ja se nota que se quedó pegado a la nota”…

Cuando ese becerro llegue un viernes y te golpee sin razón, entrarás a tu cuarto a llorar y recordarás lo que éramos, con rabia, sentirás que te gustaría estar allí, libre, conmigo haciéndote el amor como un cerdo detrás de unos matorrales en Los Castores, o en un hotel barato y de mala muerte, pero con una pasión desenfrenada imposible de lograr por ese tarado que luego de diez años de hacerte el amor, todavía no ha logrado que grites de legítimo placer. Pero eso será solo un momento, a los pocos minutos beberás un poco de agua y te sentarás sobre la tapa de la poceta, calmándote a ti misma y creerás que te calmaste, que solo fue un episodio, que todo está bien, te merecías esos coñazos, eso te pasa por no escuchar los consejos de tu mamá que siempre te enseñó a aguantar…

Y en fin, así será hasta segundos antes de morir cuado descubrirás que yo tenía razón pero será demasiado tarde, imbécil.

Eso es lo que ellos le hacen a todos y a todas, es su forma de drenar su frustración porque se rindieron, así ellos dejan constancia de su cobardía, nos heredan su mediocridad y lo peor es que nosotros vamos donde el albacea y cobramos esa herencia y la guardamos como patrimonio para nuestros hijos, es un maldito círculo vicioso y es despreciable. Lástima que no te hayas dado cuenta, lástima porque aquí estoy, viendo a esta gente, pensando en esto, pero pensando en ti, estoy decidido, todo acaba esta noche, lo haré créeme, no tengo miedo ya, quiero morir.

Esas palabras “coño papi, yo quiero estudiar, graduarme, ser alguien en la vida, llegar lejos… Y en ese camino tu eres una carga porque te niegas a crecer, te niegas a ver que debemos madurar, por eso termino contigo y créeme que me duele más a mi que ti”. Retumban en mis oídos, me golpean, me hieren, pero no voy a dejar que a mi también me entre el maldito síndrome de “he madurado y quiero crecer” y toda esa mierda. Jódete, te odio por que te amé demasiado, coño de tu madre, te detesto perra, muérete en vida, conviértete en ellos, déjame en paz con mi inmadurez, yo no quiero ser nadie en la vida, yo no quiero madurar y crecer ni nada de eso, vete al diablo y feliz año, todavía recuerdo que el año pasado estábamos felices, tenías sueños, pero lo abandonaste, pues bien, yo no abandonaré los míos.

La vida es un asunto de riesgos, pero no arriesgarse para llegar, al contrario, arriesgarse para quedarse, para no tenerle miedo al paso del tiempo, a la intrascendencia, ¿Cuál es el problema si no me llaman “señor” cuando llegue a la pocilga donde seguro pasaré mi vida adulta? ¿Qué importa si la gente al verme piensa que estoy perdiendo mi vida? ¿Cuál es el miedo a no ser respetado por desconocidos? Si ellos se siente bien subestimándome y sintiendo lástima por mi, pues bien, al carajo con ellos, que se vayan al demonio, “la vida no es cada momento que respiras, sino cada momento que te quita el aliento” no me acuerdo donde lo leí, pero es una enorme verdad.

Después de todo ¡era por eso que estábamos juntos! ¿O me equivoco?

El Conejo

PD: Además esta década que comenzará en unas horas se presume bastante mediocre, ¿no crees? Parece que todo está muriendo y que no puedo hacer nada para evitarlo…

John Manuel Silva.

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