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Al Borde de la Línea: Al Borde del Barranco

2007110151529431.jpgLa promesa era conseguirse con una historia y unos personajes al borde de la línea. La realidad es una película pudorosa y mojigata, en la que los buenos le dan su merecido a los villlanos corrompidos, en algo que se quiere una metáfora vaya a usted a saber si del país, de la condición humana o del amor en tiempos de adversidad.

Lo cierto del caso es que los malos son malos y beben aguardiente para demostrarlo, y también explotan a las mujeres para subrayarlo, y además están pisando la tercera edad, y encima son capitalisas-hedonistas-individualistas-materalistas-terroristas,en algo que no llegamos a entender si se trata de una parodia irónica distanciada deconstructiva(nunca faltará un crítico irresponsable que haga una lectura así para mayor regocijo del director), o simple y llanamente de otro folletín de los que despacha Carlitos Villegas, entre decorados de cartón pierda, chistes incomprensibles de Bienvenidos, argumentos trillados, situaciones forzadas, intertítulos redudantes y personajes de comiquita, interpretados por sus panitas de la tele: Roque, Jerónimo y Danielita, en tres papeles de pura originalidad expresiva.

Roque es un muchacho pobre pero honrado que hará todo lo que esté a su alcance para quedarse con la chica de sus sueños, en algo que no guarda el menor parentesco con su trabajo precedente. No confundir con su protagonista buenecito-ingenuo-enamoradizo de Ciudad Bendita. Esto es diferente,según Leonardo Padrón.

Jerónimo está triste y canta. Canta triste. Y en algun momento canta a duo con Dath Dager, y entonces uno no sabe si reir, llorar o cantar mal con ellos. Y como ellos están tristes, no paran de fumar y de beber aguardiente, porque cuando uno está triste, así como ellos, uno fuma y bebe para ahogar sus penas en alcohol, poniendo caras de muchacho regañado.

Atención con el trabajo de Danielita Bascopé porque dará mucho de que hablar en el futuro(o al menos eso piensa César Bolívar). Danielita Bascopé es una chica soñadora-ingenua-romaticona-kistch, dependienta de un hotel, en donde otro gallego de Radio Rochela la reprime y la abusa sexualmente, mientras Caridad Canelón le pasea a un baby chucky en un coche. Y el baby chucky, al que presentimos pero jamás vemos, no para de llorar. Y el momento es tan chaborro, tan involuntariamente tragicómico, que uno no sabe si reir o llorar lágrimas de cocodrilo, como la prota. Porque la prota sufre mucho y llora bastante, al igual que Dath y Jerónimo.

Por consiguiente, ellos son personajes desesperados al Borde de la Línea entre el melodrama barato y la crónica sensacionalista del siglo XIX, entre el anacronismo y la imposibilidad de romper esquemas, entre Chepa Candela y el departameto de dramático del canal 4, entre la banalidad y la era del vacío, entre el simulacro y la realidad del papel lustrillo, entre el puritanismo y la represión, entre la carencia referencial y la autoreferencia complaciente, entre la casilla del plano-contraplano y el corsé formal de la programación por señal abierta, entre la cultura de lo light y la ausencia de densidad.

Por tanto, el erotismo de la pieza luce convecional, amildonado y oportunista. Hay un pudor increíble y el director apenas se suelta para filmar una escenita calenturienta a la manera censurada de Red O Globo, con elipsis de por medio. No me imagino lo mismo en una Al Borde la Línea, dirigida por Abel Ferrara. Así que lo que tenemos como primer lanzamiento nacional del año, es un descenso a los infiernos, apto para toda la familia.

El humor pocas veces funciona , carece de imaginación y resulta menos sorpresivo que predecible, menos original que el repertorio vencido de El Conde del Guacharo. De repente, la pareja Lamata-Valera entra en acción, creyéndose robar el show, sin embargo, su intervención termina siendo tan incómoda , gratuita y pedestre como el cameo de dos estrellas que no son en un sitcom criollo como Guayoyo Express.Sólo faltó la risita enlatada en off.

El resto es, asimismo, subrayado, obvio, superficial y anticipado desde el principio hasta el anunciado desenlace, en el que el corazón triunfa por encima de las trampas del destino, bajo la sombra de la telenovela nacional, pues por algo el director viene del inframundo del culebrón latinomericano.

Así que la conclusión rayara en el chantaje moral del género, al manipular los hilos de la trama, de forma que la chica no se quede con el galán aprovechador, divorciado y de dudosa procedencia, sino con el chico pobre, “feo”(según los cánones de belleza interpuestos por la obra), pero a la vez honrado, incorporado por el muchacho solitario, Roque Valero, en el mismo cliché que hace ahora para Ciudad Bendita. Un figurante, de los anticuados y requetevistos, que sintetiza las aspiraciones demagógicas de la opera prima, cuyos postulados coquetean con la literatura de autoayuda y la cuentistica medieval, al orquestar la condena inquisitorial de los villanos en pro del objetivo celestial de los caracteres angelicales y puros: alcanzar la felicidad en la tierra, más allá de las tentaciones del lado oscuro de la fuerza.

De tal modo, se toma la decisión de concluir la dramaturgia con un Hollywood ending en las costas de Vargas(cual cuña institucional del gobierno post-vaguada), mientras Bascopé hace un comentario en off de los más conformista y esperanzador que se pueda escuchar en estos días de grandes anuncios y futuros promisorios.

Entonces, sin querer queriendo, Al Borde de la Línea coincide con los eternos planteamientos populistas de la cultura nacional, cuyos lugares comunes se consolidan, actualmente, desde la esfera mediática hasta el terreno de la política.

Este país vive sumido en un estereotipado delirio de vanas promesas, y la opera prima de Villegas parece encarnarlo sin complejos y al margen de la verdadera Venezuela al borde de la línea.

Esto es, si acaso, una pequeña y prefabricada muestra de la auténtica decadencia de la nación, la cual, al paso que vamos, tampoco será televisida y filmada por la revolución. Prepárense, pues, porque lo que viene en camino es más evasión histórica y más escapismo tranquilizador, por cortesía del CNAC y la Villa del Cine. Bienvenidos a la censura del socialismo del siglo XXI.

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