Número 71 | Junio 2005
Dios protege a los pasajeros
El nombre de la aerolínea, las últimas letras ampliadas por la perspectiva, rompe con la horizontalidad del mundo. Con un asiento de por medio, un rubia hermosa a principio de sus treintas se persigna y yo la imito porque quién quita. Domínguez, mi profesor de religión y literatura en primer año -dos materias que entonces estaban separadas-, en una de sus legendarias digresiones nos dijo algo que nunca se me olvidará: “Dios protege a los pasajeros de los aviones, así haya uno sólo que crea en él”. El 737 emerge de las nubes. Volamos a ras de un manto gris delimitado por unos cúmulos en…
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