Toki Eder, arquitectura fantasma y expropiaciones

El tema de los patrimonios históricos y arquitectónicos es (debe ser) muy pesado para nosotros los arquitectos. La reacción provocada por la demolición agazapada del edificio Toki Eder en Chacaito lo demuestra, incluso más allá del gremio pues la edificación amaneció con amigos a montones que lograron detener su desaparición física. Por lo mismo, por este compromiso autoimpuesto de preservación a toda costa de edificios históricos, es que resulta doblemente pesado decir que la preservación no puede ser incuestionable. Más claramente: existen cosas más importantes que evitar la demolición de algunos edificios. Más claro aún: si para preservar otros valores hay que permitir la demolición del Toki Eder o cualquier otro edificio, que se derribe.
Una vez dicho esto, que se dijo en pocas líneas pero no por ello fácilmente, por supuesto hay que pasar a explicar la herejía. Analicemos el asunto desde tres puntos de vista: arquitectónico-urbanístico, legal y de derechos. ¿Es el Toki Eder un edificio merecedor de considerarse un patrimonio histórico y aún arquitectónico y fue decretado así por el departamento correspondiente de la Alcaldía de Chacao? En una palabra: sí, sin analizar por ahora los méritos tanto para uno como para otro caso. ¿Es legal la expropiación decretada que impide la transformación o demolición de dicho patrimonio? Sí, es 100% legal. ¿La preservación del edificio está por encima de cualquier otro derecho? No, no lo está.
Dejando de lado las razones objetivas, la preservación de un patrimonio histórico-arquitectónico conlleva una carga emotiva altísima, sobretodo en Caracas de la cual se tiene la idea, por lo demás muy bien justificada y documentada, de que ha perdido demasiados patrimonios. Por lo tanto perder uno más se hace sencillamente insoportable y, por lo tanto, es justificado cualquier medio para impedir esa pérdida. Lamentablemente esta actitud de desesperación nos hace perder de vista que estamos dejando de lado otros aspectos que deberían tener mayor importancia. ¿Preservar una edificación histórica amerita claudicar ante las autoridades nuestro derecho a la propiedad? No nos perdamos, no se está afectando el derecho de propiedad del dueño de una edificación específica, en última instancia se está menoscabando el derecho de propiedad de todos, sean o no históricas nuestras propiedades. Al otorgar la facultad de expropiar o, lo que es lo mismo, al renunciar tácitamente a (parte de) nuestro derecho de propiedad, estamos abriendo la puerta a cualquier abuso por más “legalizado” que esté mediante leyes votadas democráticamente.
La regulación mediante una ley de la facultad de expropiar, simplemente significa que el propietario tiene garantizado recibir una compensación monetaria por el bien expropiado. Pero la cuestión no es esa, el abuso no consiste en ser expropiado sin ser compensado. El abuso viene de ser forzado a vender, de tener que entregar algo sin consentimiento mutuo. El límite queda determinado por la ley y ésta puede ser tan flexible como quiera la mayoría circunstancial, se empieza por las expropiaciones por causa de vialidad pública, seguimos por las de patrimonio histórico y terminamos por las causas de “utilidad pública” que no hace falta comentar. Pero aunque se pudieran evitar los abusos, quiero recalcar cuál es el meollo del asunto: la falta de voluntariedad, la opinión del propietario no cuenta a la hora de la decisión y esto no es más que la desaparición del derecho de propiedad: si no puedo disponer de mis bienes no soy realmente propietario de ellos; la “propiedad” no es más que un nombre para designar una concesión graciosa que se nos otorga con la misma facilidad como puede quitársenos. Ésta y no otra es la cuestión de fondo, a mi parecer, en todo este asunto. Veámoslo por otro lado, en esta vida no todo es dinero, y puede ser que yo no quiera vender sin importar la cifra que me estén ofreciendo.
Entrando más en un enfoque propiamente de la profesión, resulta curiosa la evolución del tema de preservación histórica. Al comienzo del movimiento moderno (principios del siglo XX) la tabula rasa era algo natural, arrasar con lo existente para dar cabida a lo nuevo (aunque esto se lograba realmente la construyendo desde cero en lugares prácticamente vacíos). Luego de muchas vicisitudes y golpes, la opinión contraria prevaleció, la revaluación de lo existente y la consiguiente preservación dominaron las preferencias. Por supuesto, la cruel realidad impedía la preservación de todo lo preservable, y se terminaban haciendo concesiones, incluso hacerse la vista gorda las autoridades, permitiendo por omisión demoliciones de bienes supuestamente patrimoniales.
Pero podemos extendernos demasiado por esta vía (recordar caso edificio Galipán). Veámoslo con el caso específico del edificio Toki Eder, ¿realmente es necesario preservarlo de la manera planteada? Es decir, ¿es absolutamente necesario rescatarlo dejándolo allí? ¿Qué aporta su presencia al lugar donde está? ¿Si hubiese otro edificio cualquiera en su lugar ya no sería lo mismo? Dadas las condiciones del sitio y del propio edificio como tal, yo diría que bien podría estar un muro en su lugar y no cambiaría casi nada. Quienes se hayan fijado bien, actualmente el edificio está en un “hueco”, la construcción del bulevar lo dejó por debajo del nivel general, está hundido con un estrecho corredor delante de él que todo el mundo, por alguna razón, evita transitar, resultando en su aislamiento. De ser rescatado, lo más decente que habría que hacer sería desmontar el edificio y elevarlo para que quedara al mismo nivel que el bulevar (dando por descartado que sería imposible rebajar el bulevar), o más arriba, por qué no. Pero además, ¿el entorno se vería afectado por su desaparición? ¿El edificio es un hito? ¿Alguien alguna vez alguien ha dado una dirección diciendo: “Eso le queda al lado (frente, detrás) del Toki Eder”?
Para los efectos, la verdadera esencia del edificio consiste, a mi parecer, en su carácter histórico y constructivo, es decir, didáctico, para lo cual podría estar perfectamente en cualquier otro lugar, con lo cual estoy adelantando una solución “de compromiso” pero perfectamente aplicable: mudar el edificio (la tecnología existe) a otra parte. No es la única solución, pero es una bastante buena (no solo porque la haya propuesto yo).
En todo caso, ya sea desde un punto de vista estrictamente arquitectónico y urbanístico como de defensa de derechos básicos, la demolición de este edificio o de cualquier otro no debe hacernos perder de vista otros aspectos ni otras soluciones.
(Foto tomada de Alé)
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La verdad, Corbu, lo siento mucho, pero al dueño de ese edificio que le den por culo.
Suena fuerte, sí, así que voy a elaborar: no se los demás habitantes de Caracas, pero particularmente me cansé de la arrogancia de los imbéciles con plata. De los que te tiran su mugre camioneta encima porque sí, sin importarles si llevas un coche con un bebé o no. De los que creen que pueden hacer lo que les dé la gana con el país, con la sociedad y con los demás, sólo porque tienen plata.
Si el dueño es parte de esa categoría, si quiere acabar con un edificio patrimonial sólo porque quiere abultar todavía más sus cuentas en el banco, saltando por encima de leyes, ordenanzas, decretos e incluso el sentido de la estética: a tomar por culo. Él y todos los que piensen como él.
Es que ya me imagino la clase de mamarracho que pondrán en ese terreno, con una fachada de vidrios que haga todavía más infernal la ciudad, con idiotas (por no poner otra palabra más descriptiva) de esos que ven por encima del hombro a los demás sólo por tener un trabajito donde dicen “aperturar” o dos palabras en inglés machucao… Mira, lo siento, que se lo quiten al dueño y que no le den medio.
Digo más: por culpa de la arrogancia de imbéciles como esos fue que la gente votó por Chávez en masa en el 98. Yo no fui uno de ellos, pero sí puedo entender el (re)sentimiento que los movió. Lo malo es que esa gentuza no resulta afectada por el desastre que ha resultado el Comediante en Jefe: aquí la justicia social sigue siendo un asunto pendiente.
No estoy hablando de que le quiten la fortuna a los “ricos” para repartir entre los pobres. No me importa si unos siguen siendo ricos y otros seguimos siendo pobres. Lo que me jode es que los putos ricos se burlen de nosotros y piensen que pueden hacer lo que les de la gana.
No, pana, no. Hasta aquí. Y si el primer paso para poner en su sitio a esa escoria es quitarle el toki-eder a un güevón con plata, que se lo quiten.
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No se, puede que efectivamente el dueño actual del edificio sea una mierda como persona, y ciertamente sería ingenuo dudar que compró ese edificio con ánimo especulativo; eso es algo que perfectamente podría ser material para otro post.
Voy a ver si lo puedo plantearlo desde otro ángulo, por ejemplo, como si estuviéramos hablando de la libertad de expresión. Alguien dijo que libertad de expresión no era decir lo que yo quisiera sino oir lo que los demás quisieran decir. Pero no solo como algo retributivo (los demás pueden hacer lo mismo que yo) o por tolerancia, es que desde que niego un derecho a los demás me lo niego a mí mismo; o puesto de otra manera, desde que estoy dispuesto a tolerar un abuso contra otros (porque me caigan mal o por lo que sea) estoy autorizando tácitamente que se haga lo mismo conmigo (y tarde o temprano sucederá, créeme).
De esta manera, por más que parezca que “objetivamente” estoy defendiendo los intereses de los ricos, realemente estoy defendiendo mis propios derechos; y aunque para otros arquitectos parezca que soy un insensible o un mal arquitecto por no defender a capa y espada esta obra, repito a lgo que dije en el post: hay una escala de valores, y mis derechos (que son los de todos) están por encima.
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Estoy de acuerdo. Pero también quiero que frenen los abusos de esa gente. Quiero caminar tranquilo por las aceras sin que haya cualquier cantidad de vehículos atravesados, quiero andar tranquilo sin la paranoia de que en cualquier momento un hijito-de-papá-reguetonero-lleno-de-coca me vaya a matar con el mataburros de la camioneta que le regaló el guevón del padre, o sin que me atormente los oídos con la basura sónica que mana de las cornetas de la misma.
Abusan y se burlan de los demás. Por eso es que los matan. Literalmente. La saña del hampa se debe en parte a eso.
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hermoso lugar ese “toki eder”, valga la redundancia :)
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Me genera un sufrimiento terrible pensar que lo van a demoler. Yo crecí en ese edificio, mis abuelos inmigrantes vivieron sus años más plenos en esos espacios… Lo que yo diga del Toki Eder se queda corto… es una pena todo lo que ha venido pasando con el edificio… se me quiebra el alma y los recuerdos…
Gracias por escribir sobre él, TOKI EDER en vasco UN LUGAR HERMOSO, ese fue el legado que nos dejaron nuestros abuelos…
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