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Carlos Rangel, in memóriam

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Gran pensador político, desmontador de mitos, bestia negra de los extremismos, visionario. Ya para 1976 predijo todo lo que iba a pasar. Venezuela no logró dar el salto. En esa época, quizás en el clímax de su desarrollo relativo, ya este hombre vio como la pulsión de barbarie, la necesidad de un mesías y la desmemoria tan propias del venezolano nos arrastrarían hasta el lodazal donde estamos. Escucharle en la época hubiera sido propio de personas que no fuimos ni somos aun. Nos explicó además como gran parte del ideario político, no solo venezolano sino latinoamericano, tanto de derecha como de las izquierdas, es una elaborada falacia compensatoria para echarle la culpa al otro. Jamás el fracaso y el complejo de inferioridad han sido analizados tan quirúrgicamente en este país. Jamás dos dedos llenos de sal gorda y vinagre fueron introducidos en una herida abierta tan profundamente, por eso quizás es que duele tanto. Su libro que lo catapultó a la fama, Del buen salvaje al buen revolucionario, fue “prohibido por dictaduras de derecha y quemado por la extrema izquierda”. ¡Vaya credenciales para un pensador independiente! El objeto de todas las frustraciones en aquella época se posaban exclusivamente sobre el imperialismo yanqui que existe pero no como causa de nuestro subdesarrollo sino como consecuencia de nuestra propia debilidad. Hoy en día junto con esto (¡faltara mas!) también sirven un par de iguanas, El Niño o ponga-usted-acá-cualquier-teoría-conspiratoria-descabellada ¿Signo de decadencia o signo de los tiempos? Hay que tener coraje para ser agorero en épocas boyantes y esa época sin duda lo fue. Como quizás no vuelva a pasar más en este país. Solo quien está en los hombros de un gigante puede ver más allá del bien y del mal.

 

 

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