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EL PROFE MARGINAL

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En mi opinión el autor de ese post sobre nuestra “realidad escolar clasemedia”, publicado en PN hace poco, merecería más consideración y respeto, aunque su escritura no sea la “más mejor” sino la “pior” dentro de quienes practican ese oficio de enseñar, tan viejo como aquel otro. Si no por otras razones, porque lo que hace este Profe marginal es etnografía folklórica escolar; es decir, describe lo que sucede aquí y ahora en Venecuba en nuestros liceos y colegios de Bachillerato. Y lo hace contándonos lo que pasa en los  colegios privados “clasemedia”.  Así que sería  mucho lo que faltaría por contar si describiéra lo que pasa en los liceos de las «orillas».

Eso de que Venezuela ha sido siempre así, como dice un tal Carlitos Peudomarxista que lo critica, suena a flojera mental de alguien que se levanta a las doce del día y que responde a cualquier cosa levantando los hombros:

“-Soy, así ¿y qué?”.

No se debe escribir como este Profe, estamos de acuerdo; pero **si criticar** como él lo hace, aunque lo exprese a través de una descripción muy “quejumbrosa” para nosotros los venezolanos, tan mentalmente “light” y de costumbres sólo en apariencia ultra-conservadoras, pues lo que somos como “sociedad adulta” es lo que muestran esos liceístas y colegiales «zumbaos».

A partir de tal etnografía popular le queda toda una tarea por realizar a este Profe marginal:

Primero, nada más y nada menos que preguntarse si lo descrito guarda relación con un conjunto teórico-conceptual más amplio (se lo dice el Carlitos pseuomarxista pero casi insultándolo por haber dicho varias verdades a su modo, o de manera sintáctica y gramaticalmente primitiva), y

Segundo, pensar qué podrían hacer otros profesores como él –y tan poco letrados e ignaros, pero menos que  ese  Lechugaverde de otro post, tan  “respondón” y creído-  trabajando pedagógicamente en circunstancias tan adversas.

Por ahora –para usar la manida expresión de «El Ido»- en mi humilde opinión, deberían considerar dos cosas:

a) Esa misma realidad escolar pero interpretándola como el resultado de una cadena causal que viene de atrás, desde el preescolar, habiendo estado determinada su evolución sociopolítica venezolana  de manera histórica y económica, no sólo socio-psicológicamente, y

b) Las circunstancias descritas en el post las cuales guardan relación con la conducta y actitud de los profesores moralmente maulas y cognitivamente mediocres, que no se formaron de manera excelente; si es que estudiaron una carrera docente -si son graduados y no simples “enchufados rojorojitos, u opositores “perrorabiosos”-.

Entonces, lo que sucede en los colegios de Bachillerato no se debe a los alumnos “mesmos”. Y eso a todos nos preocupa, no sólo al tal Carlitos pseudomarxista.

El grave problema educativo, el auténtico, emerge cuando creemos que un sistema socio-cultural falso como el que montó Mico-Mandante (un sistema mimético del cuartorepublicano), podría haber solucionado lo que estaba podrido históricamente desde mucho antes de la mal denominada V República; me refiero a esa patología cultural venezolana: esa de las telenovelas y las  “mises”; del tal milagro orquestal, educativamente “fake”; de la pseudodemocracia liberal cuartorepublicana electorera también “fake”; de esa economía y que productiva, también cuartorepublicana, inexistente pues lo que había eran grandes oligopolios de los “amos del valle”, como la familia Mendoza y Ca.; de esa voraz banca hoy ganando más que antes y expoliándonos inmisericordemente y aplicándonos “de hecho” un corralito financiero;  de esos medios tan pro-gringos; de esa Iglesia vaticanista ultra-conservadora y reaccionaria, siempre tirando “pa’l lao” de los poderosos, etc.

Transformar todo eso que el Profe marginal describe pasaría por reformar:  a) el currículo escolar; b) los procesos y medios pedagógicos y didácticos; c) la administración escolar; d) la formación de los docentes; e) la asignación de recursos, etc., etc.

Y siga Ud. amigo lector enumerando factores escolares y no escolares.

En sociedades protestantes “productivistas” (esas calificadas de desarrolladas), en donde la Iglesia y el Estado, funcionan de manera paralela, “juntos pero no revueltos”, las comunidades organizadas y con una tradición a cuestas son las que se encargan de planificar tales reformas.

Aquí no pues la Iglesia y el Estado son lo mismo y  «jartan» en el mismo plato.

Hoy en Venecuba aún más que ayer, pues “EL Ido” dejó constituida su propia “Iglesia Ecuménica rojarojita” (ampliada con los muchos colaboracionistas de aquel: “El tiempo del dios es perfecto”, tan judío-usamericano).

Cuando se despidió para irse a la isla de la felicidad de la mano de los santeros,  para allí dejarle sus huesos a “El Barbudo”, por aquí Mico-Mandante dejó en funciones de gobierno eclesial a sus sacristanes y monaguillos boliburgueses; es decir, les encomendó la custodia de las limosnas y del reparto hasta de las hostias. De vainita que no dan la Misa dominical como lo hacía él “mesmo”,  aunque ya hay por ahí un Cardenal que quiere ser Papa, y que se la pasa con su garrote de Trucutú dando y dando.

Una cosa es una verdad del tamaño del Pico Bolivar:

Nuestra sociedad es  en lo docente magisterial, miserablemente cerrada y cavernícola, pues lo es a nivel real.

Lo dijo hace mucho ese negro, orejón y oriental: Don Luis Beltrán Prieto Figueroa, hoy tan estúpidamente olvidado por quienes actúan magisterialmente en esta farsa y que socialista.

Y es eso precisamente lo describe el Profe marginal cuando muestra, entre bastidores, a través de los gustos y actuaciones de sus alumnos, lo que sucede en las familias y más allá. Es decir, muestra la escuela como lo que es: una proyección podrida de la familia y de la sociedad en general.

A ese joven así de alienado y manipulado le diría Prieto:

-¡Joven, empínate!

Así que “criticones” como ese tal Carlitos pseudomarxista:

Ni tanta candela que queme a santomarginal, ni tan poca que no alumbre a santo clasemedia. Aunque sean rojorojitos o perrorabiosos.

No exageren y sean más comprensivos con Profes marginales como el del post quejumbroso.

Miren que no se trata del ulandino  Lechugaverde.

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