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Desmemorias de un viaje (I)

Plaza Bolívar de la Ciudad de Mérida

 

Uno de los lugares mas fascinantes y que he tenido la oportunidad de visitar en mas de una ocasión es la ciudad de Mérida. Llegar a ella en avión al Aeropuerto Alberto Carnevalli que está muy cercano (Cosa rara, por cierto) al centro de la ciudad ya compensa lo que se paga por el boleto. El hecho de pasar entre las cumbres nevadas en un acto impactante. Se escucha en el ambiente de la cabina del avión una inhalación profunda, unánime dando la impresion que se ha agotado todo el oxígeno. La respiración del grupo se corta por momentos, mientras unos piensan en lo sobrecogedor del paisaje, otros que sus días terminarán en medio de uno de esos picos rodeado de cóndores y con un vestido de nieve como mortaja. Momentos después se exhala el aire contenido y se empieza a respirar aliviado, en fin se trata de un suspiro unánime y largo hasta empezar a descender, ver los techos de casas y edificios al alcance de la mano, el avión termina su trayecto haciendo una competencia con el autobús que corre en la calle paralela a la autopista hasta quedar completamente detenido frente al aeropuerto. Desfile de gente alta, de raros peinados nuevos, de otro idioma, mochilas gigantescas que llevan dentro la vida de unos meses, gente humilde deseosa por regresar a la montaña con sonrisa radiante y que es recibida por un ejército de familiares que esperaban ansiosamente, quejumbrosos por la demora del avión pero aliviado ante la llegada del ser esperado, familias ataviadas con su traje de campaña de invierno habitual: blue jean, camisa manga larga, lentes oscuros, zapatos de montaña y pesada chaqueta cuyo uso resulta exagerado para la temperatura con que la ciudad lo recibe y dispuestos a recorrer por las vías que sean toda la geografía del estado y hurgar en cada centímetro descubriendo novedades y caprichos de su naturaleza desbordada.

Lo primero que se piensa en visitar al llegar es el Teleférico, infraestructura de la cual sus administradores de turno se jactan (No sabemos si con razón o sin ella) de ser la mas grande del mundo en su tipo. El trayecto es e 12,5 kilómetros, alcanza 4.765 metros sobre el nivel del mar y pasa saliendo de Barinitas por 4 estaciones La Montaña, La Aguada, Loma Redonda, Pico Espejo. Al llegar al terminar empieza la aventura dada la incertidumbre de saber si podrías utilizarlo o no pues el usuario está sujeto al incierto clima ó a la arbitrariedad de la burocracia que lo opera, para le fecha en que esto se escribe y es la razón de ser de estas líneas las autoridades de MINTUR prometen que operará dentro de 20 MESES!! Como si ya no fuera suficiente el tiempo que ha estado detenido ó si la vida no transcurriera .

Apenas se inicia el ascenso la sensación de no ser nada te invade y ves a la amable ciudad alejarse mientras pasas por las distintas estaciones hasta llegar a la denominada Pico Espejo donde te da la bienvenida un blanco incandescente e implacable (Si tienes la suerte que en el día anterior haya nevado, evento cada vez menos frecuente) sientes que falta el aire y la emoción te embarga, sientes estar en la cima del mundo y que has alcanzado una hazaña.

Lo mejor está por venir: Si se viene dispuesto a ello, el periplo podría continuar bajando en la Estación loma Redonda en el trayecto de regreso en la siguiente estación y allí iniciar el viaje hacia Los Nevados bien sea a lomo de mula o a pie. Con la opción uno demoras aproximadamente 4 horas y con la opción 2, 6. Las mulas en cuestión hacen casi todo el trayecto al borde del desfiladero, cosa que hace del viaje casi un deporte extremo pues además están en tácita competencia con alguna compañera de viaje de su mismo género por obligar a la otra a ver como horizonte sus ancas. En el camino se ven arroyitos abriéndose paso por el paisaje lunar del páramo entre la niebla a veces espesa, a veces ligera, regando frailejones y arbustos que en medio de la dureza del paisaje y del suelo son capaces de florecer. En Los Nevados existen posadas con lo elemental, sería un honor inmerecido esperar en que en alguna haya agua caliente, dado lo precario del servicio eléctrico del lugar sujeto a los derrumbes que pudieran ocasionar daños en el tendido que lleva el flujo hasta allá los cuales pueden demorar varios días en ser reparados, sin embargo tal vez valga la pena experimentar esas calamidades dado lo hermoso del paisaje, lo agradable del clima, la novedad de deleitarse con los sabores de una cocina básica y sin pretensiones. Casi duele despedirse de ese lugar haciendo la firme promesa de regresar y pasar mas tiempo.

Mención especial merece la ciudad de Mérida en sí. Mérida puede esconder en cada esquina sorpresas tales como un restaurant francés ubicado en una de las esquinas aledañas a la Plaza de Glorias Patrias con precios muy solidarios, de menú amplio, carta de vinos generosa con un resultado, de servicio de excelencia, pleno y sin fisuras como pocos se pueden conseguir por éstas latitudes. Es muy lamentable no recordar el nombre ni saber si ha logrado sobrevivir en una nación en general y una actividad económica en particular afiebradas por la novedad y la inmediatez, donde los edificios, casas, instituciones, calles y hasta las personas lucen agotadas a los pocos meses de construidas, fundadas ó nacidas. Disfrutar momentos gratos de la vida reflejados en un café vespertino sazonando una conversación amena, hacer una larga sobremesa en medio de un carnaval de postres, sentarse frente al verde infinito del páramo oyendo la sinfonía de arroyos, aves y brisa desde un balcón por largas a horas a pensar saboreando un trago ó un chocolate caliente mientras nace ó se extingue el sol se han perdido pero pueden ser encontrados en Mérida. Donde vivir debe ser un deleite

Mérida tiene una cantidad de atractivos que ofrecer al turista, pero mas allá de sus paisajes lo que mas puede rescatarse es la laboriosidad de su gente, ese deseo de servir y agradar al cliente, la sencillez de sus sabores, la sobriedad de aquellos postres, el detalle y pasión en cada pieza artesanal, la creatividad en la búsqueda de nuevos productos que amplíen el horizonte gastronómico y el uso de lo que la tierra produce, la limpieza de las áreas de uso mas común como mercados y plazas muy alejado de esa imagen hostil que tenemos de la mayoría de las ciudades del Oriente venezolano plenas de gente de carácter adusto y donde la negligencia es un habitante que salvo honrosas excepciones nunca se ha ido

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