Una caminata al abasto

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Luego de pagar el servicio de televisión y hacer otras cosas, me dispongo a pasar por el abasto que está a unas cuadras, para hacer una pequeña compra. Parece abastecido, pero una mirada más detallada a los anaqueles me revela la táctica de los abundantes productos repetidos para maquillar la realidad. Me dirijo a caja con mi compra (300 gramos de tocineta, crema de leche, sal, nestea, para un total de 205 bolívares fuertes) y pregunto por mostaza dijón. Sólo hay McCormick y Heinz. El vendedor me dice que hace tiempo que no llega. En esta economía hasta la buena gastronomía se pervierte, aunque esa mostaza, que se utiliza para realizar platos goumert, sea sólo un capricho burgués, ¿no?

Algo se me nota en la cara pues al momento de pagar, el vendedor, con un marcado acento portugués, me dice:

– ¡Ánimo, joven! Venezuela no se rinde.

Me despido y al salir paso cerca de un Bicentenario. En la cola se quejan a gritos de que sí hay leche, que lo que pasa es que la están acaparando. También escucho algo relacionado con los bachaqueros, pero no logro escuchar del todo. No es tan malo ser intolerante a la lactosa en esta Venezuela de la 5ta república, pienso mientras me alejo.

Al llegar a casa se va la luz. Los apagones se han vuelto más frecuentes esta semana, luego de haber desaparecido durante una temporada de par de meses. Hace tiempo empezaron a construir apartamentos de la GMVV para reubicarnos, porque quieren perforar el suelo de este pueblo, Lagunillas, que irónicamente, es rico en petróleo.

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