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El Llanero Solitario: Cabalgando sobre Arenas Movedizas

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A riesgo de sonar altisonante, voy a salir en defensa de “El Llanero Solitario”, muy atípico western concebido por Gore Verbinsky, el mismo de “Piratas del Caribe” y la estupenda “Rango”.
Me dirigí a la sala con cero expectativas, agobiado por una campaña de descrédito por redes sociales.
Fui víctima del síndrome analizado por John Manuel Silva en su artículo sobre la crítica 2.0. El colega tiene razón. A los comentaristas de la web les da flojera pensar por sí mismos y son proclives a dejarse llevar por los consensos de la semana, de Twitter a Facebook.
Si la mayoría desestimaba a “Longe Ranger”, entonces los procesadores de ideas veloces debían llegar a una conclusión similar.
Según dicha impostura, la pieza no funcionaba porque el protagonista hacía su papel de siempre, el metraje era extenso y el guión carecía de ritmo. A lo mejor es la falta de costumbre o la predilección a quedarse en la superficie de las cosas. Pero ninguno de los impugnadores de la cinta, supo interpretar el discurso más allá de los memes repetidos mil veces por los escritores de banalidades.
Sin estirar demasiado la introducción, les explicaré el motivo de mi preferencia por el acabado de “Lone Ranger”. Lo expongo con puntos sencillos.
Primero, me gusta la inversión de los arquetipos. Ahora el verdadero tonto es el blanco y el indio redime al antihéroe occidental. Ciertamente, Disney había tocado el tema en “Pocahontas”, desde su habitual corrección política y mala conciencia.
Sin embargo, el autor juega con las reglas impuestas por los dueños de Mickey Mouse y se las doblega, al punto de rozar el lindero de la subversión semiótica, cual heredero del deconstructivo Robert Altman.
Como ya no se puede contar una historia de vaqueros como antes, Gore Verbinsky opta por revisitar y parodiar todos los clichés de la veta progresista e iconoclasta del género del oeste. Allí están claras las citas a Leone, Clint Eastwood, Jim Jarmusch, Sam Penkinpah y el crepuscular John Ford.
Meses atrás, Tarantino estrenó otra modélica “buddy movie” en tributo a Sergio Corbucci y Nero.
Salvando las distancias, “Llanero Solitario” es el sano intento de erigirle un pedestal al tabernáculo sacrílego del spaghetti, para compartir el legado de su naturaleza transgresora a las generaciones de relevo.
De ahí la presencia de un niño, quien aprende las duras lecciones de la vida de su país, de la mano de una momia comanche, cuya anécdota invita al crío a rebelarse contra la máquina de producir dinero, a costa de la memoria de sus ancestros arrasados.
Los estudiosos de la contracultura como negocio, pueden aprovechar para lamentarse, quejarse y santiguarse.
Aunque usted no lo crea, “Lone Ranger” es el blockbuster más insubordinado e insumiso de la temporada, después de “Now You Se Me”, apología del robo a los ladrones de cuello blanco, como truco de magia vengativo de un grupo de Robin Hoods.
Lo único malo del asunto es la instrumentalización política y económica de un espíritu de disenso e inconformidad, de ajuste de cuentas, con el mero propósito de complacer las demandas de cambio de los espectadores frustrados.
Hollywood ofrece un alivio y una revancha en la pantalla, una manera de hacer justicia donde no la hay, mientras capitaliza el fenómeno a su favor.
Las recaudaciones no caerán en el bolsillo de los indios desplazados o de los vaqueros temerarios de la periferia, sino de los peces gordos de Disney.
Por tanto, El Llanero Solitario y Toro encarnan el caballo de Troya de una estrategia de conquista colonial para atacar un mercado internacional. Ahí radica la doble moral de la obra. Uno de sus defectos.
Paradójicamente, el esfuerzo se salda con un estrepitoso fracaso financiero. De repente, el karma se le devolvió a los explotadores del problema aborigen.
En tal sentido, «El Llanero Solitario» parece bastante consciente de sus intereses en pugna, al extremo de conjurarlos en la acción de sus argumentos.
Pocos filmes de alto presupuesto te muestran las dos caras de una misma moneda.
En su costado de demolición de la historia americana, «Lone Ranger» no escatima recursos a la hora de cortar cabezas y disparar a mansalva, incluso desafiando la mitología de la fuente original.
Gracias a Toro, el Llanero Solitario entiende la degradación de su entorno y emprende una aventura quijotesca, con su fiel escudero, para enfrentar a los corruptos y a los poderosos de cualquier estirpe. Nuestro Jinete Pálido vence en duelo a un malo y a un feo de armas tomar, asociados al tráfico de plata bajo la mampara de la construcción de un ferrocarril.
La codicia y la avaricia, como en Chaplin, constituyen los cimientos endebles de la fundación de una patria, nacida del pecado y el complejo de culpa por el arrase del pueblo de los pieles rojas.
El pesimismo del realizador es evidente, así como su nihilismo. Toro es el último mohicano, vencido por las miserias del darwinismo o la ley del más fuerte.
Él además es responsable indirecto por la destrucción de su gente, al cambiar barajitas por los recursos de sus ancestros. Se narra aquí, con pelos y señales, la consumación de un despojo y de un genocidio. Es poética e ilustrativa la escena cuando una metralleta liquida una sedición comandada por arcos y flechas, recordando las guerras asimétricas de ayer y de hoy.
Ante la putrefacción del estado de cosas, solo queda la esperanza de Lone Ranger y su caravana del valor, secundada por freaks y representantes de minorías(mujeres, niños, prostitutas, negros y víctimas de la violencia).
Al final, los banqueros, militares y señores de las sombras intentan comprar el corazón noble del personaje, premiándolo con una medalla.
Toro y Llanero Solitario desestiman el regalo y retornan a la lucha por la justicia, como almas libres, autónomas e independientes.
El mensaje es cristalino.
Agradecemos a Verbisnky el hecho de traducirlo al lenguaje rocambolesco de Fellini y Burton, salpicado del humor físico de Búster Keaton en secuencias de un abrumador dominio del montaje coreográfico. Guiño digital y colosal a “La Maquinista de la General”.
Oda a la resistencia justificada por la crisis del sistema, causante de la iniquidad y el saqueo de la república.
Respeto a Verbinsky. No es fácil desnudar la deshumanización de tus mecenas y salirte con la tuya.
Imbatible el cierre con la marcha de la música de la serie de televisión.
Caricatura de grandes proporciones épicas y posmodernas.

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