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El Safari de la Cultura Venezolana

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Por favor, manténgase alejados de las puertas. Sean todas y todos bienvenidos al trencito del Expanzoo de la cultura venezolana, el único zoológico de contacto donde puedes ver a tus estrellitas del arte, la música, la literatura, el cine, la poesía y la danza en su hábitat natural.
Señorito con los lentes de pasta, hágame la cortesía de sentarse y apagar su cámara. Todavía no ha comenzado el recorrido. Ya usted tendrá tiempo de poner en práctica todo lo que ha aprendido en los talleres de Nelson Garrido y Roberto Mata. Le advierto que está totalmente prohibido el uso de flash. Espero, amigo modernillo, que haga usted unas bonitas imágenes y que las pueda exponer en cualquiera de las 9564 galerías que hay actualmente en Caracas, ubicadas en salones de fiesta, apartamentos, anexos, sótanos, hoteles, centros comerciales, depósitos y restaurantes.
Para que vayan agarrando calor, estimados visitantes, los dejo cinco segundos con una canción hipster que siempre hace las delicias de grandes y chicos: «esta es nuestra fiesta, candado y cresta, este es nuestro bar, radio Capital». Y así fue como sonó La Vida Bohemé, bajo el patrocinio de Maltín Polar, en el Teresa Carreño, cuyo espacio albergó recientemente actos tan trascendentales como las alocuciones presidenciales y los encuentros de la internacional socialista con Nicolás Maduro Moros. Viva la resistencia boliburguesa en liqui liqui y derramando témpera.
Hemos entrado en la primera escala de nuestro itinerario. Estamos en los peligrosos dominios de los animales de carroña. Vean cómo los chacales se pelean por las sobras y las migajas del presupuesto del estado. Observen a las hienas, muertas de la risa, después de repartirse los botines en juego del Ministerio del ramo. Por el cielo sobrevuela el clan de los vampiros, quienes buscan su alimento rojo rojito para perpetuarse en el poder. Cúbranse el cuello y los bolsillos porque la empresa no se hace responsable por objetos robados. De hecho, allí vienen los macacos del Planeta de los Simios, a acabar con todo, como en la entrada aquella del Safari de Carabobo. Mejor emprendamos la retirada hasta el siguiente hábitat de contacto. Señorito no me ponga esa cara de cañón, yo le dije que guardara su cámara. Los macacos no creen es en nadie. Ahora vaya a llorar para el Valle o reclámele a uno de los muñequitos del choro dance de Famasloop.
Por fortuna, ya lo peor pasó y llegamos ahora a la zona más esperanzadora, bucólica y bonita del zoológico de contacto: el espacio asignado a las especies protegidas y en extinción. Aquí les prestamos especial cuidado a las vacas sagradas, permitiéndoles pastar con tranquilidad, brindándoles la posibilidad de criar fama y acostarse a dormir por los siglos de los siglos.
Qué espectáculo más bonito el que nos dan las viejas avestruces del Premio Rómulo Gallegos, celebrando la llegada de su domador, el maestro Piglia, para regalarse mutuamente sus premios estalinistas, mientras la quinta república se cae a pedazos.
Es un gesto de amor impresionante hacia el país, que en catorce años de gestión patriótica, nunca un escritor venezolano haya recibido si quiera una mención en los concursos organizados por este grupo de mamíferos iluminados y concienciados.
Pero es la hora de superar este pequeño instante con la historia de las cavernas y de avanzar sobre el próximo sector 9 de nuestro apartehid cultural.
Atención chicos y chicas, yo sé que van a divertir de lo lindo con las atracciones que nos tiene reservada la fauna variopinta del mercadeo de lo cool.
Por el medio de la calle, disfrutamos del perfomance interactivo de los copycats de la plástica alternativa. Es decir, de los mininos y las gaticas ariscas que lo imitan todo a destiempo y luego lo venden como maullidos originales.
Si les gusta el diseño, por allá tienen a los jóvenes camaleones que se mimetizan con los colores de las campañas de ropa de Urban Outfithers, Desigual y las tienditas vintage de Barcelona a Buenos Aires.
Si eres de los que mueres por la música de los gorriones del momento, no te pierdas el toque de aquel dúo de promesas del folk, que le cantan al amor, como Roque Valero, aunque con pinta de palomitas trasnochadas del movimiento hippie.
En un alarde de creatividad, ha comenzado el desfile bestial de los talentos emergentes de Tiuna el Fuerte, los cuatro elementos, el grafitti, la danza contemporánea, el hip el hop y los recitales de lectura de cualquier cosa, de Cartas Románticas de Mont Blanc, de panfletonegro, de Provadinci, de Lugar Común, de la Nueva Narrativa Urbana y pare usted de sufrir.
Compitiendo con ellos, salta a la vista el despliegue de medios de las lechuzas guardianes de la literatura políticamente correcta, académica y encorsetada.
Arrancó el show de los búhos acartonados, pavosos y serios, que parece que no parten un plato con sus caras de burócratas solemnes, pero que en verdad cagan la jaula entera, al mojar sus labios con una copa del tinto de honor, como el Licenciado Esparragoza en el bautizo del típico embaucador que publica a razón de tres libros por año, en un ritmo envidiable que ni Saramago en sus mejores días.
También movidos por la crisis del control cambiario, los cocodrilos de la industria del libro hacen su agosto, editando a los caimanes del mismo del caño, felices y contentos de ser encumbrados en Festivales y Ferias de descuento. Culpa del microclima de complicidad y tráfico de influencias.
Las tortugas se agarraron el coroto y no lo van a soltar, ni a palos. Coexisten para lamerse las heridas y ofrecerse palmaditas en la espalda.
Antes de concluir la vuelta, cerramos con un vuelo rasante por las islas que nos quedan por conocer: el oasis de los tigres de papel del exilio, el bioterio de los conejos del stand up comedy, los zamuros de la Villa del Cine, las urracas parlachinas de la generación blogger, los pajaritos que trinan babosadas por Twitter, los anarquistas de salón de la crítica distópica, los guapos de teclado del acuario de Facebook, las pirañas del Premio Pepsi, los tiburones explotadores de la rosca teatral, las águilas arpías de la onda fashion, los trepadores de las lianas de la comunicación social, los comegatos de Paul Gilman, los bohemios bobos del club de la gastronomía de autor, las culebras enroscadas del serpentario de la Yoga y las toninas estancadas en su pozo de folklore, arpa, cuatro y maracas.
Nuestro pequeño periplo ha concluido y los invitamos a caminar por cada uno de los módulos de esta noche segura por los museos censurados, donde solo se expone la falta de criterio.
Si quedaron con hambre, a la izquierda pueden acceder a nuestra franquicia de comida rápida: McCabrujas, atendida por sus propios dueños, que le prenden velas a su padre fundador, no aceptan disidentes en su mesa de la unidad, y solo saben servir un solo combo de palabras calcadas de su mentor, con papas, ensalada y refresco.
Con la presentación de la franela de los tiburones de la Guaira, ustedes gozarán de un descuento de 25 por cierto por la compra de cualquier hamburguesa de McCabrujas. Descubra el sabor de su salsa secreta, aderezada con aires de intelectual maldito y porte de galán imposible de las seis décadas.
En realidad, acá lo que necesitamos es que resuciten a los hermanos Nazoa para que hagan un ramillete de la cursilería con esta cuerda de espantapájaros.
Este zoológico espectacular, este circo de los Valentinos, este parque jurásico, esta pantalla kistch para ocultar la sangre, este fumadero de opio para el pueblo, permanecerá abierto, hasta que tu lo permitas. Como diría Jigsaw: vive o muere, es tu decisión.

*Texto leído en el aniversario 14 de Panfletonegro. Inspirado en el desaparecido tren del Parque del Este, el documental de Fernando Venturini, un libro de Gustavo Bueno, una conversación con Álvaro Cordero y Animal Kingdom de Disney.

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