La historia del 501

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imageHace algunos años el 12 de octubre cayo puente y las oficinas de extranjeria o como rayos se llame ahora (creo ONIDEX) no abrieron el lunes.

Como en Venezuela nunca hay material para pasaportes y se había corrido la voz de que había, la gente en vez de irse a la playa acampo desde el viernes en la sede del organismo que otorga los libritos burgundi en las Mercedes.

Siendo flojo y vivo como todo venezolano que se respete, el martes a la 4am baje a caracas a ver que tanta cola había, pues mi pasaporte estaba casi sin páginas.

Al llegar, veo a un gentío, tiendas a de campaña, basura, basura y más basura, producto de los 3 días de asueto que la gente paso en ese camping suis-generis. Y a un señor en un escritorio improvisado, numerando a los usuarios, este señor también esperaba para su trámite, pero decidió que era necesario poner un poco de orden en la pea.

Me acerco, (casi no había nadie pues todos ya se habían anotado) el señor me anota, y me da el número, el 501, contento, me siento y me pongo a leer el libro que había traído conmigo.

A eso de las 8am se me acaba el libro y me aburro como una ostra, en la lejanía cercana veo el letrero de un central madeirense y me decido a ser un buen ciudadano, eso creo lo debo achacar a esa campaña de venevision en los 80s Me dirijo al central M y una vez allí me compre:

  1. una escoba,
  2. una pala,
  3. un paquete de tobitas de 100 litros,
  4. varios paquetes de galletas oreo
  5. y un choco cosa (bebida achocolatada).

Con estos instrumentos me dirijo de regreso a la sede de extranjeria en donde los funcionarios comenzaban a llegar tranquilamente. Agarro mi escoba y me pongo a barrer el mierdero dejado por mis conciudadanos, una señora se anima y me pide una bolsa y se pone a recoger basura grande (cajas de pizza, bolsitas llenas de basura que algunas personas conscientes habían llenado, pero luego habían dejado por allí… cosas así) Yo sigo barriendo y recogiendo basura, un señor se me acerca y me agarra la bolsa para que pueda empezar a palear lo recogido…

Algunos opinaban que yo era pendejo, que dejará eso así que la gente del organismo ya limpiaría, pero el consenso entre personas mayores, sobre todo, era que estaba muy bien eso. Hablandito y limpiandito empezamos a conversar, aquí y allá, cuento que había venido de Maracaibo y que tenía mi avión al día siguiente pues estaba viviendo afuera, aunque con una legalidad relativa.

El director del centro llego, miro curioso nuestra actividad, entro y a los pocos minutos salió con el policía que cuida el centro y la señora que limpia, entre los tres traían otras escobas, unos pipotes de basura y palas, alguna otra persona se puso manos a la obra y el director fue a ver al señor que había numerado al público.

Mira ¿cuantas personas tienes en la lista? Le pregunto.

Había unas 700 almas numeradas, más los que seguían llegando que hacían una colita para anotárse.

Coño es mucha gente dijo el director. Nosotros tenemos una capacidad de atender máximo 500 personas diarias. Pero no se preocupen, yo voy a quedarme con la lista y del 501 en adelante vengan mañana tempranito y los atendemos, el policía va a continuar anotando para completar los 500 de mañana.

Al escuchar esto, el mundo se me vino al piso, mierda, iba a perder el avión, me tocaba pasar otro día y lo que eso me iba a costar con la puta aerolínea. Pero no tuve tiempo de reaccionar…

Lo que ocurrió enseguida fue muy hermoso, en un acto en donde no hubo egoísmo alguno por parte de los otros doscientos en la lista, ni de los primeros 500…

Como una sola voz todos dijeron… ¡Nooo, chico, el 501 es el catire que te limpio esta vaina! Y empezaron a gritar, 501, 501…

El director miro a su alrededor, me ubico, con mi escoba y mi palita y cojio un marcador y me escribió en la mano 501, mientras decía, hoy atenderemos 501 personas.

Los demás quedan numerados para mañana. Y la gente aplaudió. Nadie peleo, nadie se quejó, el 502 y compañía simplemente se fueron y nos quedamos las 501 personas esperando a que nos llamarán.

Varios se acercaron a hablarme, ¡coño catire, tu te las sabes todas! Pero no, la iniciativa de barrer, me vino a la mente porque me aburría y porqué no había donde sentarse de la cantidad de basura que había.

A lo largo del día hablamos pendejadas, nos guardamos el puesto, intercambiamos teléfonos para poder irnos a hacer diligencias y que nos avisaran si nos tocaría pasar pronto.

Al final cuando cayo la noche y sólo quedábamos unos 50 por ser atendidos nos hicieron pasar a esperar adentro para cerrar las puertas y cuando como a las 11 me toco a mi al fin, converse un poquito con el director. ¿Oye y donde te quedas en caracas? Me pregunto, le explique que tenía que subir a san Antonio donde me estaba alojando, a lo que replicó, ¡no chico si subes en carrito igual te atracan en plaza Venezuela! yo vivo en carrizal, si te esperas yo te subo hasta la redoma de los bomberos en san Antonio.

Y así fue…

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2 Comentarios

  1. jajajaja Buenisimo

    Las colas venezolanas son un universo aparte

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  2. Cierto, aunque el mensaje es mas bien: mira que fácil es hacer algo por el bien común y además no pasa desapercibido… Desde ese día no pierdo ocasión de hacer ese tipo de cosas donde sea que me encuentre.

    Y a veces funciona…

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