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Caracas circular, mediocre y autocomplaciente.

Ayer John Manuel Silva manoseó el tema que ha estado en mi mente durante un poco más de un año y que apenas rocé en otro escrito. John habló sobre Burgueses & Bohemios y criticó algunas cosas que también ahondaré, porque dejarle un comentario sería reducir lo que de verdad me encantaría decir, es una cuestión que tiene muchas aristas.

Antes de desglosar pacientemente mi crítica, me parece pertinente contextualizar a quien me lee: me gradué en la Monteávila, conmigo estudiaron durante cinco años varios de los que trabajan en esas agencias 2.0 como «Burgueses & Bohemios», por ejemplo. Si no estudiaron directamente conmigo, uno ya los «conoce» porque es «el amigo del amigo» o estudió en la misma universidad o, incluso, porque fui un par de veces a su agencia y sigo la pista de sus trabajos. Por tanto es muy fácil darle a mi crítica un matiz netamente personal, pero no es así, porque me parece de mal gusto andar sacando trapitos sucios o jugando a la tontería esa hipócrita en la que caen de alabar y al voltear, susurrar «es fulana, la que hace videos mediocres».

Mediocridad audiovisual autocomplaciente

Hagamos una suposición: no existe Vimeo -lugar donde la gente profesional que hace audiovisuales suele colocar sus piezas (antes que en Youtube) por factores técnicos, principalmente-. Tampoco existe el cable o las películas extranjeras. El Internet es restringido por CANTV: nada de Cuevana, nada de torrents. Nuestra única referencia de lo que sucede en mundo audiovisual es la tv o cine nacional. Supongamos que estamos en un ambiente totalmente cerrado y aislado. Así, estilo Corea del Norte.

 Ante ese panorama, el reinado audiovisual y estético de «A que te ríes», «¡Qué detectives!» o «El Conde Bond», sin duda sucumbiría con «el primer fashion film hecho en Venezuela». De hecho, sería toda una revelación, un verdadero manifiesto más legendario que el dadaismo y su urinario. ¿Por qué? Porque rompería esquemas, propondría una estética «diferente»; una trama casi silente, una modelo que dista de la sobredosis de silicón, un «escenario» fuera de la cápsula del «Estudio 1», descubriría un mundo paralelo e inmaculado en la Venezuela del 80 y pico porciento de pobreza.

Pero no. No vivimos en esa película. Sucede que diariamente el Internet nos llena de videos, memes, imágenes, etc. Poco a poco la barra de esfuerzo y calidad va en aumento. Y así también las herramientas: cámaras DSLR de bajo costo con sus ópticas e imágenes prolijas, plugins como el Twixtor que evitan que alquiles una costosa cámara «Phantom» para hacer slow-motion, kit de luces LED, steady-cams portátiles, follow focus, etc. Todo para que la masa haga su contenido y lo exponga en la web. Y déjenme decir: la competencia es feroz. No tienes que ser alguien que se la pase navegando en Vimeo, en Youtube los mismos partners han tenido que «evolucionar». Ya no más videítos con el celular.

Es acá donde está el primer 50% de mediocridad en estas piezas audiovisuales. Están hechas casi sin cuidado, como a los golpes pero por torpeza más que por algún propósito específico. La primera vez que vi «La casa del doctor Redphone» quedé decepcionada. No por el material gráfico del intro, pero sí por los planos, el temblequeo, la diferencia de temperatura del color, en fin, problemas técnicos. Luego, porque había sido publicitado con un aire épico y la trama terminó de desinflarlo. Le sobraron minutos. En definitiva, no era un real fashion film al que estaba acostumbrada ver en el mismo Vimeo. Era más un video de esos que encuentras bajo el nombre «canon 7D – 5D test», es decir, un tipo que se compró una cámara, le dijo a su novia «mi amor, ponte tus cositas lindas, que voy a hacer una prueba con la cámara que me acaba de llegar». E incluso así, hay piezas como estas:

Este es un video de hace 3 años que solo busca mostrar una comparación de calidad de cámaras cuando había ese debate alzado sobre cuál era mejor. ¿Esto acá pudiese entonces haber tenido el revuelo de un fashion film?

Lo de los problemas técnicos se repite una y otra vez en todos sus videos. La solución: invertir en mejores equipos y aprender a usarlos. Hablen con los chamos de «Al agua» quienes por lo menos pillaron los videos de los canadienses Stillmotion y usan esas técnicas para hacer unos costosos videos de matrimonio (pero que lucen «bien»). O les recomiendo navegar unas cuantas horas en la «Escuela de videos de Vimeo».

El contenido es el otro 50% que se pierde. En el caso de «Burgueses & Bohemios», se pierde porque fabrica un discurso incoherente con el contexto venezolano. No sé si es que estamos contaminados con los discursos clasistas, quizás eso explique porqué ver con recelo ese mundo tan ficticio del fotógrafo Fran que está en forma, en su apartamento minimalista, haciendo ejercicio y luego tomando un vodka antes de prepararse para el «viaje». O a Led Varela con su actitud de irreverente, mientras el peluquero le hace un peinado, burlándose de la «irreverencia» de la que él es parte, como una especie de Inception endógeno. ¿Pero que realidad nos quiere vender esta gente? Es un estilo de vida completamente insostenible en este país el que plantea Absolut a través de este comercial disfrazado. Lo único que sí sé es que caerán algunos al imaginario colectivo de la Caracas con glamour donde no existe la devaluación e inflación, ni el tácito toque de queda, ni los malandros, ni el maldito tráfico con las calles que ya ni tienen aceras porque son de los buhoneros.

Pero esta disociación no solo es criticada acá en Venezuela. A Loewe le costó caro lanzarse esta campaña «de niños pijos», por la misma cuestión del contenido que es incoherente con su contexto de país.

Hay otros casos de autocomplacencia que son notorios. El ejemplo de Memorabilia y luego «¿Quién quiere tuki?». En el caso de ellos, siempre se están excusando con una lastimocracia barata de «así fue cómo les salió»; que no tenían luces, ni equipos, que el sonido es malo porque lo grabaron con un micrófono chino de 1985, que todo fue «una prueba», etc. Es decir, o haces tu video y lo lanzas sin hacerle un preludio de «miren, esto es una cagarruta porque no teníamos presupuesto» o solo haces esa acotación cuando alguien te pregunte «pana, ¿por qué todo se oye tan mal?». Es mediocridad. No hay otra manera de describirlo si uno se da cuenta que no hay ningún tipo de evolución ni en la forma ni en el fondo. Vean el primer capítulo de Memorabilia, vean el último. Es lo mismo.

Con «¿Quién quiere tuki?» está el terrible doble discurso. Esos que hacen este «documental» autopromocional de changa, son los que van a Voyage y tocan en esas fiestas. Son antípodas en la misma persona. Son actitudes incoherentes que demuestran es que acá lo único que se quiere es vender o venderse. No hay manifiesto dadaista, no hay irreverencia, no hay collages vanguardistas. Solo hay ganas de comer como sea, haciendo el papel que sea. Es por eso que Pocz aparece con Led mientras lo peluquean, pero también aparece en un pseudo documental que quiere «rescatar» un estilo de vida que no comparten sino que temen (esa es la única razón que encuentro para explicarme por qué los videos de los matinés petareños son «tomas de archivo»).

Todo se trata de vender

Y entonces es eso. Ese es el negocio de cuanto audiovisual sale de sus editores: la promoción de unas carteras o accesorios, la noche de desfiles de diseñadores venezolanos, la inauguración de una tienda, una autopromoción para atraer más clientes o por mero culto a la personalidad. Etiquetado a la fuerza como «arte». Es acá donde la gente necia lanza las críticas «bueno, pana, pero no te das cuenta que ellos no son un colectivo, es una agencia». Sí, sí, en efecto es una agencia y así como uno critica los horribles comerciales de zapatos Sifrinitas, puede señalar la mediocridad de estas producciones tomándolas como tal, como comerciales insertados en todo un contexto falso-glam.

Sus clientes quizás quedan atontados por el look que trae cualquier Canon y una óptica 1.8mm. Quizás ofrecen buenos precios por su trabajo. No sé. El punto es que consiguen el trato y comienzan a vender, inyectándole lo mismo a cada proyecto.

Lo que me parece curioso, en este país de escasa competencia de productos, de precios elevados y del Bolívar devaluado; es que al final, tiendas como Aishop venden es por su estrategia de precios, no por su estrategia de redes sociales manejada por ellos (solo 1.173 likes en Facebook y 1.420 seguidores en Twitter). Lo mismo con Fru-Fru. En cambio, «Hermès Venezuela», pudiese tener 800.000 likes y tener videos temblorosos con miles de visitas, pero eso no le aseguraría las ventas en este país ¿o sí, Louis Vuitton?

Son hechos que deberían aplacar el ego, creo.

Nombres, apellidos, prepotencia y el público que no se entera

La arista más álgida para mí es la prepotencia o el halo de sobrevaloración. Es lo que le da un toque más profundo a la mediocridad técnica o de contenido. Supongamos por un momento que estamos hablando de unas personas que son realmente buenas en lo que hacen (ni siquiera estamos hablando de unos seres brillantes, sino de gente que en serio tiene un talento y se aplica a explotarlo) pero son totalmente engreídos, desentendidos del mundo que les rodea o hasta comemierdas. Perfecto. Hay algo sólido o tangible que te cacheteará o cacheteará tu ego, dirás «es un maldito, pero hace cosas excelentes». O por el contrario, supongamos que son personas que hacen cuestiones cutres pero no se andan creando toda una historia de que viven en New York, desayunan en París y se divierten en Mónaco; pues en ese caso te nace una especie de benevolencia. Pero cuando quienes hacen cuestiones mediocres, quieren adoptar una continua postura de vivir en una Caracas elegante, ajena al malandraje, que ellos parecen «dominar»… la cuestión ya parece una parodia de mal gusto de algo llamado Gossip Girls.

El asunto primordial es la sobrevaloración mezclada con la prepotencia en la mediocridad. Para mí, ahí recaen los detonantes estas críticas.

En ese caldo de cultivo se gesta el «ciclo perfecto»: haces un video, tus colegas te lo alaban en sus blogs o revistas universitarias, revistas como Estampas, en La Mega; un amigo le hace un review en su programa de Globovisión, la gente cercana te lo elogia -aunque por la espalda lo despotrique-, piensas que has hecho algo tan arrecho que ha salido en esos medios, te lo crees, tus amigos se lo creen y decides hacer otro video. Eventualmente un amigo te entrevista en su programa, tus otros amigos se sorprenden y también deciden invitarte, el resto te elogian por salir en todas partes, alimentas más el ego y sigues el ciclo. Al final, el creador es una bola de ego demasiado abultada que rueda a ningún lugar: el material que se produce sigue siendo deficiente, no hay chance para mejorar porque no hay críticas. De alguna manera quedan atrapados en su propia mediocridad.

Pondré un ejemplo de esta mezcla egolatra mortal entre sobrevaloración y una producción deficiente: Adela Pantin.

Pantin estudió cine en Argentina (lo cual no está nada mal) y lo dejó para regresar a Caracas a trabajar. O al menos así lo dice una entrevista que le hicieron en OJO. Comencé a ver su nombre en los videos de «El Mostacho» y luego llegué a esa «bio». Ya que OJO le hacía una reverencia a su «buen cine» me senté a ver sus videos. Eran cuestiones más que todo experimentales o con ese corte. Yo disfruto los cortos experimentales, en especial uno que se llama «Scintillation» así que al ver esos lo que pensé fue que era otra persona más jugando con las bondades de las DSLR (sí, como yo). Pero luego leo cuestiones del estilo:

En la página de la creadora de B&B. ¿En serio la consideras talentosa?, ¿con consistencia?, ¿con un estilo particular como directora?. Lo siento, pero yo lo que vi fue una cámara Canon con un lente 1.4 o 1.8 manejada torpemente, no vi nada detrás, no vi diferencias ni estilo; solo la estética estándar que produce una DSLR más el jueguito con el enfoque y desenfoque. Vi otro test.

Esto es lo que llamamos masturbación conveniente de egos. ¿Qué se puede sacar, objetivamente, de esto? Que «Madame Fedora» está apoyando la mediocridad por conveniencia, porque alguien que dedica su blog a un coolhunting de cuestiones extranjeras, que ha visto trabajos foráneos de calidad y llame «musa» (reforzando el ego) de alguien que mal-maneja una cámara, debe ser porque necesita algo de ella. O, peor aún, estaríamos hablando de una incoherencia ciega o quizás hipocresía, pero no sé, eso sería presumir de locura y no creo que sean locos clínicos.

Entonces, de vez en cuando me metía a ver cómo iban los videos y dejó de ser coincidencia el «coño, ¿pero quién hace la cámara de esto?» y que el nombre «Adela Pantin» se leyera como crédito. He allí el «ciclo perfecto». Nadie le ha dicho realmente a esta mujer que debe mejorar, que si se cree su papel de jovencita con «bolas» pero suficientemente ligera y desentendida de lo que ocurre afuera de la burbuja, con un «cine» más allá del esnobismo; es necesario pulir las técnicas y afincarse en el contenido. En otras palabras: si vas a ser banal, experimental o lo que quieras, deja de apoyarte el colchón de estético-estándar de una cámara digital y hazlo bien.

Por otro lado, cuando en mayo salió «Caracas, Ciudad de Despedidas» un gentío comenzó a despotricar sobre los que allí salían (incluyendo a Adela). Pero luego, esa misma gente, le hacía RT a videos de «Sí Luis», canciones de Rawayana, videos de Burgueses & Bohemios y yo simplemente me quedaba con una gran cara de «pero qué caraj…». Los videos del Mostacho (como «Sí Luis»)  y Rawayana suelen tener como director a Johan Verhook, sí, el mismo chico que sale en CCDD encima de un carrito de juguete o a Rodrigo Michelangeli (el que habla de ir a Canadá). Entonces no entendía cómo es que gente que sigo en Twitter dijera «qué güevón el de la tumusa y el carrito» pero luego «pillen este excelente video de Rawayana, panas, se la comieron». Amigo, los «güevones» que dices, son los que dirigieron el video -que por cierto me agradó-. La gente entonces también juega un papel en toda esta maraña de situaciones, no sé si es por ignorancia, pero debemos comenzar a leer y saber qué estamos criticando o alabando para no pecar de incoherentes o ignorantes.

Finalmente, lo peor de todo este asunto

Escarbando entonces en las cosas que están a la vista de todos, uno se pregunta: pero ¿por qué esa irritación, por qué la indignación, por qué ese chasqueo con la boca y negación con la cabeza cuando veo algún trabajo de ellos o de sus colegas?, ¿es envidia, es impotencia? No. No es envidia. Quizás sí tenga algo de impotencia. Yo lo he denominado como frustración y deviene de la prepotencia con la sobrevaloración.

Frustra ver cómo hay una «masturbación mutua de egos» por un material cualquiera. Frustra ver cómo funciona el mundo de los contactos y cómo se desperdicia (porque si algo tiene esta rosca, son los teléfonos de los clientes correctos). Frustra ver gente embaucada que alimenta en vano un ego, reforzando la mediocridad. Porque poco se les exige, porque uno ha visto piezas que cumplen el mismo objetivo de vender pero logran destacar.

Esa frustración por momentos se convierte en hastío. Además, Caracas es como un pueblito bien chiquito, entonces es difícil no enterarse por medio de Whatsapp: «¿pillaste la última cagada de B&B?».

Lo bueno de irme lejos es que estaré tan ocupada en lavar platos o pocetas que ni se me pasará por la mente ver otro video mediocre de toda esta triste comunidad que está tan reforzada con auto-palmadas y que sigue la línea de «en un mundo de ciegos, el tuerto es el rey».

*Sin generalizar

Ahora, en todo este llamado «circulito» hay personas con talento.

Quienes hacen los motion graphics en «Desing or Die» o «Nekofilms«, tienen una técnica que puede confundirse perfectamente con videos de otros países e incluso trabajan para medios mainstream. No pueden caer en la mera mediocridad porque hay competencia

Juan Andrés Ravell y Oswaldo Graziani están metidos en esta red de mediocridad autocomplaciente (ya sea como productores ejecutivos o «agradecimientos»), pero reconozco que han sabido sacarle punta a la web: si quieres anunciar algo en un site de comedia está «El Mostacho»; si quieres música, «Cochinopop», si quieres fashion ve a «Burgueses», si quieres algún comercial o programa de televisión estilo «Érika tipo 11» ve a Plop. Solo faltaría el tiro al piso de un canal de tutoriales de belleza. Han dado en el clavo y pueden costear su vida con las ganancias de la web. En este contexto venezolano, objetivamente, es un logro.

También reconozco que el Chigüire Bipolar (junto a Elio Casale) podría escabullirse de ese paquete netamente mediocre, así como Isla Presidencial. Al menos presentaron un contenido que causó un impacto en la sociedad, la satirizó, vino con algo más que la búsqueda frenética del «click».

Al menos no sentencio a muerte el panorama audiovisual, hay ciertos videos que se pueden rescatar. Sí me parece que la tónica de Burgueses & Bohemios debe cambiar. Siéntense todos allí en su oficina de Altamira, usen su balcón para ver a la gente pasar, quítense ese halo de ego burdo: están en un país bananero. Dejen de abusar de la autocomplacencia que trae lo de «talento nacional». Quiten los filtros vintage por un momento. Detengan las palmaditas y, sobre todo, esa inútil masturbación. Y luego de ver que están muy distantes de lograr alcanzar a sus musas, que están creando la versión «occidentalizada» de Traki, propónganse progresar.

-Ele.

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