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Guía Electoral para Perversos

          A pocas horas del lanzamiento de un segundo satélite espacial por parte de nuestro país, a una semana de las elecciones, fantaseo con la idea de un instrumento que pudiera medir los niveles de toxicidad de la atmosfera electoral venezolana. Si existiera tal aparato, con seguridad, mancaría los parámetros más altos, y es que esta es una contienda enrarecida por cuerpos extraños, si es que de una elección estamos hablando. En las circunstancias ideales saldríamos a votar por una mejor manera de administrar nuestros recursos para mejorar el sistema educativo, o de salud, tal vez votaríamos por una mejor y más eficiente gestión cultural, política exterior, o la existencia de sistema de transporte público, política carcelaria etc. Pero no en Venezuela, por lo menos no en esta oportunidad; esto, basados en el conjunto de elementos extraños que dificultan nuestra toma de decisiones como entes pensantes.

Bolívar marca registrada.

Es innegable la influencia que la figura de Bolívar juega en el ámbito psicosocial del Venezolano, sobre todo en los últimos 14 años. Ya de por si se nos ha hablado, durante generaciones, de este personaje en términos épicos, donde destaca su heroísmo y su ideal. Sin embargo, en los últimos 14, Bolívar, su simbología geopolítica e histórica, e incluso sus sagradas virtudes  han sido amplificadas y redefinidas por el chavismo;  este proceso se ha catalogado como proceso de “rescate del ideal bolivariano”. El mismo, se ha producido sin ningún tipo de control, y ha estado en manos de un grupo homogéneo de actores políticos, cuyos intereses han afectado el producto final de este “proceso de rescate”. A través de su representación en materiales audiovisuales, escritos, e incluso en el discurso oficial, se ha hiperbolizado su persona, llevándolas a un plano mas allá de lo humano, reposicionándolo en un sitial  sagrado dentro de la psiquis del venezolano. Esto seria casi inofensivo si no fuera porque este “upgrade” de la figura ha pasado a ser gradualmente la imagen de la corporación estatal chavista. Esta corporación luce como su logo, una figura con una fuerte carga simbólica, a la cual ha descontextualizado, y adulterado de nuevo significación, para luego usarlo como herramienta de propaganda, como instrumento para impulsar una agenda nacional, y continental de carácter personalista. Los movimientos propagandísticos llevados a cabo por el gobierno, en plena campaña electoral, hacen de Bolívar un factor a considerar en la coyuntura electoral.

Soborno histórico.

El elemento Chávez, quien por medio del artificio político ha logrado, con cierta efectividad, transferir la carga simbólica de la imagen de Bolívar a su persona. Por medio del levantamiento de una campaña de desinformación que sugiere  un vinculo directo, entre la persona de Bolívar y la del presidente Chávez. Dicha conexión es una percepción activamente fomentada, que vulnera  la noción de unidad de nación, pues todas las glorificaciones del mito Bolívar desembocan eventualmente, por asociación, en la figura de Chávez, un personaje, que hoy mas que nunca, es cuestionado por casi medio país. Lo más disparatado, pareciera que este flujo de cualidades fluyera de manera inversa, en otras palabras, las cualidades de Chávez-en la mente de algunos incautos- “ya existían en Bolívar” e incluso en la contexto electoral votar contra Chávez puede ser fácilmente percibido,  como votar en contra de Bolívar, la patria etc. Es esto producto del cálculo político de las nuevas elites, o es producto del asar? Independientemente, se comete un grave error cuando se desestima el poder de manipulación que puede tener este fenómeno, debido a su potencial carácter maquiavélico divisorio.

Crónica de una talanquera que nos saltó

De igual manera que ha pasado con la imagen de Bolívar, la idea Chávez a permeado de manera invasiva fibras esenciales del subconsciente colectivo. Su historia es la historia del Caballo de Troya, entro hace 14 disfrazado de victorioso trofeo popular, para luego desplegar una larga cadena de subterfugios políticos que han afectado dramáticamente, la relación entre los ciudadanos, y la relación ciudadano poder. Pocos pueden negar, que oficialmente, la relación presidente/ciudadano es abiertamente una relación subalterno/líder. Hoy el candidato a la reelección, en sus comunicados electorales no percibe su tarea, como la de persuadir, o convencer a un electorado; sino como la de exigir a la masa, como ente subordinado, a acudir a un evento al que tiene que entender como otra misión estratégica. Esta misión, niega de tajo la posibilidad de una relación armónica entre lo individual y lo colectivo, en esta nueva misión, el ente individual debe inmolarse una vez más. Así nace una nueva cosmogonía, que en cierta forma es como una talanquera que salta un montón de gente, y los que no comulgamos con el nuevo mandato oficial, quienes somos a estas alturas, ex simpatizantes, ninis de toda la vida, anarquistas, los sectores conservadores de la sociedad,  y otras variedades, todos somos iguales ante los ojos vigilantes del buró,  todos somos unos perversos.

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