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Jornada matutina

foto por Andrew Tay

El reloj marca las ocho de la mañana y comienza mi jornada de trabajo que seguro muchos no matarían por mi empleo como repetitivamente mencionan en El Diablo Viste de Prada, y exactamente ese es lo que vengo a contarles acá. Desde hace más de seis meses comencé a trabajar en la producción de dos programas de un respetable canal de televisión regional donde por suerte me remuneran –aunque muy poco- mi trabajo. En este mundo de los medios de comunicación venezolanos no se ven caminar a famélicas chicas con bolsos 2.55 Chanel y un vaso de starbucks en su mano. Al entrar solo te saluda la recepcionista y te apunta con la mano a los invitados que comúnmente esperan ansiosos y con aires de divos en el mueble. Pero que con gusto los dejos esperando un gran rato hasta que me llegue uno de ellos suplicando que lo pase primero.

Al ingresar al estudio 1 donde se visualiza “la casa” donde el calor de hogar se extingue por cada ego que comúnmente lucha por resaltar. Lo primero que hacemos es revisar los periodismos que están sobre la mesa para sacar las noticias de cultura o salud que leerán –a veces sin entender- los animadores en la sección de actualidad. Como es de costumbre las noticias de “vanguardia” que siempre elijo son sobre arte o descubrimientos sociales que siempre terminan con la frase de una de mis compañeras “¿Donde queda eso?”, “¿Quién es Warhol?” o peor aun “Nadie conoce a esa artista, mejor coloca esta de Shakira” y literalmente convulsiono. Al mirar el reloj notamos que solo faltan 10mintos para salir al aire y apenas las féminas del talento se comienzan a maquillar con una mano mientras con la otra sostiene el Blackberry que nunca quitan de vista.

A los pocos minutos el director me indica que la coletilla esta al aire y una de nuestras estrellas comienza a discutir con el operador de audio porque ella no quiere la balita (micrófono) en el escote. Mientras que el operador le intenta explicar que no se la puede colocar por dentro porque carga tantos collares que el sonido seria una jugada de metras. En ese instante recuerdo la frase “menos es mas”. Y surge el lamento de que esta semana me tocara solo ser ayudante y no mayor cosa como coordinar.

8:30 A.m. Comenzó el programa y el estrés que se genera por mi productora general que solo observar y disfrutar el programa que previamente el resto del equipo y yo realizamos días antes para que ella se lleve el merito sin tomarnos en cuenta. A la cuenta regresiva de cinco instantáneamente comienza la Miranda Presley –sin estilo, ni sofisticación y sin el par de Jimmy Choo – a delegar asignaciones con tantos gritos que cualquiera pensaría que curaría el cáncer, cuando solamente quiere que acomodes la bandeja del jamón para la cuña que saldrá en 30 minutos. Después de hacer la fútil asignación me distribuyo los invitados con mi compañera para tomar los datos que en minutos saldrá al aire.

Mientras tomo los datos me acosan con preguntas sobre el programa para calmar sus nervios mientras deseo que las cámaras cobren vida y los ataquen. La hora y media del programa pasa rápidamente con el sube- baja y el corre- corre que se genera en las instalaciones. Al ver la hora observo que dentro de poco termina el programa y no quedan más invitados para cuadrar el guión. En ese momento solo me dedico a ver el programa y mentalmente le modifico cada detalle que en realidad cambiaria hasta no ser lo que es hoy.

Los animadores despiden el programa y observo la coletilla final para ver mi nombre y el del resto del equipo, cuando noto que justamente en ese instante sacan el programa del aire.

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