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El “Gran Hermano” Rojo

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Me iba a poner a retocar este poster del «Gran Hermano» («1984», George Orwell, 1949), para sustituir con Photoshop esta cara por la de Chaburro, alias Chacumbele, alias MicoMandante, alias Esteban. Pero cuando me puse a buscar fotos del susodicho, se me revolvió el estómago y me dió una vaina como que si me faltara aire y tuve que posponer la escritura para recuperarme del shock. Porque es que no lo puedo ver «ni en pintura.» Su verruga ultrasónica me recuerda su verborrea procaz, su cara abominable me descompone y sus trapos rojos y los de sus focas me refrescan memorias de una ficción que para mi solo podía ser una pesadilla concebida por la rica imaginación de un talentoso escritor dueño de su personalísimo surrealismo.

Pero no, resulta que «1984» es una fotografía de la realidad de muchas dictaduras de hoy, en 2010, mas de 60 años después de haber tomado forma en el cerebro y por la pluma de Orwell. La cara del «Gran Hermano» podría ser sustituida por la de los hermanos Castro, o la de Chavez, Mugabe, Kim Jong-Il, Ahmadinejad, Putin, Omar Al-Bashir, Qaddafi, Hu Jintao, Mubarak, etc.

La dystopia (anti-utopía) creada por Orwell en «1984» es una escalofriante representación de las sociedades en las que se han convertido, o están por convertirse, los pueblos de muchos países de nuestro pobre planeta.

La que me atañe directamente, la de Venezuela, me duele y me amarga la existencia. No hallo como ignorarla para vivir feliz en Teutonia, donde otros Little Brothers por lo menos nos dejan vivir en paz y como ciudadanos de primer orden, con garantías constitucionales y libertad de expresión, entre otras bondades de la civilización.

Pero en «1984», así como en Venezuela, el sujeto-esclavo-súbdito, no tiene ninguno de esos derechos, porque ha dejado de ser un individuo para convertirse en tuerca del sistema, tan preocupado por su superviviencia (la arepa diaria, bozal de arepa), que se le olvida la «vivencia,» y pasa a convertirse en cómplice de su enemigo para no desaparecer enterrado en una cárcel o bajo muchos metros de tierra. Uno solito no puede contra el Big Brother…pero en la unión está la fuerza, y solo con la participación del «proletariado» puede conseguirse el triunfo sobre la fatalidad del sistema supresor del individuo, en el que pensar diferente ha sido estigmatizado como un «crimen de pensamiento» (thoughtcrime) y en el que la palabra democrática y culta está siendo sustituida por «la nueva lengua» escatológica y vilipendiosa (Newspeak) inventada por un resentido sicópata que le vendió su alma al diablo y su pais a Fidel Castro.

Su rostro horrendo en todos los rincones del pais, su voz estentórea y diarréica en las radios y televisores del pueblo venezolano, incitando al odio, son la amenaza del Big Brother Rojo Rojito penetrando cada neurona de cada habitante de ese pais. Los niños son adoctrinados para que traicionen hasta a sus padres, la historia está siendo re-escrita, por y para la Robolución Rojita. El estado se adueña del individuo y éste ya no puede ser, ya no es, si no es a través del papel que le brinda el Estado, o con las migajas que le arroja al ruedo, como a perros callejeros, pescados hediondos a las focas para que aplaudan y hagan ruido. El individuo que no se asimila se convierte en renegado, perseguido, aniquilado, borrado.

Todos le temen al Gran Hermano Rojo. No hay cojones, si no culillo.

Se raciona todo, hasta la comida. Solo la «Plana Mayor», «Los Elegidos» del partido tienen acceso a lo que alguna vez fué público y estuvo al alcance de todos, como la educación, porque la ignorancia, es la fortaleza en la que se cuece el totalitarismo. Y asi los quiere el Big Brocriollo: ignorantes, embrutecidos, atemorizados, pendejos, dormidos, con Blackberry, béisbol y hallacas hechas de barro con periódicos de antiayer. Por ahora.

http://www.youtube.com/watch?v=Z4rBDUJTnNU

(en Youtube se puede ver la película completa, en inglés y en italiano)

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