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Los justicieros venezolanos: ojo por ojo, diente por diente

Al menos en los últimos 2 años se han llevado a cabo decenas de linchamientos de delincuentes en Venezuela y es que la inseguridad en el país ha llevado a sus ciudadanos a tomar la justicia en sus manos. En realidad, no hay estadísticas todavía ni un número preciso de linchamientos ocurridos en el país pero los casos se han ido haciendo más comunes, se estima que en el 2015 hubo más de 40 casos y en lo que va de este año, se han registrado al menos 25 casos que no son más que un medidor del gran descontento del país por el tema de la inseguridad.

Todos los planes de la policía han demostrado ser un fracaso, pareciera que, en vez de al menos intentar acabar con la inseguridad, simplemente permiten que se multiplique a diario. Y es que, los policías suelen ser los primeros en hacerse la vista gorda cuando ven que están asaltando a alguien a mano armada, ellos prefieren evitar el enfrentamiento y no arriesgar sus vidas, “total, lo material se repone”. Esta es una de las principales razones por las cuales los venezolanos han decidido tomarse la justicia en sus manos.

Todos sufrimos los mismos males que acontecen ahora en el país, comenzando por la falta de agua y luz, pasando por la inseguridad, la escasez de alimentos y medicinas, y un sinfín de problemas económicos y políticos que afectan a las personas, no solo en el bolsillo sino también a nivel emocional y psicológico.

Los venezolanos estamos cansados de ser víctimas de la delincuencia, al principio eran ciertas zonas y a ciertas horas de la noche, ahora es en cualquier lugar y a cualquier hora, no importa si te encuentras tomándote un café en un centro comercial, corres el mismo riesgo de ser asaltado que si estás manejando en tu carro o caminando por la calle o andando en el metro. Esto siembra estrés, miedo y paranoia. No es secreto que Venezuela es uno de los países más violentos del mundo y quedó demostrado con la histórica tasa de homicidios del 2015 (90 homicidios por cada 100 mil habitantes, con un total de 27.875 muertes).

Gracias al abandono de la protección del pueblo por parte del Estado y a una ausencia de castigo contra los delincuentes, los venezolanos se han visto en la necesidad de andar armados, contratar vigilantes o escoltas, para triplicar la seguridad en sus hogares y empresas. Y la verdad es que al gobierno no le importa el tema de la inseguridad, de lo contrario ya se habría intentado al menos disminuirla con ideas y estrategias serias, no esos planes de desarme que terminan siempre siendo un fracaso, de hecho, se rumora que al final el mismo gobierno mantiene armados a los antisociales. Es como si jugaran al azar con la vida de todos los venezolanos que no son familiares o allegados al gobierno. Como nosotros no somos delincuentes, lamentablemente no podemos hacerles experimentar lo que vivimos a diario, pero si podemos apostar por quien morirá primero y hacer algo de dinero gracias a la muerte de alguno de estos inútiles que gobiernan, o más bien destruyen, nuestro hermoso país.

¿Hasta cuándo puede un país aguantar tantos problemas? Como todo en la vida, siempre hay un límite y ese límite llegó al fin el año pasado. Si la policía no nos protege, ¿quién lo hará? La respuesta es muy sencilla, pues nosotros mismos, miembros de una comunidad que está harta de sobrevivir. Por supuesto que esto no es lo lógico, si Venezuela fuese un país civilizado, la justicia estaría en manos de los cuerpos policiales y los tribunales; el problema es que en Venezuela no hay justicia y la consecuencia es que, en una sociedad controlada por el hampa, los vecinos unidos buscan retomar el control por el medio que sea. Siguiendo al pie de la letra la Ley del Talión, “Ojo por ojo, diente por diente.”

Aún así, cuando los venezolanos hacen su propia justicia y castigan a los antisociales, suelen llegar los funcionarios de la fuerza pública y retirar al delincuente, nadie conoce su futuro, pero se presume que luego queda en libertad. Al menos podemos esperar que haya aprendido la lección y no lo siga haciendo, esperamos que la próxima vez que tenga intenciones de robar se acuerde de la reacción de los ciudadanos que han decidido protegerse unos a otros.

Puede que los linchamientos estén desensibilizando a la sociedad venezolana, pero los mismos antisociales se lo han venido buscando y ya era hora de que alguien hiciera algo. Estos actos representan un pueblo agotado y harto de ser víctima de robos, saqueos, asesinatos de familiares y amigos. Un pueblo que está cansado de sobrevivir y que, al no contar con protección por parte del Estado, ha logrado hacer justicia poco a poco, linchando un delincuente a la vez. Lamentable es cuando la policía interviene y lo retira y lo más probable es que lo deje suelto, el objetivo debería ser ir acabando con ellos, uno a uno, ya que las cárceles del país tampoco funcionan.

Solo espero que nadie venga a decir que, así sean delincuentes y asesinos, ellos son seres humanos con derechos, ¿dónde están los derechos de las víctimas de sus robos o secuestros? ¿dónde están los derechos de los niños que se quedan sin un padre o una madre? ¿dónde están los derechos de los padres que se quedan sin hijos? Todos los venezolanos tenemos derecho a tener calidad de vida, a disfrutar de nuestro día a día, a ser libres de salir a pasear sea de noche o de día. La vida en una sola y no se puede seguir viviendo con miedo y paranoia cada vez que uno se asoma por la ventana.

Si los linchamientos logran que al menos se reduzca un poco la delincuencia en una comunidad, ¿por qué parar? Si los funcionarios policiales solo sirven para dispersar protestas y atacar a estudiantes y personas desarmadas, entonces menos mal que los venezolanos han decidido hacer algo al respecto y tomar la justicia por sus manos. No importa si lo ven como venganza o retaliación, los antisociales que son linchados son peores personas que todos los que lo linchan juntos. Quien sabe cuántos robos y asesinatos tienen encima los malandros y andan libres en la calle, y nosotros, los venezolanos honrados y trabajadores tenemos que vivir con miedo, saliendo con 8 ojos a la calle y sin nada de valor, o todo escondido, para evitar pasar un susto.

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