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Si los Árboles Votaran

Guarimba

Durante estos días de protesta he estado en la calle, asistido a diversas concentraciones, aspirado el famoso “gas del bueno”, llevado insumos médicos para que se atiendan a los heridos, caminado decenas de kilómetros en marchas y escrito artículos. Y les comento todo esto no porque me guste decirlo, sino para darles a entender que considero que tengo la potestad de criticar las cosas que me parecen están mal en la estrategia de protesta opositora.

La molestia e indignación acumulada durante 15 años ha hecho que pequeños grupos se valgan de la tala indiscriminada para fortalecer sus barricadas. Yo no soy ambientalista, nunca lo he sido y dudo que lo vaya a ser. Conozco si acaso 3 tipos de árbol y eso gracias a un par de programas de Discovery que he visto al respecto. Ni siquiera recuerdo la última vez que sembré uno (mala mía). En fin, no actúo directamente en ese tipo de causas pero las respeto, y por lo tanto critico fuertemente la tala innecesaria de árboles bajo pobres excusas como “las ramas crecen”, o la mejor de todas: “hay que hacer ciertos sacrificios” para la cual me imagino que si un árbol pudiese hablar diría algo como: “pero si hay que hacer sacrificios, pon tu carro, pero no me jodas a mí”.

Qué sabroso es hablar de sacrificios, cuando lo sacrificado no es tuyo.

Como no pertenezco a ningún movimiento ambientalista, detecto un problema en esto que no es solo lo evidentemente moral (una persona que tala un árbol de su ciudad pudiendo poner otra cosa, claramente carece de sensibilidad hacia el patrimonio social) sino que va más allá: lo estratégico. La politóloga estadounidense Erica Chenoweth en su libro Why Civil Resistance Works: The Strategic Logic of Nonviolent Conflict, apoyándose en una investigación basada en cientos de protestas en un rango de más de 100 años en todo el globo, asegura que una manifestación no violenta tiene seis veces más probabilidades de éxito que una violenta, y una de las razones que menciona es que la protesta no violenta genera más aceptación entre la gente, incluyendo aquellos que en un principio quizás no estaban de acuerdo con la manifestación.

En el momento en el que una protesta realiza actos de dudosa legitimidad (como en nuestro caso, cortar árboles), comienza no solo a perder credibilidad, sino también a perder adeptos: los manifestantes comienzan a dividirse porque muchos (de hecho la mayoría) no están de acuerdo con esas acciones.

No es solo el hecho de que estás talando un árbol, va mucho más allá: ¿cómo apoyar a un grupo de personas que te ataca, o en los mejores casos te ignora, por sugerir no talar cuando se suponen son de tú equipo? Si obvian a los suyos hoy, ¿qué podemos esperar si llegasen alguna vez al poder?

Afortunadamente, es un grupo pequeño, pero lamentablemente pesa bastante, y tiene el suficiente calibre como para quitarle credibilidad y restarle organización a una protesta que muchos estamos tratando de que sea no violenta.

Debemos aprender a protestar (sí amigo lector, eso se aprende), ser meticulosos, inteligentes y organizados. Yo también estoy molesto, muy molesto por estos años, pero eso no quiere decir que dejaré que las pasiones me manejen, que pasen por encima del autocontrol. Si no entiendes que eso está mal por lo moral, por lo menos entiéndelo por lo táctico.

Sea como sea, algo es claro: si los árboles pudiesen votar, hoy, sin duda alguna, no votarían por nosotros.

 

Neomán Rincón Navea

Profesor Universitario, mago, comediante y locuto

Generación del 14

epaleneoshow@gmail.com

@EpaleNeo

11 de marzo de 2014

 

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