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La necedad de los necios

EFF

Es mejor vivir solo; no hay amistad con un necio.

Yo trato de no discutir con necios, pero a veces no aprendo. Con los necios no se puede discutir, no se puede hablar, me lo repito con insistencia, pero nada, muchas veces caigo.

Existen muchos tipos de necios, pero de los necios que quiero hablar hoy son de los fanáticos. Los fanáticos deportivos son más bien inofensivos (a excepción de los Hooligans y de algún que otro atorrante que puede hacer estragos en un estadio), los fanáticos políticos, de cualquier bando, son a veces insufribles, pero creo que los fanáticos peores son los religiosos.

Los fanáticos religiosos suelen pertenecer a religiones menores, aunque el Islam no se puede considerar una religión menor pero en ella abundan los fanáticos. En este caso me refiero a esos fanáticos que pertenecen a religiones protestantes, o sectas no necesariamente protestantes cristianas. En todas estas religiones existe un denominador común, todos son dueños de la verdad y los demás, los que no pertenecen a sus propias religiones, están equivocados. Para los «equivocados» existen varios epítetos, como hereje, caído, «blupeado» (un término usado por los hare krisnas, para referirse a los que «cayeron» como una piedra sobre el fango, haciendo un sonido como «blup»), y muchos más.

Lo insufrible de los fanáticos religiosos es que intentan convencerte de que su religión, que lo que ellos creen, es verdad, y su insistencia puede colmar hasta a un santo. De hecho, el mismo Buda rechazaba a los necios, decía que era preferible estar solo que estar con un necio. Un fanático es un necio a la décima potencia. No basta darle argumentos lógicos para explicarle que lo que dice no tiene sentido, su obcecación es tal que, enceguecido, en su afán de evangelizarte, o salvarte, se busca argumentos, así sea sofismas, para hacerte saber que tú estás equivocado, y que la verdad, la única verdad, es la que él cree, y si no crees, estás condenado.

Lo que me llama la atención es que los fanáticos religiosos basan su verdad en lo que dicen sus sacerdotes, o pastores, y sus escrituras que consideran sagradas, que son la verdad hecha palabra. No hay manera, bajo ningún concepto, pensar que algo de lo que dice allí es falso. No cabe dentro de sus cabezas la más mínima posibilidad que acepten que quizá esas escrituras fueron modificadas, alteradas, mutiladas, por otras personas, y que además fueron escritas por otras personas, que en su mismo momento de elaboración pudieron haber puesto de lo que pensaban, o lo que les convenía.

No me importa que crean en lo que quieran creer, no me importa si creen que su dios es un extraterrestre, o un sapo, o lo que sea, no me importa si creen que se salvarán si saltan de un pie por las calles por una hora; lo que no tolero es que intenten convencer a otros, porque sí, porque esa es su misión. No, entiendan señores fanáticos, sus líderes necesitan de más fieles, eso les da más cuota de poder, por favor déjenos en paz.

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