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Cuento de un 25 de Diciembre

 

El día en que mataron a San Nicolás los venezolanos no lo podían creer; no tanto por la trascendencia simbólica de la víctima, sino porque el suceso había tomado lugar en Venezuela, específicamente en el barrio caraqueño de Petare. Aquel, había sido un año «común», otro año en el que el país había roto su propio récord en muertes violentas, lo cual, por razones que exploraremos a continuación, ya no sorprendía a sus ciudadanos. Habían sido ya tantos ciclos de muerte y consternación, que se había creado un practico, y eficiente ritual alrededor del tema ¿Quizás por lo caro del tiempo en televisión? Eso no lo podemos precisar, pero hacia rato que un breve espacio estaba siendo reservado en los noticieros, específicamente, para que una  atractiva presentadora anunciara,  con virtuosa dicción, «esta semana fueron 53, 61, 76, 94» y así. Y tal como sucede con el reporte del tiempo, cuando nos dan en números la temperatura, la velocidad del viento, los centímetros cúbicos de precipitación, lo mas probable es que, eventualmente, se nos olvide. Por ejemplo ¿Quien recuerda, con certeza, cuantos centímetros cúbicos llovió el martes pasado? Quien sabe, quizás es mas fácil olvidarse de la lluvia cuando uno no se moja, o cuando uno  no siente las gotas de agua fría bajándole por la espalda. Pero sea cual sea la naturaleza de la apatía, y la indiferencia, esta vez fue distinto, pues la víctima de la violencia había sido un personaje importante, nada mas, y nada menos que San Nicolás.

Lo que se supo del incidente, se supo a través de la televisión, desde allí repercutió en las cabezas, luego en Twitter, en Facebook, y así. Debido a las características  de la víctima, el motivo pasional fue descartado de plano por el cuerpo de investigaciones del CICPC; todo indicaba que se trataba de un robo. «El cuerpo del occiso fue encontrado  sin botas,» leyó en el apuntador visual, la guapa chica del noticiero, cerrando la frase con dos rápidos parpadeos de sus largas pestañas.»¡Mija, aquí el hampa esta desatada, se lo llevaron todo, el trineo, los venados, todo!» dijo una señora en el micrófono de la corresponsal, para luego escurrirse entre la gente. «Yo lo vi todo, eran dos malandros, apenas pasada la media noche, pero había mucha gente, ¡Y nadie hizo nada!» aseguro un joven mientras se tapaba la cara con una gorra.

El llamado de los líderes de los  principales polos políticos del país fue a no politizar el tema. Líderes oficialistas argumentaron que se trataba de un hecho aislado, y pedían a la comunidad no hacerse eco de las matrices de opinión que con seguridad comenzarían a circular por las redes sociales. Por otro lado, el ministro de interior y justicia aseguro que ya se estaban tomando las medidas necesarias para reforzar, y garantizar la seguridad del niño Jesús. Los líderes opositores, por su parte,  manifestaron su solidaridad con los niños de la zona, del país, y del mundo, que no pudieron recibir sus regalos. Al mismo tiempo,  expresaron su profunda indignación, y elevaron su voz de protesta ante lo que ellos denunciaron como un «desequilibrio en el suministro de escoltas a las deidades navideñas» según la tolda opositora, ese desequilibrio obedecía a la creencia  que existe, en el ceno del gobierno, de una supuesta «complicidad de San Nicolás con el imperio». Y así fue, como se abrió un paréntesis en la monótona existencia del pueblo Venezolano, un 25 de diciembre; no paso mucho tiempo, probablemente una semana, para que las cosas volvieran a la normalidad.

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