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De campeón del buffet chino a maratonista: Crónicas de mi primer maratón


Hace unos 9 meses los dueños del buffet chino de Kassel temblaban al verme llegar con mi amigos, de hecho siempre pensamos que hablaban a nuestras espaldas. Al mismo tiempo me había ganado el respeto y la admiración de mucha gente en las fiestas y bares a los que solía asistir, porque era capaz de beber toda la noche y al día siguiente estaba como que nada había pasado. Para cambiar ese patrón de conducta destructiva al que me había acostumbrado y el cual estaba asumiendo con orgullo, se me ocurrió inscribirme en un maratón y ponerme a entrenar.

Algo que ha sido una desgracia pero al mismo tiempo una bendición en mi vida, es la capacidad de obsesionarme con las cosas y ser capaz de hacer lo que sea cuando me propongo algo. Soy neurótico, estructurado, terco y no le temo a la monotonía. Paradójicamente, todas esas características personales fueron precisamente mis herramientas más eficientes para llevar a cabo este proyecto. En abril estuve con mi familia en Viena y tuve la oportunidad de estar presente durante el maratón de esa ciudad. Lamentablemente mientras los corredores hacían su mayor esfuerzo yo estaba bebiendome hasta el agua de los floreros en la zona VIP del evento. En ese momento me hice el propósito de ponerme a correr y de hecho dije que iba a correr la próxima edición de la competencia (abril 2012).

Acondicionamiento físico:

Entre el 1 de mayo y el 23 de octubre corrí aproximadamente 600 km. Estaba siguiendo un plan de entrenamiento de 18 semanas. Empecé a faltar a algunas fiestas porque estaba siempre agotado y adolorido. Aprendí a comer por alimentarme y no por disfrutar por lo que reduje el consumo de sal, de grasas y de todas las cosas que sencillamente son deliciosas e indispensables en la vida de un gordito. Empecé a notar como mi cuerpo cambiaba, la forma que estaban adquiriendo mis piernas, como empezaba a sentir mi corazón aun estando en reposo. Recuerdo que cada vez que me tocaba correr 10 km hacía una especie de ceremonia previa y me encantó ver como llegó un momento en el que si me tocaba correr 10 km era ya una distancia rutinaria. Me concentré en disfrutar el acto de correr, la celebración de la vida en movimiento sin ninguna ambición de competir contra nadie ni de ser más rápido. Empecé a buscar música que me animara y me diera energía y la utilicé para controlar mi paso. De hecho tengo una pista de merengue de los 80s que dura 1 hora 16 minutos y es la que escucho cuando corro 10 km de principio a fin.

Acondicionamiento mental

Recuerdo que en las clases de filosofía en la universidad nos dijeron una vez que para Platón el cuerpo era la cárcel del alma. No pretendo abordar ese asunto a profundidad pero debo decir que la relación cuerpo-alma nunca había sido tan evidente para mí. Como buen nerd que soy tenía que aprender el ABC de este mundo tan interesante. Tenía que hablar acerca del tema, leer, aprender como se decían los términos en todos los idiomas que hablo, saber los detalles fundamentales desde todo punto de vista. Pues, me compré un par de libros, comencé a seguir a una serie de personas, organizaciones y grupos de corredores en Twiitter y en Facebook e incluso me fuí al mundo académico para buscar más insumos. Contemplé teorías evolutivas que profesan que el ser humano evolucionó para correr por cuestiones de supervivencia. Leí la leyenda de Pheidippides, un soldado griego quien según los cuentos corrió desde Marathon hasta Atenas (40 km aproximadamente) para informar acerca de los resultados de la batalla y murió justo después de cumplir su cometido. Debo haber visto casí todo documental, película, video, etc para creer que era posible hacerlo.

El maratón (Maratón de Frankfurt (BMW) 30 de octubre de 2011)

Cuando llegó el día del maratón me encontraba lleno de energía, conocimiento, humildad y curiosidad. Lo increible de este asunto es que nada de eso sirve cuando uno se enfrente a esta bestia. La semana antes del maratón me cuidé como uno cuidaría a un bebé, me puse crema en los pies, comí carbohidratos en cantidad, me mantuve hidratado todo el tiempo, no fui a ninguna fiesta, ni reunión, traté de no desperdiciar energía en nada. Fuí a la feria de Frankfurt y después de recoger mi número, comprar mi camisa del maratón y comerme mi plato de pasta me fui al hotel a descansar. A las 8 de la noche estaba en la cama visualizando la ruta, recordando todas las cosas que me habían pasado durante el entrenamiento y preparándome para dormir. A las 6 de la maniana me levanté porque tenía que encargarme de una serie de asuntos para prevenir ampollas, irritación en la entrepierna y fenómenos bien conocidos como son la tetilla y la uña del corredor. Al final me tardé en el baño más tiempo que una mujer latinoamericana, pero salí de esa habitación como que iba a ganar el maratón. A las 7 de la maniana estaba en el comedor comiendo sin hambre pero ingiriendo todo lo que se necesita antes de la competencia. Me fui caminando hasta la fila escuchando el Nessun Dorma en mi reproductor de música mientras le daba instrucciones a mi cuerpo de que no ibamos a detenernos a menos que nos recogieran en una ambulancia.

Km 1-30

A las 10 en punto comezó el maratón y desde ese momento hasta que yo pude cruzar la linea inicial pasaron como 10 minutos. Mientras iba corriendo iba conectándome con mi cuerpo para ir monitoreando cada proceso que se iba produciendo. Me sentí como que era Rocky o algo por el estilo, me conecté con mis ancestros y sentí mi lado más animal y primitivo a flor de piel. Ya no había vuelta atrás, tenía que enfrentarme a todo lo que viniera porque tenía una responsabilidad importante en los próximos 42 kilómetros. Yo había entrenado hasta 32 km así que por lo menos hasta ese número estaba seguro de que lo iba a lograr. La adrenalina que se genera en esa situación es increible, sentía unos escalofrios que me subian y bajaban, sentía mi corazón como que me estaba dando unos empujones. Además, el egocentrista que llevo dentro de mí disfrutó cada aplauso y grito que venía de la audiencia, que se había depositado en las calles de Frankfurt para ver al keniano pero para verme a mí también. Yo había desarrollado una lista de cotejo mental que me serviria para controlar cada aspecto de mi cuerpo y mente. Cada 10 km me detenía un par de instantes para hidratarme bien, consumir un Power Gel y continuar. Esa distancia la celebraba como que eran carreras independientes así que arrancaba cada 10 km como un evento aislado y los primeros metros los usaba para repasar todos los indicadores uno por uno.

Km 30

Cada vez que entrené hasta 30 km sufría de una sensación de piernas pesadas, dolor en los gemelos y cansancio generalizado. Gracias a esa experiencia estaba aterrado porque no solo iba a correr por primera vez más de 32 km sino que además le temía a la famosa “wall” que supuestamente aparece después de los 30 km. Yo no sé que pasó pero no sentí ningún dolor hasta que llegué al km 35.

El punto de quiebre (km 35)

A pesar de que yo iba dispuesto a todo, jamás pensé que iba a sentir un dolor tan intenso. Al pasar el letrero del kilómetro 35 me dieron unos dolores en los huesos de los pies que pensé que me moría. Yo nunca había setido dolor en esa parte de mi cuerpo por lo tanto no sabía como afrontarlo. En ese momento me preocupé porque no me imaginaba como iba a correr 7 kilómetros en ese estado. Mi tolerancia no daba para tanto y rompí en llanto como un niño. Una señora al verme en ese estado me abrazó y me dijo que todo iba a estar bien, que faltaban solamente 7 km. En ese momento tuve que reconsiderar mis metas y la forma como estaba dividiendo la carrera en mi cabeza. Empecé a negociar con mis pies y a tratar de pisar de otra manera. El problema es que mientras esto ocurria iba perdiendo tiempo y tenía un limite de 6 horas para terminar el maratón. Traté de ser frio al respecto y analizar objetivamente, en función del tiempo disponible, un escenario realista para ver como podría compensar esa situación. Comencé a caminar y a trotar como podía y volví a mi pista de merengue de los años 80s. Ya para ese entonces el reto no era físico sino mental. Apelé a las premisas fundamentales del new age, la autoayuda y la psicología de bolsillo. Pensé en Tony Melendez y todos aquellos seres con problemas más graves que los mios y que han logrado vencer la adversidad. Acudí a los recuerdos más sublimes y me conecté con la música, imaginé que bailaba en una fiesta, tratada de sentir el olor de un perfume de mujer, el sonido de una risa, el recuerdo de una vivencia agradable, el sabor de aquellas cosas que no me había comido desde que empecé a entrenar y así me fui empujando hasta el km 40.

El momento de la verdad (km 40)

Cuando llegué al km 40 me encontré con mi amigo Rodrigo por casualidad. Él viajó a Frankfurt con otra amiga para verme y por fortuna me habían visto en el km 30 corriendo normalmente. Cuando lo ví me detuve a conversar un rato y me tomé la coca cola que el pobre se había comprado. Le dijé que me faltaban solo 2 km (en realidad 2 km 195 m) y que no sabía como lo iba a hacer. De repente volteo y veo que los pacemakers de 5 horas 59 min me habían alcanzado. Ahí dije: si no termino con ellos quedo descalificado. Es increible mi orientación al logro y mi motivación que estaba dispuesto a fracturarme con tal de terminar la carrera. Le dije a uno de los pacemakers: ¿ crees que lo logremos? Y me respondió: “Auf jeden Fall” (algo que yo interpreté en ese contexto como “pase lo que pase”). Fue suficiente que ese prójimo me dijera esas palabras para que una suerte de explosión fisiológica se desarrollara dentro de mí. A partir de ahí corrí con ellos el resto de la distancia y no sé que pasó pero ni siquiera la respiración fue importante para mí, un paso de ellos era un paso mío. Seguí y seguí mientras el hombre me daba algunas palmadas en la espalda y algunas personas que quedaban por las calles me aplaudian. Cuando ví la meta a lo lejos le dí con todo lo que tenía hasta cruzar la meta en 5 horas 53 minutos 3 segundos. Crucé la meta con lágrimas en los ojos y me tiré en el piso a llorar por unos minutos mientras veía mi nombre en una pantalla gigante y veía a los enfermeros acercándose a ver si todo estaba bien.

Ahora me doy cuenta de lo que significa correr un maratón. Mi historia no es la más impresionante que habrás leido. Desde que empecé a meterme en esto he leido notas de personas que corrieron con cáncer, personas que corrieron con una pierna postiza, un viejito de 100 anios que terminó un maratón, una mujer que corrió embarazada, etc. Pero nada de eso borra mi sonrisa y la sensación que tengo de que soy capaz de hacer lo que quiera. Al terminar el maratón siento que no le tengo miedo a nada y si me vienen a caer a golpes en algún momento les diré “dale con todo” que ya sé lo que es resistir dolor del bueno. El dolor del maratón al cabo de un par de días se esfumó, pero la satisfacción, la gloria y el sentimiento no se van. Ese dolor es lo que hace que la gente se meta en este asunto, porque las cosas importantes en la vida duelen, cuestan y pesan. Soy humano y parte de eso es la capacidad de sentir, llorar, sangrar, padecer y resistir. Invertí un dineral para poder sentir todas esas cosas en unos meses y correr salvó mi vida.

Gracias por leer esto y espero que te haya servido para algo.

Hasta la próxima…

Jesús H. Pineda O.
02.11.2011

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