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EL DESMONTAJE DE UNA FARSA “CULTUROSA” PRIVADA, HECHA PÚBLICA EN “PANFLETO NEGRO”.

dolarcadivi

Un supuesto  ensayista, que llamaremos aquí el “escribidor”, un  académico universitario muy «exitoso», un “Rafael Cadenas Siglo XXI venecubano falaz”, se queja -de nuevo- en un largo comentario hecho en un artículo, también bastante largo, dirigido a “deconstruir” su denuncia de lo que fue para él una clara estafa oficialista.
Comienza el “escribidor” su comentario falaz identificándose con la mayoría de venezolanos «Cristos», esos que llaman los políticos, de derechas o de izquierdas, el “pueblo venezolano”. El  sufrimiento que ellos padecen  le es   infligido igualmente al “escribidor”,  por quienes también le dan “lo suyo”, a él como un “ganador de un premio oficialista.  Es decir, a él le dan una ración de sufrimiento pero de tipo “Dólar-today”, lo cual lo hace decir lacónicamente:
“…estoy de acuerdo en que lo que me ha ocurrido es poca cosa comparado con cantidad de trapisondas que los funcionarios del régimen han cometido desde que se implementó el control cambiario.”
Supone que lo de él es equiparable a lo de todos; pero lo de todos es, claro está, «más pior».  Su robo no es equiparable con el robo hecho a la salud popular,  por ejemplo.  La “salud” es, dicho al pasar,   un  “target” retórico-argumentativo en su comentario.  Lo dice explícitamente cometiendo su primer resbalón lógico-retórico:
“ese robo no es nada”.
“By the way”:
¿El “escribidor” escribe válidamente, es decir, respetando la lógica de la argumentación formal? ¿Sabrá acaso que dos negaciones afirman?
A partir de ese uso falaz del lenguaje, escondido detrás de una retórica quejumbrosa, después de esa “metida de pata”, vienen otras dos:
Primero cuando apela a la misericordia, o moviendo la piedad de la mayoría (de sus lectores), y
segundo, cuando utiliza la falacia de generalización haciendo equivalente lo particular a lo universal, o la parte con el todo.  Él –un venezolano estafado- corre el mismo riesgo, y está al mismo nivel categorial que:
“la salud y la vida de millones de venezolanos”.
Presupone este “escribidor”, indebidamente, que todas las empresas farmaceúticas en Venezuela son corruptas, siendo que muchas no lo son pues son “dignas empresas opositoras”, como las «Empresas Polar»  de Mendoza para muchos lo son. Un opositor auténtico jamás diría que esta empresa ha robado, como él presupone que lo han hecho las empresas farmacéuticas. ¡Todas!
Se hace muy sospechoso que ponga tanto énfasis en el problema de la salud (al cual le “inyectan”  dólares preferenciales baratos), el cual intenta asimilarlo al de la cultura para “demostrar” el injusto tratamiento dado a su caso.  Este se muestra como un subterfugio retórico bien montado por él para apelar, de nuevo, no a la piedad de la mayoría sino a la estupidez de los lectores a quienes supone lerdos, lógica y argumentativamente.
Luego de montado en este “carro ilógico”, y confiado en que no se desbarrancará pues es quien lo conduce discursivamente (cree él que lo conduce válidamente, no falazmente) continúa su hemorragia quejica (apelando a la piedad de nuevo) diciendo:
-que si el gobierno viola los derechos humanos,
-que estafa con el control cambiario,
-que soporta a los corruptos y no a gente como él, un sublime representante de una élite universitaria (lo cual niega una y otra vez), y cultural, “élite” suprimida en su discurso, nada corrompida ni de color «negro africano». Eso queda hecho explícito cuando afirma:
“… el premio será pagado en esa moneda que cada vez se parece más a la que circula en el reino de Mugabe”.
Ya por ese “desbarrancadero” olvida el comedimiento y la humildad del “pueblo sometido” que él, implícitamente, dice defender, y se erige en lo que cree ser de manera “suprimida” (pero que niega una y otra vez):  un representante de la élite culta  que identifica con la “Venezuela decente”.
El “escribidor” se nos presenta como un humilde servidor cultural-universitario, abnegado;  es poco menos que un “artista monacal-medieval”, quien está acostumbrado a consumir “pan y agua financiera” solamente,  y quien niega su pertenencia a algún “grupo selecto”:
“…como si el autor del libro ganador perteneciera al selecto grupo de personas que tiene acceso a dólares preferenciales”.
Él, por el contrario, es pobre y purísimo, no tiene las manos sucias:
“… yo vivo en Venezuela, pero no soy el “titular” de una empresa de maletín.”
Tampoco posee lo que legalmente lo facultaría para tener acceso al Dólar preferencial: un registros de comercio.
¿No quedamos que a ese Dólar acceden los corruptos solamente?:
“…no poseo patente de comercio requerida para tener acceso a divisas a 6,30.”
Y remacha su “clavito falaz” moralizante:
“… por no tener tarjeta de crédito respaldada por una institución de la banca pública, tampoco tengo acceso a divisas electrónicas.”
Habiendo acelerado su carromato “i-lógico argumentativo”, y creyéndonos a todos los lectores muy bobos, o “niños de dientes rotos”, concluye muy cartesianamente:
“…ergo:  lo correcto, lo justo,”
intentando por un lado, veladamente,  sustentar lo que previamente dijo, primero, echándole encima ahora “la carga de la prueba” a su contrario:
“…en cambio, el que digas (sic) que yo pretendo cobrar el premio en dólares es una malinterpretación de tu parte.”
y después, sustentando su reclamo “Dólar-today” emotivamente; es decir, apelando a la naturaleza “angelical” del “trabajador cultural” en general, que en su caso es literario, trabajo intelectual que ha de ser considerado como el juego de un niño mimado, quien habría de ser cuidado amorosamente por su “Apá Estado”, a través de la universidad, por lo bello e inerme que es:
“…lo que hubiese representado un verdadero estímulo —uno de los supuestos motivos de la creación del premio, según se dijo en VTV”.
¡Qué moyeja! diría un maracucho, que moyeja de argumentación hermano!
Y así el “escribidor” llega por ese desbarranco a donde quería:  a justificar su reclamo moralmente espurio, y lógicamente falaz.  Y ahora sí, concluye rematando con otro argumento que apela –una vez más- a la piedad de quien lo ha refutado,  y a la piedad de quienes lo leen:
“…no le hagas el juego a quienes…”.
Y como si estuviera con algo de farlopa en sus neuronas, no se da cuenta de su burda contradicción cuando dice que:
“…el Ministerio de Cultura no está pagando el premio apegado a la ley,”
siendo que antes admitió que:
“las bases lo dicen con claridad: si el ganador resulta un escritor venezolano residenciado en el país, lo que no anunciaba la institución patrocinadora del concurso era que el premio lo iban a pagar como si el autor del libro ganador”.
Antes de su “como sí” había admitido que habían normas claras, que las conocía, y con  ellas se había  estipulado lo que ahora reclama como injusto.
Ya creyéndose un representante de la mejor sofística griega, ahora nos ofrece su CV político-moral para desmarcarse de tanta agua sucia “robolucionaria”:
El “escribidor” se identifica:
Primero, como un humilde profesor universitario, no como el representante de una élite;
Segundo como quien le enseña a sus estudiantes el valor de la cultura y su peso para que dejen de ser perraje, marginales o ignorantes, lo cual queda presupuesto en su perorata educativa-cultural final:
“…tengo una visión muy clara de qué es la cultura. Sé perfectamente cuál es su papel en sociedades como la nuestra: introducir en el imaginario colectivo el saber requerido para propiciar cambios socialmente progresivos.”
Él no es un privilegiado, no Señor.
Tampoco es un burócrata tarifado.
Ni es un empleado estatal.
Y entonces, “ergo”, tampoco un funcionario público.
Y por ello dice, como si de la ley de gravitación universal se tratara:
“… yo no publique el texto que usted comenta porque me crea privilegiado.”
No; él lo hizo por amor al conocimiento, por «puro amor al amor al saber»  que no tienen los “tarifados oficialistas”:
“… lo hice porque considero importante que se conozca cuál es verdadero tratamiento que el gobierno le está dando a la producción del conocimiento.”
Pero Señor “escribidor sofista”:
¿Qué es un profesor universitario de una universidad autónoma como Ud.,  sino un funcionario público, como lo es el ministro y su cáfila de “jalabolas” a quien Ud. ataca?
Ud., Señor Profesor universitario, las “jala” de manera diferente, pero las “jala” igualmente: lo hace cuando permanece en la institución académica en donde labora haciendo lo que dice que hace tan “moralmente”:
“…eso es lo que intento conseguir cada vez que entro al salón de clases, el pequeño espacio en el que trato de revertir el signo de estos tiempos.”
Y las “jala” y más duro, al ascender, dar sus clases –si las da realmente-, al evaluar, investigar, etc., pues lo hace dentro de una institución dependiente del Estado;  y de no hacerlo, es el mismo Estado a través de sus autoridades universitarias –muy “autónomas”- quienes lo despedirían levantándole un expediente, muy legal y burocráticamente fundamentado.
Más funcionario público no podría Ud. ser.
Y no hablemos en este punto de lo que muchos profesores como Ud. dicen que son:
«dadores de clase» cada semestre, haciendo eso año tras año hasta que se jubilan.
Muchos profesores universitarios hacen lo que hace, supuestamente, el Ministro que Ud. critica:
“…el Ministro Iturriza y todo su equipo no se comportan como funcionarios que deberían velar por la cultura, sino como los administradores de una agencia de festejos. Eso no es casual: a falta de pan y de medicinas, se requiere circo.”
Es decir, se lo pongo en blanco y negro “pa’ que lo entienda”:
Muchos docentes universitarios son corruptos morales que sólo cobran por «dar clase», y se preocupan por sus salarios y sus premios de investigación en metálico o especies (los famosos PEI por ejemplo), pero no por la auténtica enseñanza, ajustándose a ese principio inmoral que Ud. menciona y quiere hacernos creer que aborrece:
“… el principio que rige el proceder del Ministerio de Cultura es la estafa en todas sus variantes.”
Ud., Señor “escribidor” sabe muy bien que muchos profesores universitarios mediocres pero “guapos y apoyaos” por las autoridades correspondientes, se esconden en institutos de investigación, y en las posibilidades de investigar subvencionados por los CDCH, para proceder como el Ministro que, según Ud., lo estafó malignamente. Pero Señor “premiado”:
Lo que es igual no es trampa; lo que es bueno para el pavo lo es para la pava. Es simple lógica de sentido común cartesiano. Cuando entre burócratas te ves, desde luego.
Al final de su “defensa” se le van los frenos a su carromato discursivo, y se estrella con el concepto que da de cultura, de la cual infiere una filosofía social y política que la cree válida y de defensa universal, mostrando así su ignorancia científico-social, antropológica y filosófica supina:
“…tengo una visión muy clara de qué es la cultura. Sé perfectamente cuál es su papel en sociedades como la nuestra: introducir en el imaginario colectivo el saber requerido para propiciar cambios socialmente progresivos.”
Y de esa manera termina pontificando falazmente, y ofreciendo como corolario moralizante un condicional  que es falaz, afirmando irrefutablemente, como si tal cosa, que si todos asumiéramos su filosofía social, política y cultural, apoyados en el tan cuestionado concepto de “cultura” por Ud. ofrecido,
Primero, no estaríamos como estamos todos los venezolanos (¡?).
Y, segundo, no habría ganado Chávez:
“… es más: si los intelectuales tuviesen bien claro cuál es el rol de la cultura en sociedades como la nuestra, Chávez jamás hubiese sido presidente de Venezuela. A ningún venezolano con una sólida formación cívica se le hubiese ocurrido que un militar golpista tenía el perfil requerido para rodearse de gente que pudiera ofrecernos un mejor país. La solución a los problemas que enfrentamos hoy en día los venezolanos es, en esencia, un desafío cultural.”
Le concedo posible validez a lo primero, muy cuestionable “factualmente” sin embargo.
Pero lo segundo, señorito “premiado”, es una “formal” falacia histórica.  Aquí Ud. razona de adelante “pa’tras”. Va de las consecuencias a las causas.
¿No se da “de” cuenta? (sic).
Además de ofendernos (presuponiendo en nosotros “debilidad mental cívica”), a “todos” los venezolanos clase media universitaria, quienes hicieron posible el triunfo popular de “mi-comandante”:
“… sólo una política cultural adecuada podrá restituir el coeficiente cívico requerido para granjearnos el derecho a una vida digna para todos los venezolanos”.
Además de tal ofensa, nos ofende aún más con su reclamo. Me explico:
Vista la manera como maneja la lógica que subyace detrás de la belleza “poético-literaria” (la cual le ha dado tanto “éxito”), de algo dicho en forma de ensayo premiable (reconocido por quienes informaron sobre su premio) –lo que Ud. escribió, y por lo cual lo “dolarizaron a Bs.F. 6,30”-, Ud. Señor “escribidor”, en lugar de reclamar debería guardar silencio, y sentirse muy, pero muy bien tratado por los “chavistas” que Ud. considera tan tramposos”.
Quien fue estafado con su premio fue el Estado venezolano –y nosotros como parte de él, por ser ciudadanos- al darle a Ud. un premio realmente inmerecido.
Ud sabrá medio escribir “bellamente”; pero lo que ha demostrado con su comentario es que no sabe pensar lógica-argumentativamente, y lo que es peor, ha demostrado que Ud. es falso moralmente hablando.
Ud. es todo lo contrario a lo que sería  un defensor de la “parresía”,   un Sócrates, o uno de esos estoicos que intentó comprender Michel Foucautl cuando ofreció su seminario sobre esa temática en Berkeley.
Ud., Señor escribidor es un fraude y una real estafa burocrática-universitaria.
A Ud. debería decírsele como le dijo el Rey español al Ido:
“Cállese la boca, no hable para que no le huelan su aliento ilógico e inmoral”.
ooo
Arnaldo E. Valero – 29 octubre, 15 dijo:

Estoy de acuerdo en que lo que me ha ocurrido es poca cosa comparado con cantidad de trapisondas que los funcionarios del régimen han cometido desde que se implementó el control cambiario. A mí me han robado de manera descarada, pero ese robo no es nada comparado, por ejemplo, con el atropello que se ha cometido con esas empresas farmacéuticas que fabrican medicamentos fundamentales para garantizar el derecho a la salud y a la vida de millones de venezolanos. He sido víctima de una injusticia, pero mi caso es ínfimo en comparación con las acciones que han convertido al gobierno de maduro en un régimen que ha violado de manera sistemática los derechos humanos de millones de venezolanos.
En cambio, el que digas que yo pretendo cobrar el premio en dólares es una malinterpretación de tu parte. Las bases lo dicen con claridad: si el ganador resulta un escritor venezolano residenciado en el país, el premio será pagado en esa moneda que cada vez se parece más a la que circula en el reino de Mugabe. Lo que no anunciaba la institución patrocinadora del concurso era que el premio lo iban a pagar como si el autor del libro ganador perteneciera al selecto grupo de personas que tiene acceso a dólares preferenciales. Yo vivo en Venezuela, pero no soy el “titular” de una empresa de maletín. a diferencia de esos señores, yo no poseo patente de comercio requerida para tener acceso a divisas a 6,30. Es más: por no tener tarjeta de crédito respaldada por una institución de la banca pública, tampoco tengo acceso a divisas electrónicas. Ergo: lo correcto, lo justo, lo que hubiese representado un verdadero estímulo—uno de los supuestos motivos de la creación del premio, según se dijo en VTV– hubiese sido pagar el premio calculando el dólar a tasa SIMADI.
No le hagas el juego a quienes han saqueado el país enarbolando la bandera del socialismo del siglo xxi, John Manuel: el ministerio de cultura no está pagando el premio apegado a la ley, lo que ha hecho es repetir el desfalco de quienes ahora tienen cuentas millonarias en andorra y otros paraísos.
Yo no publique el texto que usted comenta porque me crea privilegiado. lo hice porque considero importante que se conozca cuál es verdadero tratamiento que el gobierno le está dando a la producción del conocimiento. el principio que rige el proceder del ministerio de cultura es la estafa en todas sus variantes, desde la oferta fraudulenta hasta el robo descarado. El Ministro Iturriza y todo su equipo no se comportan como funcionarios que deberían velar por la cultura, sino como los administradores de una agencia de festejos. Eso no es casual: a falta de pan y de medicinas, se requiere circo.
Tengo una visión muy clara de qué es la cultura. sé perfectamente cuál es su papel en sociedades como la nuestra: introducir en el imaginario colectivo el saber requerido para propiciar cambios socialmente progresivos. Eso es lo que intento conseguir cada vez que entro al salón de clases, el pequeño espacio en el que trato de revertir el signo de estos tiempos. Si los “intelectuales” que han asumido cargos de importancia en el gobierno hubiesen entendido eso, hoy no habría gente golpeándose en los mercados por un pollo subsidiado, ni habría enfermos de diabetes con amputaciones por falta de medicamentos, ni tendríamos un índice tan alto de embarazos precoces. Es más: si los intelectuales tuviesen bien claro cuál es el rol de la cultura en sociedades como la nuestra, Chávez jamás hubiese sido presidente de Venezuela. A ningún venezolano con una sólida formación cívica se le hubiese ocurrido que un militar golpista tenía el perfil requerido para rodearse de gente que pudiera ofrecernos un mejor país.
La solución a los problemas que enfrentamos hoy en día los venezolanos es, en esencia, un desafío cultural. Sólo una política cultural adecuada podrá restituir el coeficiente cívico requerido para granjearnos el derecho a una vida digna para todos los venezolanos.

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