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Mi Top Ten del 2008: o como entrar y salir de las entrañas del monstruo

No me interesan las llamadas películas de autor. No me interesa el cine con aires de importancia, trascendencia y solemnidad, sobre todo si es de origen nacional. No me gusta la jerarquización esnobista de la cartelera. No me gusta el sentimiento de superioridad de las élites del buen gusto. Por tanto, mi top ten no viene relleno de grandes nombres y reclamos festivaleros.Eso se lo dejamos a los consentidos de la prensa mainstream.

Mi top ten es un conglomerado de las así llamadas cintas menores o superficiales de la cartelera. Por supuesto, no incluiré en la lista a las dos mejores del año, y posiblemente de la década, “Batman” y “Wall-E”, por respeto a los lectores.

La idea es obviar el lugar común de la clásica y previsible “lista de las diez mejores”, según los juicios y prejuicios de los supuestos entendidos en la materia. A la porra con ellos.

Para mí, lo más valioso de la cultura de masas proviene de la basura de la industria, no de sus márgenes alternativos, ni de sus formas precodificadas por el arte y ensayo. Para mí, “Ceguera” es la retaguardia, es la reacción, es el cine a combatir. Para mí, la profundidad y la vanguardia anidan en las llantas del Mac 5.

Una lista políticamente correcta incluiría puros tiros al piso como “Promesas del Este”, “No es Lugar para Los Débiles”, “Juno”, “Antes que el Diablo Sepa que Has Muerto”, “Los Falsificadores”, “Petróleo Sangriento”, “Viaje a Darjelling”, “la Familia Savage”, “Elsa y Fred”, “4 Meses, 3 semanas y 2 días”, “Lust Caution”, “Black Book”, “Tropa de Élite” y muchas otras; todas galardonadas y celebradas ecuménicamente, pero sin mayor oposición crítica.

Una lista nada convencional debería apostar por la aventura, el fracaso, el abucheo y la condena. Debería defender lo indefendible. A ello nos dedicaremos a partir de ahora.

10) Meteoro.

Brillante, alucinada, incomprendida. El futuro de la animación en una película tan lúcida como sarcástica, tan cínica como desmesurada. Los Wachowksy se ríen de todo y de todos, incluso de sí mismos, pero nadie les entiende el chiste. Tarde o temprano, nuestros hijos la reivindicarán en el panteón del mañana.

9) Death Race.

Enorme remake del placer culposo de Rogar Corman, “Death Race 2000”. El creador de “Alien versus Depredador” lo retoma para convertirlo en un frenético alegato contra las sociedades disciplinarias de hoy en día, a ritmo de “Pimp My Ride”, entre el lenguaje del video clip y la estética del juego de rol a campo traviesa.

El resultado es la versión tuning de la fuente original, bajo el paraguas de George Orwell en “1984” y John Carpenter en “Escape de Nueva York”. La serie “b” como respuesta al autoritarismo del reality show. Carrera mortal para salir con vida de nuestras prisiones darwinistas. Inolvidable Jason Stanthan en el papel principal, mientras la faústica Joan Allen lo televigila desde las alturas del panóptico mediático.Increíble el carácter autoconsciente del realizador de la puesta en escena. Fascinante la condición híbrida del proyecto. En resumen, un cine inteligente con carros, hiperviolencia, erotismo publicitario y kilómetros de acción subversiva. Imposible pedir más.

Ocho) Rec.

Obra maestra del género de terror, excluida del Festival de cine Español. Al parecer, siguen persistiendo innumerables prejuicios contra la estimulante industria del pánico hispánico, tras haber superado su etapa inicial de ingenuidad franquista.

En la actualidad,  el espanto y el brinco con acento castizo reciben no sólo el respaldo del fanático de la “Scary Movie”, sino el apoyo de la escuela ortodoxa. Por decir algo, teóricos y académicos de Europa convienen en reconocer los aportes de cultores del miedo español de la talla de Narciso Ibáñez, Alejandro Amenabar, Alex de La Iglesia y Juan Antonio Bayona.

En el mismo sentido, irrumpe la carrera ascendente y admirable de Jaume Balagueró, el cerebro detrás de la memorable “Rec”. Por encima, el largometraje es una acertada combinación del feísmo verista de “El Proyecto de la Bruja de Blair”, el espíritu underground de “Night of the Living Dead” y el absurdo costumbrista de “La Comunidad”.

El propósito del guión radica en hacer una relectura del filón zombie, a propósito de la desgracia de una periodista encerrada en un edificio infestado de muertos vivientes. Lo demás escapa del cliché gracias a la cámara nerviosa y a la imaginación perversa del encargado de la batuta. Ojo con su mirada pesimista porque evoca el origen oscurantista de la madre patria. El fantasma de Goya renace de la mano de una despiadada pintura negra.

7) Wolf Creek.

Porno tortura conceptual. Tres chicos salen a dar un paseo por las afueras de Australia. Durante varias horas no pasa literalmente nada. Únicamente el retrato de la banalidad del hombre frente a lo inexplicable de la fuerza de la naturaleza. De su choque surge una enigmática y poderosa pieza de género, influida por la sangre de los maestros del horror.

La fórmula del asesino en serie alcanza cotas de tratado existencial en la demoledora “Wolf Creek”, un hermoso ejercicio de estilo capaz de evocar la enrarecida atmósfera fantástica de Peter Weir en la misteriosa “Picnic at Hanging Rock”. Por algo las dos fueron gestadas en la tierra de los canguros, al reverso del melodrama épico de “Australia”.

6) El Fin de los Tiempos.

Shy vuelve a ser masacrado y vapuleado por “El Fin de los Tiempos”, su última genialidad en honor a las raíces del suspenso metafísico, tomando como excusa un argumento apocalíptico del filón catastrofista. 50 % meditación post 11 y 50 % homenaje a Hitchcock, The Happening recupera la esencia fúnebre del cineasta para orquestar el réquiem for a dream del 2008 y de la generación Bush. Su lúcido expresionismo anticipa la crisis colectiva de la caída del Wall Street y logra pasar a la historia como documento antropológico de su época, al nivel de la corriente alemana de Caligari y compañía, en su vinculación sintomática con el desastre esquizofrénico de la era Hitler. Cuidado con el secundario de Jhon Legizamo, porque le roba el show al protagonista.

5) El Tren de las 3 y 10 a Yuma.

Modélico western revisionista concebido por James Magold, el de la floja “Copland”. Aquí se redime por completo al proponer una relectura de la tradición vaquera, al margen del maniqueísmo de costumbre. Es igual a “Dark Night” en el fondo de su visión de la bondad y la maldad, aunque menos aparatosa y pirotécnica. Curiosamente, ambas son interpretadas por Christian Bale.

Recomendada para quienes todavía creen en la posibilidad de un cine maduro y reflexivo dentro del sistema de explotación de los estudios. John Ford y Howard Hawks la hubiesen recibido con los brazos abiertos.

4) 1408.

Ideal para una noche de desvelo de Daniel Pradilla. De manera certera y a veces fallida, la cinta sabe fundir el acabado literario de Stephen King con la imagen desesperada de John Cusack, acosado por sus eternos fantasmas en un motel de mala muerte, en la onda kafkiana del edificio de “Being John Malcovich”.

Su continuación pareciera encarnar en “1408” al calor de una deconstrucción de la novela de bolsillo, alrededor del tópico paranormal. De tal modo, el rey del best seller se mira al ombligo y nos ofrece el autoanálisis despiadado de su trayectoria gótica. A pesar de su decepcionante desenlace, “1408” contiene varias de las secuencias clave de la temporada. Verbigracia su tragicómica introducción, con el personaje central en medio de tour bizarro por librerías por departamento para presentar sus mediocres ediciones de usar y tirar.

3) Una Guerra de Película.

Una de las mejores comedias del año,sin temor a sonar grandilocuente, demagógico y exagerado. Con “Tropic Thunder”, Ben Stiller reconfirma, delante y detrás de cámaras, su enorme talento para valerse del humor negro como un arma de destrucción masiva de estereotipos y clichés de Hollywood. En su cuarta obra maestra al hilo, el actor y realizador barre el piso, en cuestión de horas, con el patrimonio americano del cine bélico, desde “Apocalipsis Now” hasta “Jarhed”.Así, la densidad satírica del bufón logra perpetrar un atentado terrorista por partida doble: primero contra la corrección política de la industria al momento de reflejar la miseria de la guerra, y después de cara a la campaña de ocupación del medio oriente. Ambas realidades y referentes conviven en el interior de un hilarante desmontaje, en la tradición de “Zoolander”, sobre la incapacidad de la meca para abordar con seriedad el problema del absurdo militar.El mensaje pacifista de Chaplin consigue heredero.Ni hablar de la resurrección de Mister Iron Man, Robert Downey Junior. Con justicia, Tom Cruise obtiene la nominación al Globo de Oro por su devastadora caricatura de Harvey Weinstein, a la enésima potencia de Jerry Brukheimer. Los cuarentones barrigones y calvos devenidos en los señores de las sombras de la meca.

2) Hemanastros.

Grata sorpresa de la temporada de verano, aunque la película mueve a la sospecha y luce como un refrito indigesto, aliñado por el clan Apatow en alianza con los panas del alma, Will Ferrell y John C. Reilly, escritores y protagonistas de la charada. Sin embargo, la realidad es otra y vale la pena descubrirla.De hecho,“Hermanastros” debe figurar en el podio de las grandes comedias del 2008, por sus incuestionables virtudes.En el plano del humor, el trabajo derrocha agilidad y soltura a la hora de conjugar situaciones absurdas con diálogos acertados, funcionales a la trama de un par de cuarentones enlazados por el matrimonio de sus respectivos padres.A partir de ahí, “Steep Brothers” aprovecha la excusa del argumento para profundizar en el tema de la dependencia paternal, mientras acaba por defender el refugio infantil de los dos personajes como un pequeño foco de resistencia ante la deriva del mundo adulto.Lo demás deja constancia del poder liberador y subversivo de la risa en abierta oposición al enfoque conservador del género.

1) Cloverfield.

Ver para creer. Un prodigio. Un milagro. Una metáfora de la derrota de la cruzada americana contra el pánico invisible de las dos torres.El monstruo arrasa con Nueva York, como emblema del terror, y ni las fuerzas armadas pueden conjurar y doblegar a la bestia, quien triunfa por encima de las aspiraciones políticas y populistas de las películas al uso. Cloverfield traiciona las expectativas de la teen movie al evadir cualquier asomo de esperanza para sus jovencitos en apuros. Ninguno sobrevive a la masacre y el monstruo los aniquila con la frialdad de los francotiradores de “Elephant”, hacia el ocaso de su operación comando. Para rematar, la propuesta visual es absolutamente moderna, al servirse de las nuevas tecnologías para engranar sus piezas retóricas. Las referencias y tributos a la obra de Peter Watkins, el padre del falso documental, son evidentes, cuando la ficción y la no ficción se conjugan a la perfección a la manera espectacular de la coreana The Host.

En suma, Cloverfield absorbe el poder interactivo de la senda youtube, para dejarla por el piso y a merced de nuestros engendros mentales. Al final, Cloverfield se engulle a la minicámara de la película y asesina automáticamente al cine del presente y el futuro. Después de todo, en las entrañas del monstruo residen nuestras posibles y únicas fantasías. Como salir de allí con o sin vida, es el dilema del tercer milenio. Feliz 2009, si acaso todavía tiene sentido invocar a las habituales promesas de cambio y resurrección.

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