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La “autocrítica” revolucionaria

Autocrítica

En el principio, la leyenda decía que una de las características que distinguiría al Socialismo del Siglo XXI de los otros socialismos sería la “autocrítica”.

Mediante este mecanismo el pueblo comprometido corregiría a los dirigentes si éstos perdían el rumbo hacia el glorioso destino socialista.

Por ejemplo, el pueblo “contralor” detectaría alguna irregularidad (económica o social), ésta sería comunicada al (los) dirigente(s), éstos la analizarían y aplicarían el correctivo necesario. Todo perfectamente plausible, totalmente falto de originalidad, pero aplicable. De esta manera se evitaría el destino de otros experimentos en los que, supuestamente, la falta de este mecanismo contralor llevó a la debacle esos ensayos socialistas.

(Suspiro).

El problema, el problemilla, el detalle, pues, es que el poder no admite críticas y menos cuando es totalitaio o se aproxima a serlo. ¿Qué ha pasado con esta “autocrítica” en la práctica? Que es puesta de lado, porque existen consideraciones más importantes. Es decir, cuando se superen las cosas más urgentes ya se retomarán las críticas (pero, extrañamente, siempre surgen otras cosas urgentes que posponen la crítica indefinidamente).

Una de esas urgencias-que-matan-críticas la tenemos de ejemplo en el intercambio que el vicepresidente Elías Jaua y el politólogo Nicmer Evans sostuvieron en twitter el fin de semana. Ante las críticas que éste último hizo al recibimiento acrítico que ha hecho el oficilialismo a los salta-talanqueras de la oposición y al candidato Maduro por no poner en la agenda de discusión los temas importantes, Jaua le respondió:

“¿A quién conviene la interpelación de (Nicmer) Evans a Nicolás Maduro?”

“Al frente hay un enemigo, lo invito (Nicmer Evans) a dedicar su pluma a confrontarlo“

“El militante en medio de una batalla, cierra filas con quien la dirige“

“Todos y todas cerrar filas en torno a @NicolasMaduro en esta batalla por la vida de la Patria. Luego habrá tiempo para el debate”

Luego habrá tiempo para el debate. LUEGO HABRÁ TIEMPO PARA EL DEBATE. No te estamos pidiendo que que autocensures, compañero, no, no, no, es que hay un tiempo para cada cosa, y ahorita, ahoritica, no es el momento (ni después, ni mucho después, ni nunca).

Esto engancha con otra frasesita típica: “no hay que darle armas al enemigo”. Traducción: si nos criticas le muestras al enemigo y (lo mas importante) a nuestros seguidores que somos falibles, que podemos estar equivocados y que alguien fuera de nuestra iglesia puede tener la razón. Esta excusa ha callado, autocensurado y provocado el borrado de artículos de parte de cualquier tipo de cagatintas oficialista, incluso de aquellos que se jactan de que nadie los manda a callar.

Y esto, señoras y señores, es todo lo que da la fulana “autocrítica” revolucionaria.

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