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Top-5 libros que dejarias "escondidos" para que tus hijos descubran lo dura que es la vida

Top-5: s. Lista arbitraria, extremadamente personal, hecha por un colaborador de Panfleto Negro.

Omitimos algo? ¿Quieres escribir tu propio TOP-5? Visita el foro de panfletonegro haciéndo clic aquí


O.

La televisión e internet nos llevan ventaja en la educación de nuestros hijos. Realmente dudo que los míos tengan que repetir la búsqueda que yo un día inicié en mi casa para descubrir lo dura que es la vida. Sin embargo, procedo a enumerar absurdos, por nostalgia, quizás, procedo a enumerar los libros que dejaría regados por la casa para que mis hijos, si lo necesitan, se salten el paso engorroso de preguntarle a papá si esto o aquello, si el salto del tigre o la bicicleta voladora, si con o sin, si antes o después, si mucho o poco (con algo de suerte terminarán por no preguntárselo más y serán felices): CINCO Nosotros una colección anónima y concienzuda de todos los clichés sexuales de los setentas, desde la niña perversa, pichón de ninfómana, que pierde la virginidad en medio de una desviación sexual del Síndrome de Estocolmo, hasta el gay que experimentaba de adolescente con una yegua doméstica, sin olvidar a la comehombres que reúne a TODOS sus amantes (sólo tres) para poseerlos en una comunión sexual (para entonces) atrevida e impensable. Hoy día la encuentro una novela panfletaria, barata e hilarante, pero la evolución de un lector es la evolución de la literatura toda y por algo hay que empezar. CUATRO Varios números al azar de la revista LUZ una revista de educación sexual que creo difunta. Profusamente ilustrado, este interesante consultorio para las inquietudes sexuales del ser humano común, lograba captar la atención ante temas tan aburridos como la citología o el papanicolaus o el método de ritmo. TRES En los tempranos ochentas, la edición española de Penthouse, aparte de estar  llena de fotos que recuerdo medio nubladas de pechos naturales y sexos sin exfoliar, proveía al lector de cuentos eróticos, un consultorio en el que desde alrededor del mundo llegaban las fantasías o rarezas de los asiduos. Casi al final de cada número, antes del cómic mensual de Wanda la Perversa que nunca he vuelto a encontrar, en fondo gris, un caso especial de estos testimonios  consistía en una escena erótica narrada por uno de los personajes envueltos y de inmediato, al lado, el otro lado de historia, la experiencia de la pareja, reafirmando, descalificando, sufriendo o burlándose del suceso que acaba de ser narrado. Lo más interesante de la columna era una tercera etapa, titulada algo así como opina el Dr. Stevens, un tercero que agarraba una vela en el entierro de una manera casi surreal. DOS En mis tiempos universitarios, cuándo a los quince años dejé nominalmente la casa de la familia, caí para bien o para mal en El Rancho, una oda al hacinamiento que una vez mereció la visita de las cámaras de la televisión nacional. Una residencia estudiantil, por ponerle un nombre, en la que el tiempo se nos iba entre hablar de mujeres, completar nuestra educación musical y cinematográfica, y trasnocharnos jugando RISK o póker. De gira por los baños insalubres de El Rancho deambulaban, casi con vida propia, números de PLAYBOY española, de PENTHOUSE, cómics de Horacio Altuna y el legendario El encanto de la mujer madura, de Monasterios. Ese machismo, esa ignorancia, ese placer por la inmediatez, no sé si sea saludable para un chico que se educa sexualmente, pero es algo que hay que recibir. Como las película de Ginger Lynn, como las primeras entregas de Caught from Behind o Cine Prohibido. Cómo el mismísimo TOP UNO, Las memorias de Xaviera Hollander. El compendio más minucioso de las perversiones sexuales del siglo que ya irremediablemente terminó. Un libro mal escrito. Un libro lleno de falsedades. Pero un libro divertido, un libro que incita a la curiosidad. Un libro que apunta y nos deja decidir si nos acercamos y vemos si es cierto. Quizás sea ese perverso apuntar a donde no hay nada el origen de todas las perversiones sexuales, de toda la evolución misma de la sexualidad moderna, si tal cosa existe.

Estas cosas dudo que se consigan en una librería. De hecho, creo que el único sitio que recomendaría para encontrarlas es debajo del puente de la Fuerzas Armadas, si aún existe.

Ahora, la honestidad: estoy feliz de que se acabara el Top 5. Mostrar lo malo que puede llegar uno a ser en asuntos poco cotidianos puede ser un ejercicio liberador o deprimente. Puede meterte en problemas también. Puedes insultar a la gente sin quererlo y puedes perder su confianza o ganarte su afecto. En lo personal, lo veo un ejercicio de libertad. De eso se trata, creo, de que la libertad suele meterte en problemas, suele insultar a la gente y ganarse su desconfianza o su afecto. Desearía que a alguien le entretuviera o le fuera útil el ejercicio. Para mí lo fue: ya compré uno de los mejores libros que se puede leer mientras se caga, sugerido el mes pasado por el Pratt.

Y respecto a este último Top, la verdad, releyendo, esta es más una lista de provocaciones que de guiaturas alternativas, imagino que mis hijos crecerán por el camino que conduce inevitablemente a la perdición. Pero bueno, el infierno para mí siempre se ha parecido más a los libros que reparten los Testigos de Jehová que a las confesiones de Madame Xaviera.

Bonus track: un Diccionario Visual del Sexo que solían distribuir los héroes anónimos del Círculo de Lectores.

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Pedro Enrique Rodríguez

Lo más duro que he leído en los últimos años fueron las trascripciones de todas las fatuas inquisiciones que hicieron los diputados chavistas en la asamblea nacional a la gente que estuvo metida en el golpe del 2002. Fue una experiencia agónica que sólo me dejó una idea: la estupidez es amplia, generosa, gratuita. Puesto que lógicamente jamás se me ocurriría someter a un posible hijo a tal estulticia, se me ocurre esta lista de páginas que a lo mejor podrían mostrar la cara dura de la vida sin perder el gesto de la elegancia, el movimiento de la inteligencia. Por lo demás, creo que es más delicado limitarse a “esconder” la pornografía, puesto que parte de su disfrute está, precisamente, en su lectura secreta, lujuriosa, fascinada. Un ojo en la página lúbrica y otro en la puerta cerrada.

1. Los versos satánicos, Salman Rusdhie. A principios de los 90’s corrió un rumor según el cual quien leyese este libro estaba en grave peligro suicida. En realidad, se trataba de un libro de una tristeza paródica, bien escrito, con hermosas mariposas que flotaban en algún lugar del Indostán y uno que otro comentario paródico, pero benévolo, sobre el profeta de los desiertos. Lo único escalofriante es que por sólo escribirlo, Rusdhie recibió una fatwa, sentencia de muerte del Islám, dictada por el incivil ayatollah Jomeini. Creo que es una buena manera de descubrir lo dura que puede ser la vida: los fanáticos pueden querer tu cabeza por sólo escribir literatura.

2. Las edades de Lulú, Almudena Grandes. Es duro descubrir cómo el sexo que empieza tan bien, acaba tan mal. Es duro descubrir que la distancia que nos separa de la perversión es la dura constatación de que existen cosas que, simplemente, no se pueden hacer.

3. Crimen y Castigo, Fedor Dostoyesvki. No sé por qué, pero los adolescentes de mi generación leíamos a Dostoyesvky al mismo tiempo que a Sábato y Nietzsche en mitad de amores trágicos e incomprensibles. Una combinación dura, me parece. No consigo un recuerdo mejor de la dureza de la vida que despertar después de la siesta en las tardes calientes de la ciudad plana en la que viví pensando en el sinsentido, en el desmesurado fastidio de tener que inventarme una identidad a la vez que veía pasar ante mis ojos los umbríos arrabales de San Petersburgo donde el desangelado Raskolnikov se convertía, por un momento, en una aterradora posibilidad de estar en el mundo.

4. El túnel, Ernesto Sábato. Sé que algunos verán más horror en Sobre Héroes y Tumbas,  pero al menos para mí, El Túnel significó una revelación que Sobre Héroes y Tumbas sólo continuó. Piénsese en esta frase: “Claro que pagábamos cruelmente esos instantes (…). Cualquier cosa que hiciéramos (hablar, tomar café) era doloroso, pues señalaba hasta qué punto eran fugaces esos instantes de comunidad”. Demasiado parecido a las patéticas historias de amor de la adolescencia, ¿no?

5. Rayuela, Julio Cortázar. Durante años, leí esta novela con la fascinación, el desconcierto y el amor de las cosas fantásticas.  El inicio del capítulo 73: “Sí, pero quien nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette”, es una frase que me ha acompañado, a la manera de una Mandala, en algunos instantes escabrosos. La dureza de la vida se percibe sola, igual que su infinita belleza. Pero es bueno acompañarla con el milagro de la mejor literatura.

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Daniel Pratt

5. Ley de Murphy, varios compiladores. La edición que está en mi casa se la regalaron a mi papá durante un vuelo, supongo que uno de los top-5 peores lugares para hablar de Murphy. Lo cierto es que quizás dejaré esa misma copia (Arthur Bloch, compilador) en alguna parte fácilmente alcanzable para que mi hijo se vaya acostumbrando a la principal ley mecánica que rige la tecnología del hombre.

4. Los Jefes/Los Cachorros. Mario Vargas Llosa. Crecer es duro, crecer con algún impedimento secreto, más, pero no hace falta ser castrado para saber que en la vida te puede ir muy mal si no tomas las decisiones correctas.

3. Cuando quiero llorar no lloro. Miguel Otero Silva. Quizás si es muy niño, tenga problemas con para entender el prólogo, pero el resto es un relato redondo: a nadie le toca fácil, todos nos quieren hacer daño -sobre todo los cabos sueltos que se dejan en la vida- y más importante aún, al final vamos a parar al mismo sitio.

2. El Principito. Antoine de Saint-Exupéry. La flor, el zorro, el indiscutible cambio de óptica que sufre la gente cuando se vuelve adulta y aburrida, la inevitabilidad de la muerte, todo en una bomba inteligente fácilmente digerible por el subconsciente incauto.

1. ¿De dónde venimos?. Peter Mayle. “Un eficaz instrumento de ayuda para los padres” y la primera explicación seria que obtuve de dónde vienen los niños. Uno de mis primeros destapa-cerebros, había cosas en ese libro que no podía creer, pero desde ese momento intuí con muchísima precisión que si todo eso de verdad ocurría y tanto dependía de la relación entre los dos géneros, estaba condenado a llevar una vida complicada.

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