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Mis respetos al fenómeno social de estos tiempos

Consciente, me he negado a hablar de política en el Confesionario. Lo considero poco actual, pero en esencia, es coherente con mi sentir. En todo caso la opinión seria muy pobre porque cultivo una cotidianidad apolítica. Ahora bien, me encuentro genuinamente impresionada por los movimientos sociales de estos tiempos y veo asombrada la actividad emocional manifestada  en  amigos y conocidos.

Después del Revocatorio la energía surgida fue sorprendente. Los ganadores tiñeron con sangre su victoria y de nuevo la muerte fue protagonista con su impunidad aterradora. Los perdedores aún permanecían en estado de shock, ante los resultados, para el momento que escribía estas líneas.

Admito saqué cuentas. En forma infantil sumaba con los dedos y hacía hogareñas proporciones. Nada. El monto no cuadraba. Sonreía con disimulo porque recordaba el control mensual de mis gastos al procurar acomodar compras que no encajan en la cuenta en positivo.

Alguien está mintiendo o esto es un inmenso iceberg social del que solo vemos la superficie. Tomo esta dirección.

Una de las argumentaciones sugeridas, en el sondeo de opinión realizado a los  allegados y familiares,  es que: él ganó por ser el único atento a los “pobres y aquí hay muchos pobres”. (¡¡¿¿??!!)

¿Quién eres si te consideras “pobre” y “crees” necesitar a alguien para “sobrevivir”? ¿Cómo actúa un ser que sé auto-califica inferior y aplaude honrando a quien considera superior? ¿Qué podemos esperar de una persona que  decidió “esto”?

Mi explicación es personal, no tan buena o plausible y tiene dos direcciones: Por un lado, la certeza de vivir la tendencia atávica de aferrarnos al pasado conocido, en el momento en que lanzados en parapente, hacia una nueva evolución, nuestros miedos nos someten a lejanas ideas e impiden el arrojo, recordándonos que antes las cosas “eran mejor”  (por conocidas no por buenas. Y  por otro lado, la seguridad absoluta de que hubo “olvido” de los que deseando avanzar no lo hicieron, por carecer de las herramientas de transformación. (Ya escucho los gritos de la oposición negando este planteamiento)

El problema... el de siempre. El ciudadano creyéndose un pequeñuelo y le exige a su “papá” que lo ayude en la solución de sus problemas. El asunto es social y no político. No creo  otra cosa.

¿Cómo es la sociedad que forcejea entre la tecnología de punta de una telefonía móvil que saca fotos, te hace ver televisión y hablar con cualquiera (todo al mismo tiempo) y además permite a personas y niños dormir en la calle, matar por zapatos o ideologías y apoyar a líderes que toman conceptos de antaño, farfullados en el eterno populismo de nuestra nación? ¿De qué se trata esto? ¿Dónde está la memoria?

Si hay dos grupos sociales creyendo tener la razón y peleándose por tener el control de “todo”,  entonces la causa no es la revolución o la justicia. Es un verdadero cisma de ideas en la forma de conseguir lo deseado ¿No es mejor aceptarlo de una vez para comenzar a remediarlo?

Y esta nueva sociedad, amarrada a las posiciones conquistadas desechando a todo el que no piense parecido ¿es una nación típica de este siglo o un pseudo grupo hijo de repeticiones pasadas?

¿Dónde están las respuestas a estas interrogantes? Quizás cada uno debería ir construyendo argumentos individuales y sociales, o ¿vamos a seguir permitiendo que los “poderosos” escriban la historia personal de cada quién?. ¿Es “creíble” el pueblo dónde la veleidosa colectividad cambia sus favores en virtud de la oportunidad que se presenta? ¿Los intereses económicos y políticos son “siempre” más importantes  que la “conciencia?”

A cada tanto escucho la frase: Venezuela es un pueblo noble lleno de riquezas  que ha tenido 40 años de malos gobernantes (¿no serán 46?) Pero ¿los gobernantes nos caen del cielo designados por un extraterrestre de la Osa Mayor? Somos nosotros quienes elegimos, conscientes o no y cualquiera mayor de 25 años, optó en el pasado y lo hizo por verde, blanco o la izquierda. Con todo el amor y respeto sentido por la tierra donde nací y mis hermanos, considero que todos somos absolutamente responsables del presente y ni tan nobles.

La distancia social está basada en la ausencia de gentilicio. Desconoce la galanura, gracia y gentileza de sentir al otro como un nacional de igual linaje que yo con indiferencia de donde viva y a olvido de su cuenta bancaria y el número de ceros de la misma. Esta enseñanza del don de gente fue sembrada por mis padres y el colegio de las monjitas, dentro de mi ser. La sencillez del que tiene nada y lo tiene todo al mismo tiempo es la que evita los señalamientos acusatorios de clases. La sensibilidad social traducida en poder condolerse del que sufre, ayudándole en igualdad de condición y sin otorgarle a ese auxilio un color o la exigencia de un voto, surge de la empatía. El nuevo liderazgo, sabe experimentar lo que siente el otro y solidarizarse con su problema. Leyendo el mensaje social busca soluciones al escuchar las verdaderas necesidades, satisfaciéndolas. Entiendo que el verdadero poder se esconde detrás de los disfraces del encarcelamiento del ego. El actual mandato social, se impone a luces claras y a gran velocidad. Es sencillo, práctico, sin protocolo ni eufemismos.

Desde otra visión, admito, no he resuelto ningún problema en mi vida sin haberlo abrazado concienzudamente. Te explico el planteamiento con  detalle, amigo lector, por si te sirve para evolucionar. Mis defectos y todo problema externo no los resolví hasta lograr aceptar su plena existencia. Apretados a mí, consentí me tomaran con su máxima mortalidad. Permití a esa sombra cubrirme por entero, consintiendo la agonía que eso representaba y reconociendo la enseñanza de la situación. Muchas veces, en la lucha titánica contra “eso” impedía ver lo manifestado para mi beneficio y que desde la posición cerrada, dejaba pasar. Esta opción produjo dolor, tristeza y una muerte metafísica, pero después llegó la aceptación con paz y luego un aprendizaje. Mientras no lo esclarecí internamente, no fui verdaderamente libre del problema.

¿Qué será lo por aprender en el ámbito social, para trascender el problema político? No puedo negar que algo muy grande e importante habrá que asimilar porque si no estuviéramos viviendo otra cosa y no esto.

Es mucho más fácil lanzar gritos acusadores de “fraude” a tratar de entender que fue lo que hice bien, mal y que omití para lograr convencer a un grupo mayoritario que generara la masa crítica para lograr el cambio deseado. No sé si este proceso fue un timo. Tampoco sé quien está más loco sí el gobierno, la oposición, una ciudadanía  apresada en su desfase o yo por escribir sobre estas ideas.

¿Cuántas miles de cosas tendrán que suceder para que los factores cambien y entendamos el mensaje que nos está gritando la vida? ¿Cómo podemos dejar de reprobar cuarto grado y pasar al quinto?. No tengo respuestas. Y es que algunas preguntas dependen de “todos” y esa comunión es la más complicada de lograr.

Para concluir, mi intención es seguir subiendo. Continúo caminando mi amada ciudad  y país, de norte a sur y de este a oeste. Voy a ejercer todos mis derechos civiles y políticos como corresponde en la democracia en la que decido seguir viviendo y continuaré relacionándome con TODOS los venezolanos como los seres humanos que son. En el ínterin pienso dejar totalmente, al margen de mi vida, a la política.



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