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Intro/Outro 

Hoy, 14092004, termina formalmente el tercer año de la sección de música. Reviso la historia que comienza con un review de U2 y me doy cuenta de la suerte que he tenido. La suerte de presenciar a gente como Radiohead o TSPO. La suerte de poder comunicarme con uds. los lectores que con algo de suerte se emocionarían con las cosas que me emocionan. La suerte de recibir los mensajes de quienes si se tripearon el último trabajo de Air, de quienes pensaban que eran las únicas personas que conocían a Tetes Raides, de quienes aún son fans a muerte de Guns and Roses.

 Pero también me doy cuenta de que ya todo lo que un individuo que no sabe nada de música puede decir sobre música ha sido dicho.

 Gracias, Pratt, por el espacio. En tres años se han agudizado mis sentidos, en tres años he sufrido una metamorfosis que apunta hacia el culto al detalle. En tres años he desarrollado un hambre inmensa por la música que desconozco y por compartir la música por la que ya tuve la suerte de ser tocado.

 En tres años mi vida hoy se debate entre el trabajo de 9 a seis, las clases de 7 a diez y poner música en la radio los domingos esperando que haya oyentes, poner música en alguna fiesta de algún pana y rogar al cielo que nadie me pida una canción de Aventura o The Darkness o ponerle música a los pocos amigos que tengo que sí son músicos y que con suerte se dejarán influenciar por la Lapamariposa. Gracias a ese deseo de compartirla, hoy vivo la música de otra manera, pero llega el momento en que las herramientas se le acaban a uno.

 Así que dejo este asiento libre. Invitándolos a tomarlo. A compartir sus experiencias con la música. Claro, tendrán que pasar por el tamiz del sesgado y peculiar gusto del editor :-)

 Los dejo con el último cuento de música que tenía necesidad de contar, que por pura casualidad cae en el número redondo del cierre del tercer año. Y con un inmenso agradecimiento, también.

Puro Load y Reload

Fernandito Villalona & Gilberto Santarosa en vivo

Cuando Metallica finalmente incluyó a Venezuela en su gira universal, dos tópicos de discusión eran los que ocupaban la conversa de todo rockero que se respetara

  • Si el telonero debía ser o no Paul Silvestre Gillman, especie de referéndum en el que el líder de la oposición era Guillermo Jones de Rockadencia y que como todos sabemos, terminó tristemente con el (oráculo del) guerrero del metal ondeándo una bandera en el Poliedro, su Miraflores particular, mientras cantaba el himno nacional.
  • Si después de tanto esperar a Metallica iban a defraudarnos tocando puro Load y Reload, discos que habían demostrado ser una basura, salvo por King Nothing.

Sucedió lo mismo con la última visita de Rubén Blades de la que yo tuve conocimiento. Rubén venía sin Son del Solar y estaba promocionando un disco nuevo, por lo que repetíamos con temor, como para no decepcionarnos después, que no nos emocionaramos, que Rubén iba a tocar puero Load y Reload (ese concierto era una deuda vital conmigo mismo, pues cuando Rubén había tocado con Colón en La Carlota, yo no pude asistir. Aún me debo ese concierto de los Cadillacs).

Ambas citas tuvieron un final feliz. Metallica tocó todos sus cañonazos bailables (vol. 1)  y Rubén tocó incluso Paula C. A Metallica le faltó Dyer´s eve. A Rubén le faltó el Tiburón, pero acepto que era mucho pedir 

De ahí en adelante, puro load y reload representa a esos artistas que tuvieron un momento de gloria y siguieron su camino y si bien agregar “en descenso” es cosa subjetiva, agregar “alejados de su ruta anterior” sería cuando menos justo. Eso de la evolución suele ser sólo una excusa para aprovechar una tendencia, también.

Eso, palabras más, palabras menos, es el caso de un concierto al que asistí recientemente para bien y para mal. Gilberto Santarosa, “el caballero de la salsa”, y Fernando Villalona, ya no más Fernandito, mejor conocido como “el mayimbe”. Puerto Rico y República Dominicana representando al Caribe en Europa, suele ser la frase cliché que aplica en al caso. Pero, realmente no se representa al Caribe en Europa, dado que el 90% del público está compuesto por expatriados latinoamericanos que ondean banderas de Brasil a Honduras y que lucen atuendos que hacen gala de las más creativas maneras de convertir una bandera en una mínima falda o un imperceptible top de lycra. Realmente el público europeo está no sólo observando al Mayimbe o al Caballero de la salsa, sino también las coñazas que se forman al frente, a un carajo que tiene el mal gusto de dar un concierto en Bélgica con la misma gorra que dice ROMA que compran todos los turistas en las cercanías del Coliseo, a las tipas que se suben a la tarima a mover el culo como si de ello dependieran sus vidas, a los tipos que se suben a maraquear a las anteriores con la mayor naturalidad del mundo, y demás exotismos que nos caracterizan a los latinos en el exilio en ese afán de definirnos con una identidad cultural que heredamos de la época de la hallaca como crisol de razas, de la época en que al Ché Guevara le dio por la malcriadez de decidir que el pueblo latinoamericano era uno e indivisible, una raza mestiza del Río Grande a la Patagonia. Desaciertos de mitad de siglo.

“Qué gente tan ... tan.... espontánea, tan abierta, tan feliz, tan sensual, también, la gente latinoamericana”. Bueh, yo dudo mucho que eso vaya más allá del espectáculo que damos cuando nos destapamos finalmente por una noche que no deja de ser también un ritual de apareamiento. Habría que ver qué tanto de eso realmente nos caracteriza, pero no soy yo quién para juzgarlo, pues yo más de una vez me he subido a una tarima a bailar con una caraja que no conozco y que nunca más veré, como si practicáramos una suerte de sexy show de taguara subterránea holandesa.

Sin embargo, apartando esa misma idea que me ronda cada vez que asisto a un encuentro latino y atestiguo mi propia transformación, he de confesar mi disfrute de un espectáculo tan mediocre como el del Mayimbe. Mediocre desde el aspecto, porque si vas a hacer montar un espectáculo en el que le das prioridad a la apariencia, procura entonces que a las coristas les quede bien el vestido y no se les salga la barriguita. Que si van a mostrar las piernas, la celulitis no sea tan evidente. Que si van a bailar “seisy”, que sepan hacerlo y no esté la señora de la derecha todo el tiempo viendo a las otras dos para saber que hacer y hacerlo mal. Procura, que si vas a vestir a los músicos de manera flashy, al viejito rapero no se le note tanto el trabajo dental o en su defecto, que se limite a las congas o no luzca una sonrisa de galán que no tiene. O, Mayimbe, si estás decidido a ser un sex-symbol, panita, haz algo de ejercicio. Pero uno se abstrae y baila con “en el carnaval/todo es alegría/baila las calles de noche/baila las calles de día”. Puro Load y Reload, sin embargo. Un popurrí de canciones compuestas por otros. De covers. Sin creatividad, un ejercicio físico, prácticamente, idéntico al del idiota que durante todo el concierto no dejó de raspar una charrasca.

Pero como un superhéroe pasado de peso, llega Gilberto Santarosa a salvar el día. Santarosa parece entender que entre el público hay gente que viajó horas para verlo, que mas de uno se habrá arrinconado junto al muro de una iglesia para evitar un poco del viento y la lluvia. Que entre el público hay quienes lo esperan desde hace años, que no hay que hablar en inglés, porque el viene a entretener a los expatriados, como si Johnny Cash se acercara a Vietnam a darle un respiro a los que le dan la cara al VietCong. Santarosa parece saber que no es momento de promocionar discos ni nuevos trabajos, que fuimos a oirlo cantar que la conciencia no tiene la razón, a oírlo improvisar que si acaso te engañé perdón, aunque el idiota de la charrasca se suba a la tarima y lo abrace y le dé una bandera y no logre interrumpirlo en su son, porque se nota que improvisa, porque en medio de su declamación incluye un bandera que recién recibe de alguien que lo acompaña en el podium. Sus coristas tienen buena voz, la chica se lanza un solo bien construído de trompeta, esta gordita, pero el buen gusto, la profesionalidad y el carisma la hacen ver más hermosa que cualquier carajita culona del público. Mayimbe, ¿ves lo que te digo? ¿Ves que los coristas bailan al mismo paso? ¿Entiendes lo que decía Jules Whimfield con eso de que “Personality goes a long way”?

Un concierto sobrio y cálido a la vez en el que no, no nos decepcionó tocando puro Load y Reload. Incluso algo de orgullo sentí al oírlo preguntar si había venezolanos entre el público, justo luego de proguntar por los puertorriqueños. Es como una cierta coherencia, eso de no dejar siquiera sospechar que ese tipo que está parado con el micrófono pudiera no estar disfrutando lo que hace.

Me habría gustado terminar estos tres años con el concierto de Los Amigos Invisibles en Amsterdam. Pero me habría negado la oportunidad de revivir este concierto contándoselo a quien reúna la paciencia de oirlo.

Bueno, eso.

 

 

More info:

www.gilbertosantarosa.com (temporalmente en construcción, me consta que funciona)

http://www.fernandovillalona.com (nunca lo he visto funcionando. Mientras tanto,  http://www.webdominicano.com/fvillalona/ parece ser lo más cercano al site oficia pero ¿en serio se van a poner a buscar eso?)