Los bienes terrenales
Los burgueses van a la zona roja
Llevan autos y guardaespaldas
Dinero en efectivo
Condones de colores para jugar
a ser orgasmos
que parezcan arco iris
Los burgueses son viejos verdes
intoxicados de relatos
donde señoritas livianas
olorosas y novicias
entregan su cuerpo con ternura
poseídas por el amor
que afina el miedo
o el hambre
¿Quién lo sabe?
Los poetas van a la zona roja
Pagan el taxi y miran para todos lados
Caminan solemnes
Llevan condones en el bolsillo
y palabras para hacer creer
que sus orgasmos
son larvas infernales
o pájaros
Los poetas
-algunos son viejos verdes-
dicen que alucinan en el insomnio,
que sueñan despiertos
con una isla llena de hetairas
desnudas y huérfanas
Ellas,
las desvalidas ensoñadas,
pagan con el cuerpo
tributo a los elegidos
a los poetas dioses
y simpáticos
que charlan enardecidos
contra el injusto reparto
de la vulva
y de los bienes terrenales del hombre
Los policías van a la zona roja
en las auto patrullas
Se acomodan el uniforme al entrar
Hacen visibles las pistolas
Se cercioran si llevan condones en la cartera
Miden los pasos de los jíbaros
Hacen retratos hablados de los chulos
Amenazan en voz alta
a las niñas de gustos inmorales
Los policías
-donde no falta viejos verdes-
van a las alcobas y alardean
de orgasmos oficiales y justicieros
Se desnudan y quedan reducidos
a puentes de barro y escarpines,
a varones inermes y creyentes,
que pasean soledades
entre máscaras
Los varones van a la zona roja
A sentir que son varones
en la alcoba
Con el cuerpo helado y triste
los varones
consultan el saldo del deseo
Apagan los celulares
los varones
Ellas,
dichosas o desdichadas
¿quién lo sabe?
miran desde la primera fila el espectáculo
del sagrado cordero que jadea
sin saco,
sin corbata,
sin pistola,
sin auto,
sin poemas,
sin disparos,
sin quitar los pecados del mundo,
sin doblar el Santo Grial en las finanzas
Ellas
miran los cuervos deformarse,
caer desnudos y vacíos
como las estatuas de las plazas
Ellas
fingen que agonizan
debajo de irreales firmamentos
juegan en el absurdo
profetizan,
alimentan el fuelle con celadas
Ellos,
los varones,
como animales anteriores e irritables
encienden un cigarrillo y se marchan
a seguir emboscando las carcazas
que cubren como autopsias sus jornadas
-Carlos Manuel Cadenas
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