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Párame ¡coño!

Me escondo para que me veas
Para que saltes de un lado a otro, buscando otra cosa
Y luego preguntes por mí.
Me voy para que en la ausencia me encuentres
Y en el silencio, extrañes algún comentario
O un gesto. O un perfil
Me callo para que mi voz te hable.
Y descubras la esencia vital que nos une
Para que sepas que sabes.
Para que no dudes lo que con certeza existe.

Perdí la cabeza

Y aún llega el Androcéfalo a mi noche, con ése
su linaje síncope de esdrújula conversa.

Yo era, su mascota futurista, su juglar
sin epopeya.

Cirujano íntimo de sus dragones, mortaja
siempre, de sus cadáveres ajenos.

Yo Caballeros, soy miembro sin pena del club
de contadores.

Malversado -por más señas- Vivía con prodigios
de bajo fondo.

Pero él era demiurgo -también titiritero-
Juntos: la bacteria comecarne de los labios infantiles-

Aquél tipo -de la A a la Z-
se llama Asterión y solo escribe ficciones.

Pero yo prefiero deciros la verdad: esto
es una celda.

Puede ser un manicomio, un burdel, una concha
Ohhh sí           una casa.

Después de un non, de un sinsentido ya no será
la imago de la muerte –solo en sueños-

Al eólico imperio de silencios he llegado;
detengo el andar desnudo de causa,
ni siquiera sé para que he parado aquí;
veo dentro, muy dentro de mí,
no encuentro ni mi alma.

Así... tan vacía,
solo una pócima de alma
aprisiona una angustia inédita.

La vida común está como yo;
Dios quiera que no,
la luna de cielo claro pueda ungir encantos;
que mi píe derecho,
más adelantado que el otro,
tenga sentido de estar allí.

Verdugos pasos de pasado,
sobre tierra de nuevo pensar,
tierra de buen empezar.

Aquí
cornisa donde me asomo al Atlántico,
anima el impetu de andar,
para andar están estos tiempos extraños.

Neruda Nuestro

Neruda nuestro que estás en el cielo
santificados sean tus poemas
venga a nosotros tu lírica
hágase tu voluntad en Isla Negra
como en Valparaiso
danos hoy nuestro farewell de cada dia
enseñanos a amar a las mujeres
asi como tú las amaste.
no nos dejes caer en el imperialismo
y libranos de los ee.uu.
amen.

La Edad

Como grietas
esculpidas en mi rostro
las arrugas
revelan mi nueva geografía,
una cambiante topografía
de fallas y lunares,
de dientes y molares,
y volcanes al acecho.
Pero la edad
es más que el envejecimiento,
es una heurística del sufrimiento,
un poder sin coima,
una mano estoica
que sabe guiar.
La edad es un lugar
desde donde se mira la vida.

Hija de la Madre Patria y el Padre Nuestro

De niña creyó que los bebés
eran todos manufacturados en París Francia,

que venían en el vuelo charter
de una cigüeña solitaria,
que lloraban en francés
si eran bebés clase media
o en jerga si eran del barrio,
que usaban pañales desechables
en el largo vuelo transmarino sin escalas,
que todos eran chiquillos blancos al nacer
como los bebés Gérber
De niña creyó que Santa Claus
no le traía regalos
porque ella no hablaba inglés
y en su casa no había chimenea
De niña ella soñaba
con ser azafata o Miss Universo
o esposa de Elvis Prestley
reencarnado en un rapero
Contaba a las otras chicas del barrio
el calibre aéreo de su sueño

Ella,
ya ni tan niña pensaba
que España era la esposa de Dios
porque en la escuela le decían
que España era la Madre Patria
y Dios el Padre Nuestro
Cuando menstruó la primera vez
salió corriendo del baño al confesionario
temiendo desangrarse
por haber quedado debiendo algo
del Pecado Original
Soñaba que el profesor de música
tocaba sus senos como una flauta
y las notas graves
se hacían agudas entre sus piernas
Contaba a las otras chicas del colegio
el calibre sensitivo de su sueño

Ella
que ya no era niña
se embelesaba con Romeo y Julieta
amando en silencio a Leonardo Di Caprio
Creía que un caballero astronauta
llegaría con una tarjeta de crédito
a rescatarla del barrio
y llevarla a Mónaco
para hacerla princesa
Salía al quicio de la puerta
esperando un Príncipe motorizado
con chaqueta negra de cuero,
un príncipe con un tatuaje y alucinógenos

Un día alguien la besó en los labios,
tocó sus pezones,
la acaricio con hambre
hasta que aparecieron en ella
puntos suspensivos
Ella se quedó ascendida
como un astro desconocido
entre las sábanas
La diferencia entre ser y parecer
se le plantó de súbito:
se hizo masajista freudiana y terapéutica
Contaba a las otras chicas de la oficina
el calibre sensitivo de su sueño

El barrio se hizo estrecho
y ella que tenía al cielo como límite
compró un boleto a Madrid
En el avión soñaba con aparecer
en un afiche promocionando al Banco de Bilbao
En el aeropuerto alguien la recogió
y la guardó en un estuche
con una pierna en el Polo Sur
y otra en el Norte
No conoció Madrid por obvias razones
Ya no contó más a las chicas
del barrio, del colegio, de la oficina
el calibre de sus sueños
Ayer la vi en TVE
lucía ya no tan niña e inocente,
ya no tan puta y tan extranjera,
ya no era latina de tetas grandes,
ya no era amante ni masajista
Sólo era la chica que creyó tener
una Madre Patria y un Padre Nuestro

La lagaña

Como halada por un hilo,
Sube tu ceja izquierda
Mientras baja la derecha.
Como si fuese un peligroso bosque,
Me adentro en tu boca:
Esa boca tuya inexplicablemente hermosa.
Como en un retrato de Dalí,
Tu pelo parece ser petróleo chorreante,
Tus ojos: dos aceitunas kalamatas clavadas en mi corazón.
Y por un momento siento que muero.
Se me va el aire y no logro encontrarte,
Y no encuentro aire tampoco.

Despierto y veo que no estás aquí.
No encuentro tampoco huella alguna de este amor,
Quizá porque nunca ha existido más allá de entre mis recuerdos trucados.

Grito todo
Y mientras tanto tu ceja izquierda baja.
Se me escapa un suspiro,
De esos en los que todo acaba.
Un orgasmo de sufrimiento,
Del eterno sufrimiento de amarte
Fuera de tu conocimiento y del mío.

Susto que surge tras un pestañeo
Para darme cuenta de que nunca se fue.
Por el contrario, echó raíces en mi cuerpo.
El virus de esta relación disfuncional,
Que en estado de latencia
Ha permanecido desde siempre en mí.

Y mientras pestañeas,
Mientras me miras confundido
En mi imaginación,
Ahí lo veo, ahí
En una lagaña, todo lo que siento.

Estoy agarrada a la poesía
pegada a sus paredes
en la curva de sus letras.
Embarrada entre sus sonidos
puntos,comas,interrogantes.
Chocamos piel con piel,
nos desparramamos en el abecedario.
Se hizo dueña de mi voz y no deja
que esconda palabras.

Los bienes terrenales

Los burgueses van a la zona roja
Llevan autos y guardaespaldas
Dinero en efectivo
Condones de colores para jugar
a ser orgasmos
que parezcan arco iris

Los burgueses son viejos verdes
intoxicados de relatos
donde señoritas livianas
olorosas y novicias
entregan su cuerpo con ternura
poseídas por el amor
que afina el miedo
o el hambre
¿Quién lo sabe?

Los poetas van a la zona roja
Pagan el taxi y miran para todos lados
Caminan solemnes
Llevan condones en el bolsillo
y palabras para hacer creer
que sus orgasmos
son larvas infernales
o pájaros

Los poetas
-algunos son viejos verdes-
dicen que alucinan en el insomnio,
que sueñan despiertos
con una isla llena de hetairas
desnudas y huérfanas
Ellas,
las desvalidas ensoñadas,
pagan con el cuerpo
tributo a los elegidos
a los poetas dioses
y simpáticos
que charlan enardecidos
contra el injusto reparto
de la vulva
y de los bienes terrenales del hombre

Los policías van a la zona roja
en las auto patrullas
Se acomodan el uniforme al entrar
Hacen visibles las pistolas
Se cercioran si llevan condones en la cartera
Miden los pasos de los jíbaros
Hacen retratos hablados de los chulos
Amenazan en voz alta
a las niñas de gustos inmorales

Los policías
-donde no falta viejos verdes-
van a las alcobas y alardean
de orgasmos oficiales y justicieros
Se desnudan y quedan reducidos
a puentes de barro y escarpines,
a varones inermes y creyentes,
que pasean soledades
entre máscaras

Los varones van a la zona roja
A sentir que son varones
en la alcoba
Con el cuerpo helado y triste
los varones
consultan el saldo del deseo
Apagan los celulares
los varones

Ellas,
dichosas o desdichadas
¿quién lo sabe?
miran desde la primera fila el espectáculo
del sagrado cordero que jadea
sin saco,
sin corbata,
sin pistola,
sin auto,
sin poemas,
sin disparos,
sin quitar los pecados del mundo,
sin doblar el Santo Grial en las finanzas

Ellas
miran los cuervos deformarse,
caer desnudos y vacíos
como las estatuas de las plazas

Ellas
fingen que agonizan
debajo de irreales firmamentos
juegan en el absurdo
profetizan,
alimentan el fuelle con celadas

Ellos,
los varones,
como animales anteriores e irritables
encienden un cigarrillo y se marchan
a seguir emboscando las carcazas
que cubren como autopsias sus jornadas