El Aviador
Dir.: Martin Scorsese. 2004.
Biografía quijotesca y wellessiana sobre el hombre más rápido de la tierra y sus alucinadas cruzadas contra los molinos de viento del stablihsment norteamericano. Martin Scorsese prefigura a Howard Hughes como un “Outlaw”(un fuera de la ley) enfrentado al viejo oeste del cine y la aviación.
Cinta de estímulantes metáforas areonauticas, Aviador describe, literalmente y en cuestión de tres horas, el mismo ascenso y descenso (Macbethiano) que han sufrido la mayoría de los Sisifos o personajes principales del autor, desde el protagonista de Buenos Muchachos hasta el antihéroe de Casino. La única diferencia es que en este caso, el piloto de la trama no termina de estrellarse por completo en el abismo del fracaso y siempre parece tener la oportunidad de resucitar de sus cenizas como el ave fenix, bajo la sonrisa pepsodent y el espíritu “titánico” del rey del mundo, Leornado Di Caprio, quien levanta vuelo como actor hacia la segunda parte del metraje.
Sin embargo, como contraparte pesimista, el desenlace de la obra augura un porvenir nada alentador para el rebelde sin causa, así como para el loco “modo del futuro”, “el modo del futuro”…Esto es, para la esencia esquizofrénica del progreso, el desarrollo y el poder. No en vano, el realizador de la película se esmera en presentar a su alter ego cinematográfico (Hughes) como un desequilibrado irredimible a la altura de Alex De Large (La Naranja Mecánica), o como un disociado “psicótico” entrelazado en la misma telaraña subjetiva de Spider, el último “Dmente” de David Cronenberg. Curiosamente, ambos personajes comparten el hecho de ser dos víctimas de la sociedad industrial.
Aparte de ello, el film resume (en pocos fotogramas) el sentido del biopic colosal a la american way, donde según Arnau Olivar, “se estructura la historia como una anécdota, reduciéndola a la aventura, en aras al triunfo de un actor o una de actriz, a la sazón en plena fama comercial”. Así, dentro del reparto de superestrellas se pueden destacar las solventes caracterizaciones de Alan Alda, Alec Baldwin y Cate Blanchet (a sus anchas en un estereotipo de Katherine Hepburn).
Con justicia o sin justicia, se la ha criticado a la película su falta de rigor a la hora de profundizar en las motivaciones psicológicas del personaje. Por consiguiente, nadie termina por comprender la razón o el origen de su cuadro degenarativo. No obstante, todas las debilidades argumentales de la supeproducción se compensan abiertamente por el montaje, la fotografía, la puesta en escena, la dirección de arte y los delirios formales de Martin Scorsese, quien reserva sus momentos de mayor genialidad creativa para la escenas más decadentes y tormentosas(influenciadas por la estética morbida de Michael Powell). En suma, un Aviador en el interior de un laberinto de la soledad, con visos de film noir y chispazos de paronia kubrickiana. Digan lo que digan, el mejor biopic del año o el único que se aparta de lo literario para experimentar con lo visual.
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