Esquinero: "Sonni" entreteiment televisión (Programa especial de Marzo)
-Adán Fulano
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A Cabrujas, Lupe y Corina.
Llegaba de encontrarme con Alejandro Magno en la sala 4 de la California y todas las traiciones del teatro griego, colgado a las hojas rojas del final. Me bañé apurado, me disculpé con todos porque olvidé el cumpleaños de Alessandra, salí acalorado como siempre salgo de la ducha después de pensar en el milagro del agua caliente que por fin salió de un solo golpe y no tuve que dejar la regadera por quince minutos, ella me envió un mensaje al móvil “Si no puedes tranquilo, nos podríamos ver otro día” la llamé, quedamos en vernos en el Uruguayo, “El club”, al mismo tiempo abrí la ventana y si, olía a Carne, el club estaba abierto, no me fié de las luces porque bien podrían ser o las del uruguayo o las del sanatorio, busqué el abrigo gris, la franela gris, aunque en dos días no había dejado de llover no trataba de redundar con el color del cielo, ella measeguró que iba saliendo, salí.
La cuadra por donde iba y voy siempre que salgo es un río por debajo. Todo me preocupaba menos que el hecho repetitivo de sudar, de nuevo los triglicéridos pensé, de nuevo el mal habito alimenticio o... aún me da ansiedad verla? no me contesté, ya era muy tarde, el mesonero traía una gaseosa de limón y un agua, sé que a ella le gustaría verme tomar agua. Ella llegó a la derecha, titubeando con la puerta del estacionamiento y con una mirada, que la encontró vestida de beige y sonrisa, combinada con su mañana de Yoga y sus sandalias denudas.
¿Cómo estás, eres feliz? No tenía pintura de labios así que no restregó su respuesta contra las manos, sonrió porque es lo que mejor hace cuando está nerviosa -…Esta es otra presentación de Soni entre… (Cambio de canal) comentarista 1: PUES SI AMIGOS FINAL DEL SEXTO ROUND! Comentarista 2: pues si, definitivamente el púgil es un poco flojo trata de llevar a las cuerdas de la esquina a su contrincante pero la verdad…- no me creerías, dije, el domingo en el teatro pasó algo parecido, había una pelea de boxeo, sé que te hubiera gustado verla, a mí me hubiera gustado verte, que locura las señales, me dijo.
Ella: Me encantaría ser tu amiga; Yo: No te puedo mentir, jamás podría ser tu amigo, no sé cómo hacerlo, me gustas demasiado como para no verte las nalgas o buscar momentos juntos y solos, apartes, eso no es de amigos; Ella: Es verdad, sería otra locura. El jefe de mesoneros apunto con el control remoto uno a uno apagando los tres televisores del Uruguayo, la pelea había terminado y ganó el Mexicano, ambos nos reímos al escuchar la noticia que vino pegada a la factura y se fue con la tira de la cajetilla de cigarros destrozada por su “manicure” de 6500 bolívares recién hecha en la galería de tiro disfrazada de club social de la cual aún su mamá guarda afiliación, parecía mentira el total.
Pensé que no llegué a escuchar la cuenta final, lo que apenas tramó mi oído: “fue una decisión unánime” así tomé impulso para abrir el mantel arrugado entre mis manos, guardando distancia de no parecer escritor, le dije: En este momento cuando casi se termina la conversación el escritor hubiese puesto una nota en el guión “Y él se levantó, fue hacia ella, le abrazó y beso como si la primera vez, como si los seis meses separados no fueron nada y volvieron a aparecer a los sesenta años cuando él preguntaba (como ahora) ¿te gustaría dormir aquí? Como a las tres de la mañana, desde mi casa siempre se escuchan tangos tan viejos, que parece que el mismo Gardel los cantara con una alegría de avionetas nunca inventadas”.
Ella propuso que el escritor colocó otro final, uno en que ella no lo dejaba besarle. Nos fuimos hasta su carro que por dentro tiene luces rojas y volvía la batalla y la película a hacerse presente esa noche, realmente estábamos sorprendidos de que no nos hubieran votado antes, ya la cocina había cerrado y todos sabemos que sin carne no tiene mucho sentido un Club de sureños abierto. Mientras nos despedíamos salió otro argentinouruguayo que se ofendería ante esta confusión mía de acentos, mientras le aseguraba, para hacer tiempo, que habíamos llegado a Buenos Aires, era lógico ante el frío de esa noche, llamó su mamá, la abrace casi contra la puerta trasera izquierda, "vimos el cielo y hubo presagios" mientras abrían el portón, dejamos que la gran puerta de latón sonara sin que ni siquiera nos inmutara, al oido le insistí: ves, ves mi corazón como suena.
Nos besamos una, dos, tres, cuatro veces, sin permiso, con permiso, ella con sus dudas, yo con mi alegría, me ofreció llevarme a casa, pero era el colmo tomar ventaja ante dos cuadras, se subió al carro con el techo húmedo en donde dejé escrito: “Te acompaño desde arriba, te cuido, te beso, te amo, te extraño” sin firma para que en su casa no se sospechara de esa presencia mía que tanto malos ratos causó una vez, le incistí que podía devolverse, que mi casa amanecería adornada con su "buenos días negris".
Ella rodó conmigo hasta que tuvo un carro detrás, quizás cincuenta metros, el espacio suficiente para una toma aérea de final de película, doblé la esquina, se perdieron sus luces, otras luces. A dos casas de mi casa todo el silencio después de la lluvia fue interrumpido por un grito que al principio no pude identificar “Doooooctooooor, Doctor” Seguido de un estruendoso golpear de puertas de lata, otra loca coincidencia del día pensé, tambien pensé en James y que en el sanatorio había un problema, el grito fue aterrador, demasiado humano, urgido, aullado.
Llegué de nuevo, como si nada hubiera pasado, corriendo al baño, pensando en cómo arrancar la historia del reencuentro al mismo tiempo que soñando con bañarme apurado y revivir lo de hacía dos horas, saboreando y oliendo en el recuerdo a la muchacha que un día fue flaquita y ahora está preciosa. Me senté volteé hacía el piano dándome cuenta que había dejado el móvil, tenía un mensaje sin leer de ella, debió haber llegado justo antes de irme al Uruguayo o será uno nuevo, sin adivinarlo abrí torpemente la bandeja de entrada que decía “...Voy en kmino...”.
