Carta a Jesús Crucificado, con acento
¡Hijo de la gran perra! Porque disculpa, es lengua anfibia.
Porque aquí abandonado, sin derecho al acuerdo mutuo, sin acuerdo al roce efímero, sin azul, sin filtro.
Pero te escucho, ¡oh Jesús!, te escucho una palabra de más.
Porque aquí abandonado con el oro del mundo (aurífero y no de mina!), con el último año del mundo a cuestas.
Aquí, con el nombre del padre operativo, con la duda y el verbo, fatales!, colgando de la boca.
Aquí, con todo el signo interrogativo pregunto, ¡oh Señor de todo!, si el origen de todo es la cantina.
Aquí, sin saber si el clavo de plástico o de goma, si la tierra de tierra o de harina, si la crucifixión, una broma más de la emperatriz romana Agripina.
¿A quién interesa un esqueleto gastado?
Porque aquí abandonado con el sustantivo abandono, con el parto muerto por cesárea, difícil, múltiplo de cuatro, con la sangre espesa de cordón, con la cruz de sangre aún alimentando.
Aquí, con la cruz y el año y el parto cosido a gamadas, a patadas.
Aquí, viejo pedigüeño, con la máquina de grasa de odio anticipando tu epitafio.
Aquí, porque el escudo del soldado no es en vano.
¡Hijo de la gran perra, ingrávido, científico, a ti dirijo deprisa mi vena carótida! Porque disculpa, cada día cumplo años.
Porque aquí abandonado con el campo de trigo arado de barro, de hambre, superior por la opulencia agrícola misma, con la hoja de otoño traviesa, caduca o caduca, porque no hay término medio entre el suelo y el árbol, hoja lenta que llora.
Aquí, con el astrónomo de un género dudoso, tal vez.
Aquí, con mi madre que lo soñaba: quien con niños se acuesta, niño se levanta. Y el perdón se confiesa con la punta de la rodilla.
Aquí, con la rodilla de ligamento, sucia, pelada de niño que juega, que muere, de niño que idolatra; y Dios guía la carrera del eunuco.
Porque aquí abandonado, ¡pedigüeño! Porque disculpa, porque hay un precio tasado en cobre y vagina. Porque la caridad no se compra con bombas, porque se compra con bombas, porque martirio, perdona la seña, es nombre negro de martirio.
Aquí, con el sexo eyaculativo, preciso, con la mar abierta a la ventana, con la piel muda de reptil (es lengua anfibia, es lengua anfibia), asesino!, con el capital armado de valor, porque cuadrada es adjetivo de raíz, de metáfora.
Aquí, quemado por el sol canoro de la guadaña (salve, Char!), por una palabra tallada a traición, aquí con la luna lejana que tú llamas amor, que yo llamo pasos remotos, pasos remotos...
Aquí, ¡oh Crucificado!, con el ruido implícito, con el eco vestigio, con el paso en falso, con el paso remoto.
Porque aquí abandonado con el ruido simple de la madre, es gemido, con el feto ardiendo de feto!
Aquí, con el diente comido por la rata, sucia como la niña rodilla, barata, tan elegante!
Aquí, con la edad cansada de mucho año, y con el día que no sabe nada, y con el daño, ¡oh!, ¡dañado!
Aquí, de cara a la pared, sin púa la espina!
¿Porqué a milímetro pesas el peso de mi médula? Porque disculpa al milímetro, es recto, es recto.
Porque aquí abandonado con la cara túnica de cara, redímete, pide perdón a la arruga mala.
Aquí, porque el aire huele a aire y a un mínimo de piedra, a piedra negra sobre piedra blanca, porque a César pido que le devuelvan Lima, París y el aguacero que le vio morir.
Aquí, con toda una nación, declarada catalana, en huelga; aquí, ante el poema, sufrido, imperdonado.
Aquí, con la mar, ¡oh Neptuno!, mojada de agua
¡Hijo de la gran perra! Porque disculpa, porque dimite de tus brazos y tu ausencia, de tu cruz clavada a conciencia, porque dimite tres días antes de la vida. Encúnate, encúnate!
Porque aquí abandonado con la palabra ignorancia escrita en la pizarra, a hachazos, con la nariz destrozada, con la náusea de estar tres veces vivo.
Aquí, el rectángulo, el triángulo en cepa, el arco celta, la alta ceja, ya no es geometría, es quimera! Porque ahora esta boca es mía.
Aquí, con el impío sol de la guerra! El veneno es de cerca, es de cerca.
Aquí, con la hoguera y el oficio, con la ceniza doble y el muerto, con la barriga de una moral poco fina, con aún el apellido borgia!
Porque aquí abandonado con el brazo de la dimisión, con la mano agalla descubierta en carne, como fiera!, con el cuerpo imposible de tu Dios medido en madera, porque aquí, remando entre un mar grande que rema por su cuenta.
Aquí, esta hiedra que derrotada por la altura no invita el cielo, esta herida que, pertinaz, cura por la herida, es disculpa, es disculpa.
Aquí, con la difícil vida, ¡oh Jesús Crucificado!, con la carta y la mesa de cuatro patas, con el desnudo de la mitra, porque: ¿Dios duerme de espaldas?
Aquí, con la página fría, con el libro a deshora, con el ridículo circo, con la barba afeitada de reliquia.
Porque escucho el remedio en un oído, porque no puedo más oído. Porque amargo despertar, porque evangelio sinónimo de Nicaragua, porque María nombre de muñeca de porcelana, porque doce son demasiados para una silla, porque, ¡oh!, la vida es un poco y más que utopía.
Aquí, abandonado, con la nata a punto líquida, con el Campo Magnético, automático, con el soldado en vano, con la rueda que rueda y con la noria que gira.
Porque mírame, con la tortura que no enamora.
Porque vida es cruz en una pintura, porque vivir invierno mínimo, porque rueda que gira...Porque morir no cuesta nada, pero morir cuesta demasiada vida.
Porque infierno es grado excesivo de temperatura.
Porque democracia dura lo que dura la cola de un verso cualquiera.
Perdóname, ¡oh Jesús Crucificado!, porque ser poeta es el oficio más difícil del mundo.
-Pavel Comores
<[email protected]>