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Esquinero: Antología Nocturna

Al terminar de hablar prendí el televisor como acto reflejo de quien requiere compañía y solo tiene almohadas al rededor. En el canal 56 terminaba una película española en donde un cura decía: Podeís ir en paz, dije eso es, debo salír a caminar, aunque esté lloviendo y hayan relampagos, suceden las caminatas a gente que le cuesta ser y dejarse de pendejadas, que no deja de pensar en como dejar bien a todo el mundo antes de una muerte que nunca llega, o antes de una partida que nunca ocurre.

Conecerle ha sido todo un hallazgo, pensé, nunca nadie me había hablado tan claro de cosas tan turbias: mis pensamientos. En seguida supe el por qué de mi gusto por las esquinas, esos subterfugios de la superficie, por fin captaba que todo tenía que ver con mi niñez, no se si era cierto, pero pensé que me castigaban en las esquinas, me llevaban (diría un santero) a donde se concentraban las energías y allí eventualmente lloraba las cosas que sentía, claro, La guaira es una esquina, dije, la marihuana una madre, que peligro es la droga, tal cual como las chicharras que suenan en un eco al que no se le da importancia.

Hoy es el día de los muertos en Mexico y este país me habita, bien podría ser mi higado, si, él debe tener ese dejo de Tequila y desierto, con la musica tex-mex de Thalia sonando al fondo, que como bien dicen mis room-mates: "Nunca faltará en la colección de CD´s de una loca" me pregunté enseguida: será que Juan Gabriel escucha a esta muchacha? para ese momento era tarde y la chaqueta no estaba lo suficientemente mojada como para devolverme a casa he aprendido a respetar a hombres que gustan de hombres, que gran lección es la diferencia. 

Sé que caminar es una forma pagana de pedir disculpas al universo de allí que el rumbo exista; cuantas veces me debería mandar a la mierda para concentrarme en mi bienestar y no prestar atención a tanta distracción hecha esencia fantasmagorica, llueve pero es extraño, hay un camino seco en lo que transito, que inútil han sido estos años de escribir, aún no he dado con el significado de la palabra paz, tenía tiempo sin ver el cielo gris mientras es de noche, así debe ser vivir en Londres y morir en Paraguiapoa.

Sentí que era hora de devolverme, en la esquina de no sé cual calle habita un perro que en vez de ladrar habla y puede decirte el futuro, temo que me muerda con su rabia. No recuerdo con claridad el camino a casa, pero que importa cuando el cuerpo vuelve solo al sitio que lo duerme,  de nuevo en casa, revisaré correos electronicos de gente que me odia y que me quiere, que es la misma, de la niña que dejé por la Roja, y veré vacío el lugar de la que me gustó tanto como ella, perder y ganar es un juego muy cerrado cuando se trata de vivir, me quedan pocos cigarros a esta hora uno no tiene donde comprar el humo. 

Esta mañana una madre me contó de su bebé, un día de nacido y fue suficiente para amarlo descarnadamente, murió al día siguiente y Montejo preocupandose por el bien de sus poemas, en que mundo tan falso vivo, estoy dolido de algo que no se cura. Hay cosas que nunca sabré porque no me he atrevido a preguntar, cosas sobre todo que tienen que ver conmigo, la estupidez no está en decir cosas tontas, está en juzgar las cosas y sopesarlas siempre para decir la adecuada, mi boca me libre de ser un poeta viejo que le teme a la cumbia. 

Acabo de salir del purgatorio de una mujer a la que aposté con fe ciega y eso se paga con cruces, sino que lo diga Cristo; la Roja me da miedo sobre todo porque me revela mis instintos estupidos que nacen del mismo suicidio que es la modernidad y para ella no tengo otra palabra que perdón, a veces soy esto bobo que sale a caminar a ningún lado.

Esta, que es todas las noches, botaré a todas las mujeres que duermen conmigo, las enviaré a sus casas, si es que eso tuvieran, porque quiero dormir solo con mi ronquido de rinoceronte -y que me disculpen ellos si son nobles y no roncan- mañana será un día mejor porque no tendrá esquinas, llanamente me caeré a cosas mejores y dejaré de tomar fotografías que nunca tomo, juro que quiero vivir, así que dios, tú que lees todas las cartas, porque estás en todas las letras, salva a este ciervo que teme el disparo del cazador que es el futuro, cubreme del manto invisible que la gente llama amor ya no tengo miedo que me digan evangelico y que predico en plazas, pudiera ser peor mi vida si no tuviera nada que gritar, acabo de inventar una oración que libertad se siente no deberle nada a la iglesia. 

Como solución mágica: Un perro, para el miedo comprarse un perro. No he entiendo porque un perro, de quién podría defenderme un perro cuando el asesino es quien me habita, no quisiera perder de nuevo, quisiera poseer para siempre la tranquilidad de quién atesora, pero ya es tarde mi negrita me espera, así le digo a la noche, a la obligación de soñar.