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Un día para Carlos

Hoy "Optimistic" es para él. El ocaso de esta tarde, mi viaje en el metro, mi ropa negra, mi corazón ardiendo, el café de las 3 pm y mi rutina de oficina se tornan ofrendas a su memoria. Mientras tanto los profundos inciensos del alma perfuman su cuerpo que yace lejos.

 Aquí, con las manos heladas de besos de aire acondicionado, sumo, descuento, como todos los días, con el recuerdo de su primera mirada clavado como un alfiler en mi memoria. Junto a una calculadora intangible computo dos mil quinientos cincuenta y cinco días de esperanzas rosadas y aéreas, esperando por su nombre para llenar mi boca que estaba vacía. Aguardar siete años en el umbral de la puerta. 

Hasta ayer apenas fuimos felices. Estaba tan cerca que podía acostarme, cerrar los ojos, e inventar futuros hechos de palabras e imágenes. Dudé por un momento, ¿podría algo dañar ese sueño?, me contesté: fabula tranquila, piensa tranquila, nada puede ocurrir. Yo que en nada creo, creí.

Sueño profundo, seis de la mañana, el sonido del reloj despertador fue calando como una lluvia de realidad. Incendios que ocurrieron mientras dormía. Carlos se fue a pasear a un mundo diferente, sin previo aviso. Los sueños ahora solo serán sueños. Carlos ya no mirará los atardeceres por la ventana, ni me hablará con los pensamientos mojados de lluvia. Hoy se ha vuelto aire, se ha vuelto luz.

Hoy todo es para él: los minutos y los pétalos de rosa en su cuerpo, mis lágrimas. Hoy es un día sólo para Carlos.

Y yo escribo cada vez con más intensidad, cada vez con más locura, con menos referentes conocidos y más atisbos de seres sin nostalgia, de seres sin pasado.

Quedan algunas señales que no acabo de recoger, una bombilla de mate, un hombre de pelo largo, una mujer que escribe, un pibe a mucha distancia, una pequeña hermana, una mujer sola, muchas mujeres solas, mundos escurridizos, un viaje interprovincial, la oscuridad de la noche, la soledad del sueño, la torpeza de lo dormido, la exactitud del deseo, la verdad del cariño, el encuentro testigo de nuestra vida por el mundo, la persistencia en nuestras opciones, lo líquido del tiempo, lo pequeño, lo pequeño, lo pequeño…

Está oscuro a mi alrededor, mi sombra se perfila bajo un pedazo de luna tenue, tu aroma me rodea, me embriaga, me posee. Imagino tu rostro y la calidez de tus manos bajo la presencia omnipresente de ese olor, casi tangible, tan tuyo, que deja rastros en mi piel difíciles de seguir. Me recuesto en la suavidad del plumón, sintiéndote aquí, queriéndote aquí, necesitando casi que mis ventanas se abran bajo el peso de tu ser. Me visto de ti, para soñar contigo, para que tu suavidad me invada y tu vagar sin reposo halle sosiego en mi, para que tus trazos esenciales impregnen cada partícula de mi ser. Te quiero en mi sangre, mezclado con el oxígeno vital, te quiero aquí, de cuerpo presente y no flotando a mi alrededor convertido en aire, te quiero a ti, no a tu aroma.

Anti-llano

  La vereda del bosque me saludó con su camino suave y sus  árboles bañados de bombillas. La música del festival antillano aún era perceptible y mi mente aún divagaba por entre aquellos momentos.

  No comprendo como alguien puede llegar, impregnar el viento de su figura y simplemente irse. Pero al mismo tiempo quedarse como si fuera una especie de holograma tridimensional compuesto de risas, miradas y perfume. Una figura extraordinaria que juega con el espacio y se muestra tan segura de todo lo referente al tiempo.

¿Pueden unas manos suaves dominar el tiempo?

  Existen manos tan suaves que pueden capturar el tiempo, dominarlo, moldearlo y jugar a hacer figurillas locas con él, locas de tiempo. Figuras tan perfectas que se atreven a guardarlas en el baúl más pequeño de los recuerdos, aquel baúl que algún día desecharán pero siempre con la certeza de que todo en él fue creado en otro tiempo, no con un tiempo propio  sino con un tiempo ajeno robado a destiempo.

  Y a destiempo me sentia recorriendo esta madrugada que terminaría seguramente en una mañana sin sueño. Otra oleada de música y de nuevo su recuerdo, blanco de piel y negro de cabellos. Otra vez la música y su figura a mi lado y su sonrisa de frente, su frente, sus ojos. No recuerdo sus labios pero su blusa era labial, seguro que lo era.

  Qué bueno es recordarla ahora, eso me gusta. En algún tiempo cometeré el pecado de idealizarla y la sensación no será la misma. Qué bueno que aún baila junto a mí, no el baile de los ritmos sino el baile de las imágenes remanentes, esas imágenes que entretejen los buenos momentos aún dentro de la incertidumbre.

  No se como lo logró pero entró en mi pensamiento. No se como lo consiguió pero sin pedir permiso entró y salió y volvió a entrar y a salir para dejarme aquí, caminando entre la erena con el rostro lleno de asombro, la mirada perdida entre las sombras de los arboles y con la esperanza de volverla a ver no se cuando, no se donde, no se como pero ya habrá tiempo, ya habrá tiempo.