El Exorcista IV en cuatro tiempos
Al mal tiempo, viejas caras
El mal fue el temor a lo desconocido. En el Exorcista Cuatro, el mal es un bien de consumo harto conocido, cuya capacidad de infundir temor se ha reducido al mínimo.
El porno es el grado cero del erotismo, y de igual modo, el gore por el gore es el grado cero del terror; una forma psicopática de terrorismo, sadismo y crueldad.
En su ultimo libro, Jean Baudrillard demuele la tesis Lipovetsky sobre la ética posmoderna, al contraponerle una apología a la inteligencia del mal. En su nueva película, Rene Harlin le falta el respeto a la inteligencia del espectador, al obligarlo a consentir y tolerar ( de manera pasiva) la brutalidad del mal.
El mal, como sentencia el slogan del film, es “complejo”,pero desgraciadamente El Exorcista Cuatro lo rebaja al nivel del maniqueísmo campante y sonante en medios de comunicación.
Su primer antepasado no fue, por supuesto, un dechado de virtudes conceptuales. Traficaba una moralina de catecismo entre un llamado de atención a la familia. El mal provenía y se hacía fuerte en un “hogar destruido”, conformado por una madre medio liberal y una hija con serios problemas de afecto, en el despertar de su sexualidad.
El desarrollo físico de la joven se sublimaba de una manera bastante burda y tópica. La cara se le llenaba de granos, se revelaba contra todo, y había que amarrarla a la cama para que no se anduviera masturbando con lo primero que consiguiera a la mano.
Acabábamos de salir de la contracultura, y los puritanos ya se frotaban las manos porque era inminente el regreso de los conservadores. Atrás quedarían el sexo libre, las comunas y los sueños de la era hippie. En adelante se reforzaría el individualismo, las pequeñas empresas y los sueños neoliberales de los Chicago Boys.
En paralelo, todas las instituciones derribadas por los chicos malos de San Francisco, comenzarán a ser remozadas y reconstruidas por los viejos reaccionarios. Y Hollywood se adaptará muy bien a los nuevos tiempos, al dedicarse a producir películas como El Exorcista, cuyo objetivo comunicacional se concentrará en dos frentes. Por un lado, demostrar que el diablo tomó posesión de la juventud americana por culpa de unos malos padres, que se olvidaron de las tradiciones cristianas. Y por el otro, apuntalar la imagen del clero, cataputándolo como garante del orden y la paz social.
Con todo, el film correrá con la gran suerte de ser dirigido por un monstruo del cine norteamericano: William Fredklin. Y el resto es historia conocida. El intro de la película figura entre las mejores escenas del cine de terror, por su ingenioso montaje analítico. El contraluz de la llegada de Merrin supone uno de los momentos más vigorosos del género. Ninguna película de su estilo volverá a reunir un casting semejante. Los diálogos entre Carras y Reagan destilan agudeza, ironía y suspicacia. Las secuencias en la clínica son tan espeluznantes como las de la casa. Y lo dejó hasta aquí para no seguir desviándome del tema.
Lo cierto del caso es que entre El Exorcista y El Exorcista Cuatro existen grandes diferencias de estilo, mas no de contenido. Es decir, podemos comparar sus significados, si hilamos muy fino, pero sería una locura hacer lo mismo con sus significantes, porque la cuarta carece de todo lo que le sobra a la primera: rigor dramático, originalidad expresiva, lirismo, dirección de actores y profundización en los personajes.
Al final da lo mismo que El Exorcista sea o no sea El Evangelio de una época restauradora como la de hoy, pues el conflicto de los protagonistas siempre se termina de imponer por sobre las dobles lecturas, por sobre el subtexto, por sobre nuestros prejuicios. La ideología pasa a un segundo plano, cuando nos logramos identificar con la aflicción de Carras y la integridad de Merrin.
Ahora con la cuarta entrega, la humanidad ha desaparecido y los caracteres se desenvuelven como monigotes de feria en un teatro de gran guiñol.
Tiempos Violentos
A la producción del Exorcista 4 le cayeron encima todas las plagas de Hollywood, sin embargo, su mala suerte no se tradujo en un sonado fracaso de taquilla como el de Gigli. Aun así, detrás de su astronómica suma de recaudación, se sigue escondiendo una de las historias más sombrías del cine contemporáneo. Un cuento de terror a la altura de la propia película.
Para empezar con mal pie, su primer candidato a hacerse cargo de la dirección, el veterano John Frankenheimer, murió antes del inicio del rodaje. En su lugar quedó como responsable Paul Schrader.
Tras concluir la fase de edición, los productores de la película no le dieron el visto bueno a su montaje final. Ellos pedían más sangre que en Gladiator, y él les propinó una contenida trama de horror psicológico, en la tradición de Repulsión.
La ocurrencia le costo a Paul Scharder el puesto, el derecho de autor y la posibilidad de firmar su final cut(supuestamente su versión saldrá la mercado en formato DVD).
A partir de entonces, El Exorcista 4 volvió a filmarse desde cero, bajo la dirección de un verdadero charcutero sin complejos: Rene Harlin, creador de Duro de Matar 2 y Pesadilla en la Calle del infierno IV, un antecedente de El Exorcista 4.
Entre baños de tinta roja y golpes de efecto, la cuarta entrega de la serie nos retrotrae a los años mozos del Padre Merrin, tras el fin de la segunda mundial, durante su estadía en el África, donde enfrenta por primera vez a Lucifer.
Tiempo de comparaciones(odiosas)
Para competir con el Miss Venezuela, RCTV estrena el Chupacabras, la película, un unitario del canal de Quinta Crespo. Ambos programas coincidirán no sólo en el horario estelar de la televisión Venezolana, sino en la mayoría de sus mapas de pensamiento.
Las dos producciones asimilarán el patrón de belleza occidental con una forma civilizada de nobleza espiritual, mientras equipararán la fealdad con una representación del subdesarrollo, la barbarie y el atraso.
La simetría será exaltada como valor humano; y la asimetría, denigrada como maldición del tercer mundo, a combatir, bien sea a través de la cirugía plástica (en el caso del concurso de Belleza), bien sea por medio de su destrucción física(Chupacabras).
Naturalmente,El Exorcista Cuatro comparte las mismas premisas argumentales. El bien es blanco y su función consiste en exorcizar el mal del continente negro, donde occidente se envilece, se degrada y se comporta a la altura del salvaje colonizado, en un proceso involutivo similar al del coronel Kurtz en Apocalipsis Now. Con ello se refuerzan dos sofismas: el contacto entre culturas desfavorece la salud física y mental del hombre caucásico, pero aun así el norte tiene la obligación moral de redimir al sur de su penosa condena.
Para ello, la ciencia y la ilustración carecerán de cualquier utilidad. Un personaje femenino de la película funge de médico, y permanecerá de brazos cruzados, en estado de inercia y resignación, ante la manifestación de síntomas incurables. Los rituales de las etnias residentes tampoco podrán conjurar la peste. La única salvación, la única esperanza para expulsar al mal de la tierra, será la fe ciega del Padre Merrin. En tal sentido, El Exorcista Cuatro podría entenderse como una continuación, por otros medios, de La Pasión de Cristo; y el Chupacabras, como una versión de bajo presupuesto de la cuarta entrega de esta serie.
Tiempo de regresiones
La guerra no la ha hecho bien al cine norteamericano. Lo ha retrocedido a tiempos superados de intolerancia, propaganda, racismo, fanatismo y xenofobia. Es insólito pero cierto: hemos regresado a la era de El Nacimiento de una Nación. Y los directores y productores parecen disfrutarlo en grande.
El Exorcista Cuatro, para decirlo en cristiano, le confiere legitimidad a la destrucción del medio oriente, justificando indirectamente su intervención armada, cuya labor de devastación y genocidio tiene precedentes en la páginas más oscurantistas de la historia.
Mientras tanto, en Venezuela se llora la caída de Colon, a un año de celebrarse con jolgorio la de Sadam; y de negarse a reconocer la devastación de los patrimonios culturales de Irak. Qué iconofilia tan iconoclasta.
-El Cura Calderón, El Padre Ugalde, Pynchas Brenner y Mikel de Viana.