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Más allá de los libros:
Sobre “Este miércoles...” de Guillermo Carrasco


I Andando

Era 1997. Yo llevaba apenas unos meses de haber descubierto la escritura como vocación, estaba en el taller del CELARG con Sael Ibáñez. Sin saberlo, mi amigo César Velásquez  y yo escribíamos lo que se convertiría en nuestro primer libro, Casi un juego. Salíamos de la clase de los lunes y extendíamos la sesión que solía acabar a las ocho de la noche yendo a algún café —nuestro preferido era el ahora desaparecido Manhattan en Chacao—, “deconstruíamos” las lecturas y las opiniones del día y luego nos despedíamos en la estación del metro de Plaza Venezuela. Protagonizábamos nuestra propia novela de formación.

Una noche, César, acostumbrado en mi carro a escuchar música en inglés, especialmente Elvis Costello, me pregunta quién canta en ese disco en español. Yo estaba orgulloso con mi copia de Este miércoles.. Por alguna razón, pese a no tener ningún disco anterior de Guillermo Carrasco, desde que lo había comprado me daba esa sensación de confianza, de certeza que dan aquellas cosas que le acompañan a uno por años: las canciones, los arreglos, los coros y la calidez casi artesanal me hacían repetirlo varias veces.


II No sé qué pasará

Yo escuchaba mi disco y no sabía que estaba por conocer a M. y que sería Bella y fugaz, en Caracas tantas noches por ICQ, en un apartamento de Boca Raton, en la resaca no etílica de una habitación de hotel en el centro de Miami y la irrealidad del viaje de regreso. Que quedaría suspirando Ojalá por L. el siguiente par de años, tejiendo y destejiendo, como un mito del tiempo, esa historia de intento de amor. Y escuchaba el anímate, porque todavía te queda corazón, en parte como consuelo, en parte con resignación pero también como una brújula para mantener la perspectiva. Con la esperanza casi inútil de un salvavidas si se ha naufragado en medio del mar, pero, en esencia, esperanza.

No sabía tampoco que mi disco de Este miércoles.. se partiría en dos accidentalmente y me quedaría tarareando y cantando yo solo esas canciones que me habían acompañado.


III Vine a ver

El sábado siete de mayo de 2005 espero a mi madre en el PPM Discos del CCCT y entro a revisar las estanterías porque busco Mi vida con ellas de Fito Páez. Veo el disco más reciente de Guillermo Carrasco de primero en una fila, lo paso de manera refleja para continuar mi búsqueda y aparece Este miércoles... Lo había esperado, lo había acechado y allí estaba, frente a mí. Recuerdo que no he escrito mi columna de Panfletonegro y pienso que Los papeles de Aspern, Aproximación a la feminidad, Para una tumba sin nombre, tendrán que esperar porque quiero escribir sobre este disco.

Porque quiero decir que si Proust pasaba páginas de páginas estableciendo las asociaciones que le producían saborear magdalenas, yo podía hacer los mismo con estas canciones cuyos significados he adaptado y robado para mi vida.

Pensé que debería hablar del sonido lumínico y esperanzador de Quiero estar contigo, No sé qué pasará y Alégrate. De lo agradable que era escuchar las cadencias de jazz de Ojalá. De la forma como Guillermo Carrasco logra dar un punto de vista particular del distanciamiento de una pareja en Ya no estás aquí, buscando acertadamente el centro del dolor que es la inmovilidad, el silencio —... y yo no sé qué decir, concluye el coro—. Del ingenioso símil entre una relación laboral y el prospecto de una relación amorosa en Vine a ver. De todas esas cosas que hacen que den ganas de comprar el disco (y comprarlo de nuevo en caso de que a uno, de manera accidental, se le rompa por la mitad).

Keith Jarret comenta que un músico profesional sube al escenario esperando tener una cita con la música. Guillermo Carrasco y su banda lo hicieron con Este miércoles... y la música, para bien nuestro, no lo dejó esperando, sino que se encontraron, se gustaron y fuimos todos felices, no sé si para siempre —ojalá— pero al menos sí entre 1997 y 2005.