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Sobre “Últimos Juegos” de Jesús Nieves Montero



    ¿Quién de ustedes no ha jugado absolutamente nada nunca jamás en su vida? Lo cierto es que la mayoría de la gente juega, jugamos. Que si La Ere, La Candelita, El Escondite, Palito Mantequillero, Ladrones y Policías, Indios y Vaqueros, el Doctor y la Enfermera, La Botellita, Pelota, Ludo, Monopolio, Dominó, Póker, Juegos Eróticos… ¡y hasta la Ruleta Rusa!… Juego es juego.

    Quien parece ser un experto en esta jugadera desatada, pese a sus poquitísimos años, es Jesús Nieves Montero, el autor de Últimos Juegos. Lean bien los títulos de sus libros anteriores: Casi un juego, Juegos de Amor/Juegos de Memoria, Juegos de Perdón y, ahora, Últimos Juegos.

    ¿Y de qué trata esta obra? Del tan sonado caso del prestigioso empresario Harry Witlemann y de la muerte de su hijo único, Harry Jr. (un joven de apenas 17 años…). Una muerte que sucedió en misteriosas y perturbadoras circunstancias el 21 de noviembre de 1991, y que, por una década, mantuvo a medio mundo en suspenso. Fue un acontecimiento muy grave que desencadenó una serie de escándalos en los cuales la familia Witlemann, su empresa, la Iglesia, el gobierno y hasta la industria disquera se vieron envueltos.

    ¿Díganme si eso no es un tema suculento? En vez de libro esto parece un filet mignon, término medio, jugosito y sangriento. Y nosotros, los lectores, como Drácula y tras un largo ayuno. Además, tiene sexo, ¿y a quién no le gusta ese aderezo en su filet mignon?

    Pero hay más, en lo que vendría siendo el prólogo de este libro, un tal D. Pradilla, escribe lo siguiente para la revista panfletonegro.com (en la sección de libros). Cito frases sueltas:

    El narrador y ensayista Jesús Nieves Montero decidió compilar en un solo volumen los aspectos más relevantes de la investigación del caso Witlemann. Abarcando desde los días previos al crimen, hasta los eventos decisivos del año 2001; Presentando informes policiales, reportajes, cartas que alguna vez fueron privadas, artículos de prensa y extractos de espionaje telefónico, Nieves Montero logra mostrar la sordidez y monstruosidad de este asesinato; Con el orden de los textos queda al descubierto algo que se cocía, algo que se conspiraba en el seno de la familia Witlemann, imperfecta como todas, carente de inocencia, marcada por la frialdad de un padre acostumbrado a tener todas las variables bajo control, un general que decide arriesgarse en un último juego. Por si todo esto fuera poco, nos advierte D. Pradilla: Fue una movida arriesgada para el joven Jesús Nieves Montero, pues como él mismo expresó, sabía que barajaba ciertas cartas que es mejor nunca voltear. (…). Posteriores investigaciones revelarían que Jesús Nieves Montero y Harry Witlemann Jr. –el occiso- habían estudiado juntos en el colegio San Juan Bautista (…). La cotización de su cabeza –la de Jesús Nieves Montero- de entrada le asegura un éxito editorial. Y aquí me permito agregar: nada más excitante para un lector saber que está en frente a un escritor que se expone y que corre peligro.

    Sin mayores adornos, el asunto es que Jesús escribe. Escribe con una desfachatez y un descaro que ya quisiéramos muchos escritores para un martes por la tarde, por ejemplo. Y el condenado carricito escribe jugando. Escribe y se divierte. Se le ve por encimita que para él, la escritura, es la gozada del siglo. Y eso lo notamos clarito todos sus lectores.

    Últimos Juegos es un libro endemoniadamente inteligente. Retorcidamente juguetón. Pero… ¡pero!… ¿Es realidad? ¿Es ficción?… Eso sólo lo deciden ustedes si se animan a jugar.



   


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