Soy la gran solitaria

Soy la gran solitaria,
la mujer de los versos
bajo la manga,
la habitué de parques
al amanecer,
la eterna enamorada de Lennon.
(Qué cursi pero cierto,
cada tanto vuelvo a llorar su muerte,
como si acabara de ocurrir).

Soy la mujer de las grietas espléndidas,
la exhibicionista de pelo muy corto,
la defensora de la paz
y del libre albedrío;
(escoge tus males, es de lo poco
que puede escogerse);
soy la irreverente de la sonrisa tonta
que acostumbra a estrellarse contra la
(cruel) realidad,
la ávida de cariño con su gran colección
de abrazos y besos virtuales.

Soy la gran solitaria,
la mujer con que soñarás esta noche
y olvidarás al despertarte.

-Beatriz Alicia García
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Ausencia

una obviedad
se refleja en la geografía
de tu ausencia.

más no me quejo:
no hay reclamaciones
en este páramo desierto.

el azul desteñido
recuerdo del fulgor trasnochado.

ser bruma ser sueño
ser fuego
ser lluvia al final del día
o risa al costado
del camino.

entre grietas
y atisbos
y el frío de mi habitación
ensayo
el próximo
encuentro.

-VosYaSabésQuién
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1
Amo el himen
de tu boca,
hace mil años.
¡Oh mujer!
que por ti
se encienden
y se apagan
las interrogaciones...



2
Tu ardor desbocado al horizonte
luna glacial sobre mis infiernos,
la piel, el tacto soñador,
abrigando sudores y destellos...


en el día final,
eterna y cabizbaja
como una leyenda.
Quemándote las pestañas,
los recuerdos,
los orgasmos
perdidos para siempre.

Perdida entre los transeúntes:
los ojos escuálidos,
el mirar desprovisto de llamas.

Yo
otra vez solo
frente a los abismos,
en un dulce evocar
de latitudes perdidas,

perido en efímeros
círculos concéntricos,

adivinándotte detrás
de todos los suburbios...

-Raúl D. Márquez C.
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Han pasado tantos días

Las nubes silenciaron
tus recuerdos
al cantar de los grillos.

Una gran luna
de ayeres inesperados
se debilita.

Recuerden el juego de caracolas,
el sueño de las cuncunas
resbalando tus trenzas Loredanas.

-Rogelio Cerda Castillo
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Yo tengo un empleo común,
Con un sueldo mínimo

Tú manejas las riendas de una multinacional,
Con un sueldo brutal

Yo tengo una chatarra con cuatro ruedas,
Que a veces me es fiel

Tú tienes unas cuantas carrozas doradas,
Jaladas por un millón de caballos salvajes

Yo uso ropa de baja calidad,
La podrás encontrar en cualquier almacén de bajo perfil

Tú usas ropa de alta costura,
Para huesos exclusivos.
(Está claro que ni en el armario de mis sueños la podré hallar)

Yo tengo una esposa y tres hijos,
Y una puta que pretende ser mi amante

Tú tienes una colección de aventuras,
Y perras perfumadas que lamen tus manos

Yo ahogo mis penas en el alcohol más barato,
Escuchando música en bares terrenales

Tú rescatas tus éxitos bebiendo vino eterno,
Disfrutando óperas y sinfonías en lugares de ensueños

Yo sufro con la sencillez de mi vida,
Fama y fortuna por qué no me cubrieron con vuestro manto

Tú te estresas con la opulencia del día a día,
Mucha tensión gerencial padece tu humanidad.

Somos al agua y el aceite
Nunca nos conoceremos
Votarás por la derecha
Votaré por la izquierda
Pero hay un sentimiento en común
Una telepatía secreta
Una envidia global:
Tú quieres mi pobre felicidad
Yo quiero tu triste alegría.

-Carlos Rubín de Céliz
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Espejito espejito
 
Como un hábito,
minunciosamente,
antes de salir a la calle,
"me embellezco".
Abro la gaveta,
y tomo uno a uno
los utensilios de maquillaje
que me regaló mi amigo Luis
en su más reciente viaje a Caracas.
Delicadamente, cubro mis ojeras,
con el pincel me echo polvo compacto,
esparzo las sombras sobre los párpados,
resalto mis pómulos,
pinto mis labios.
Pero mi rostro
no admite máscaras,
mi corazón delator
se mira en el espejo,
y sabe,
cuán lejos estoy
de ser la más linda y feliz
del reino.

-Beatriz Alicia García
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El Claro Regreso 
                                      a Blanca del Moral

Cuando el río sube con sus desperdicios
(en la difunta alegría de lo que ha sido
                                      /revelado),
la mujer abre la jaula.
Una fotografía de impaciencia dirá ser
                                      /su verdugo,
pero es otra la tormenta entre bambúes;
hubiera sido preciso desterrarse
hasta el no-castigo, hasta la parálisis
de quienes moran la noche
con forma de camelia y maneras
                                      /de pelícano.
Es probable la escarcha,
como el amor es probable su ácido
y las lívidas rotaciones plegadas
                                      /sobre el porvenir.
Acaso el testigo,
siempre el acaso merodeador
guardará la muralla.
El altísimo, acaso, ligeramente
profanara las enredaderas
                                      /de tu heroica pureza.
Se inclina un insecto.
Simulado Artaud barre los desperdicios:
 la vajilla está rota,
Nishapur está en llamas.
 No te prepares para  el encuentro.
¿Cómo creer que lo ignora,
como si hubiera arrojado los granos
de la más fría soledad en su totem?
Nunca más recuerdos para lamer,
ni almendras dispersas.
Jamás un himno para estos perros del ayer.
Que me instiguen a huir.
Anudo la desposesión frente al prodigio. 
Dejo las vanidades de este mundo.
Atrás las palabras indulgentes,
transformadas de arriba abajo
                                      /por el sacrificador.
¿Hablábamos de paraísos?
¿Cuándo me embriagaron con el nacimiento?
Aquellas fueron las frutas de tu linaje.

-Manuel Lozano
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Incantaciones con pequeña esfinge guardiana

Cuando el animal oyó las risas interrumpió sus intentos.
Fue a sentarse lentamente junto al cadáver de su pequeño, y
comenzó a lamerlo como si aún estuviera vivo.
Bram Stoker, La Squaw

A Leonor Fini

¿Qué purísimo custodio
redime a las crías de su herencia
y de las bienaventuradas posesiones?
Hubo una reina entre los moribundos.
Dijo tener piedad de los que mueren y viven
a costa de grandes perdiciones.
Con inefable obediencia,
la lluvia de oro caía sobre sus vestiduras
velando cristales, socavando el mundo.
Habría aparecido en el pabellón de las borrascas.
Vástago fiel de la amargura,
¿en qué tiempo ascendiste con frutos de resurrección,
junto al llanto de Herodes y el goce solitario
de Daniel en el foso?
Has oído los pasos,
los crujidos,
las feroces alabanzas
allá, donde los cuerpos se derrotan.
El estruendoso paso de las procesiones
te rehace extrañamente en promontorio de cenizas.
Todo sudor ya ha caído.
¿Cuándo volverías a ser tú misma,
otra vez la desangrada, la que recoge ofrendas
de un nido de polillas para nadie?
Hay una imagen, como inscripción rupestre,
sobre el rostro vulnerado.
Nada te cubre de la mano que enfría,
del asco que pervive.
¿De qué llagas del amor hubiste de engendrarme
entre los filtros del volcán y la estepa,
cuando los trenes repletos de gentes hacinadas
parten de la inenarrable estación
hacia el comienzo?
¿Y quién murmuró que era yo aquel Hijo:
Hijo del dios,
Hijo de la estrella matutina?
No iría hacia el bosque
con el mensaje encantado en su plegaria.
Has visto el retrato en la carcoma,
mutilado en el altar de tu siervo.
Deja que el fuego suba hasta mi vientre.
Telarañas arrancan del sudario inconcluso.
Mi demencia es de otra especie,
no admite dilaciones en la hora del juicio,
ni gastados ciriales, ni encías dispersas
de antiguas moribundas.
Tampoco soy la estatua recolectada
entre mínimos repudios de letrina.
El trono nunca me sostiene.
Me arrastra en círculos de esperma
hasta descuartizarme después.
Extraordinariamente.

-Manuel Lozano
<[email protected]>

 
 






El día antes de tu cumpleaños
las nubes amenazan
y es preciso llamar en avalancha
pues otros medios
el humo, la brisa,
los ultralivianos
y mis irascibles letras
están fuera de servicio.

-Alejandro Graziani
<[email protected]>





                              a Ximena Benitez

Ella tenía siempre
sus poemarios desordenados
consciente de esto
asentía con los labios apretados
y los ojos bien abiertos

-Daniel Pratt
<[email protected]>