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Estreno de «Zamora» en el Teresa Carreño:una telenovela personal

Capítulo 23: la Guerra Piscológica del Cine Chavista

Lee la primera parte aquí

Me inspiro en Bolaño para escribir, modestamente y con mis escasos recursos, una pequeña novela arborescente, borgeana, visceral e hipertextual como las suyas, reivindicadas por Jorge Volpi, el de la generación del crack.

Mi historia no sé si pertenezca a algún movimiento en específico, pero en el futuro será leída como parte de un contexto criollo( algunos le llamarán pomposamente “boom”) donde la gente joven se hartó de esperar por la llegada de un traductor de sus angustias, y tomó la decisión de pasar a la acción, para dejar constancia de su tiempo, más allá de nuestras carencias personales como literatos, artistas y afines.

Con Fedosy Santaella, Vicente Ulive, Daniel Pratt, Jose Urriola, Carlos Flores, Héctor Bujanda, Lucas Meneses y tantos otros, me une la idea de glosar al país, de entender a mi época, desde el espacio de la ficción y la no ficción ante la ausencia de referentes y de respuestas por parte de nuestros íconos criollos de la lengua, cuyo cansancio y retiración provocaron el surgimiento de una reacción edípica en cadena de nosotros, de sus retoños virtuales.

Y así como el Salmón de Willy no quiere ser parricida con sus ancestros, sino todo lo contrario, yo no voy pendiente de matar al tigre en público, y después tenerle miedo al cuero en privado, cuando se trate de publicar.

Soy consciente del legado de Chalbaud, aunque no me quita el sueño, ni me impide seguir adelante en mi proyecto de desacralizarlo por haberse pervertido, estancado y acostado, luego de criar la fama con “El Pez que Fuma” y “Cangrejo”. Es imperioso romper con él, por trasnochado y conformista, tal como lo hizo Saramago con la revolución Cubana. Hasta aquí llegué contigo, mi estimado Román.

En cualquier caso, yo estoy clarísimo: no seré un virtuoso de la pluma, de la prosa y del sol, sin embargo, tengo la virtud de manejar unas ciertas herramientas para hablar, a calzón quitado, de temas censurados y omitidos por la sacrosanta agenda cultural de la Quinta República, a ambos lados del espectro, porque ni la izquierda ni la derecha nos aprecian, nos valoran y nos reconocen. Allá ellos. Mejor para nosotros. Algún día saldrán de su cápsula de hielo, criogenizada, y descubrirán la diversidad de su entorno protegido, bajo estrictas órdenes de club privado ,de Pen Club o de partido político.

Se reserva el derecho de admisión para quienes piensen diferente y para quienes disientan de las doctrinas de los padres fundadores. Prohibido discrepar del poeta silencioso, cuestionar el alcance real de Montejo en el inconsciente colectivo(¿mero invento mercadotécnico de las editoriales en crisis, a raíz de las arbitrariedades cursilonas de Memo Arriaga?) y revisar críticamente el legado de nuestros muertos en vida, al margen de glorificaciones póstumas, oportunistas y protocolares del gobierno y la oposición, con fines propagandísticos de guerra fría. Arriba Cadenas.

De hecho,en Venezuela rige el totalitarismo stalinista de una burocracia cultural, signada por el misterio de un sectarismo tácito y ultrasecreto, al estilo de una cacería de brujas de los años cincuenta.

¿Te pones cómico? Vas para afuera. ¿ Eres joven y contestario? No hay caso, también vas para afuera. ¿ Osas meterte con Román, con la Academia, con la lengua obtusa de Alexis Márquez, con el pensamiento fascistoide del venerable de turno de la revolución, con el genio del beato de la semana del Papel de Nelson? Te volviste loco, es un deber condenarte al ostracismo, al exilio y a la hoguera. No te renovamos la acción del club, por grosero, maleducado y altanero. ¿Quién te crees tu, pedazo de chiripa, para hablar así de Román? ¿Eres Godard, Baudrillard, Uslar? No, tu no eres nadie y san se acabo.

Por tanto, en Caracas permanecen activas las leyes de la inquisición de McCarthy, a la zurda y a la diestra. Los rojos y los azules te excluyen por igual, según las normas de etiqueta de cada uno de sus respectivos cogollos, en una herencia trágica de la estructura por clanes, de la era de la independencia a la época del pacto de punto fijo.

Ayer fueron los copeyanos y los adecos asociados para expatriar, atomizar y exterminar el menor foco de resistencia. Hoy los chavistas y los escualidos nos someten a una dictadura similar, al obligarnos a replicar su discurso dicotómico y maniqueo de falsos dilemas, a través de la señal de Globovisión, VTV y Telesur.

En la tarde, Leopoldo Castillo marca la pauta de comportamiento del buen ciudadano del este. En la noche, Mario Silva invierta la fórmula de Doctor Jeckyl y Mister Hyde, al señalarle el rumbo, de la irreverencia y la insolencia de cartón, al cabeza caliente del oeste. Los dos son ejemplo de multitudes y encarnan la volátil esquizofrenia del hombre vernáculo del siglo XXI, sumido en el eterno conflicto de la disociación y la contradicción. Es el síndrome de la enfermedad común del tercer milenio en la distopía Bolivariana. Nuestra gripe porcina. Todos somos portadores de ella. Y las autoridades contribuyen a propagarla y a divulgarla como una peste, como un virus de internet, como una bomba informativa, como una campaña de odio gestionada por un ministerio de origen orwelliano, pavloviano y goebellsiano. De ahí la última cadena del presidente con sus funcionarios de la cultura incluidos en el paquete, en el show de las doce, en el “Almorzando con Orlando” del Gendarme Innecesario.

Su reciente alocución merece un episodio, un capítulo aparte de nuestra novela. Precisamente, a ello nos abocaremos a partir de ahora, por su curiosa relación con el tema de estudio, el fallido estreno de “Zamora”. No en balde, sus autores intelectuales participaron y asistieron al magno evento del egocentrismo, la arrogancia, la incoherencia, la fanfarronería, la demagogia y la simple mentira repetida cien veces, para embaucar a los más pobres.

Como a los Medicis del subdesarrollo bananero, a Chavez le gusta sentirse un benefactor, un redentor y un mecenas de las artes. Nada original, nada nuevo bajo la sombra del gran timonel. Copia los ademanes de sus ancestros caudillescos y repite al calco el patrón de su odiado Guzmán Blanco, al creerse el centro del universo cultural, como un Rey Sol de pacotilla.

Paradójicamente, la triste figura de Guzmán Blanco resulta mancillada por el trazo grueso del caricaturista Román Chalbaud en “Zamora”. Por ende, la película puede ser interpretada como una sátira involuntaria contra el Teniente Coronel. Empero, es en realidad una apología de su máscara del poder. Chavez es un “Zamora” frustrado, vencido por el aura mediática de un Guzmán Blanco apoyado en la hegemonía comunicacional del modelo Berlusconi. Es un Cavalieri omnipresente e invencible. Así cualquiera. Por los momentos.

En consecuencia, el señor se abroga el derecho de lanzarle líneas editoriales a la goma de los bateadores designados de Misión Cultura, quienes reciben la bola de manos del pitcher dislocado, cuales deportistas al recoger el pabellón nacional en entrega solemne en el Palacio de Miraflores. Román aplaude con el guionista de su largo, y promete cumplir con los deseos del jerarca en el 2010, a pocos días del viernes rojo.

Chalbaud no tiene un pelo de tonto. Conoce la experiencia del viernes negro, cuando nada lo detuvo para filmar porque se garantizó la protección de sus financistas públicos y privados. Ahora comprende mejor el mercado, y sabe cómo proceder. En período de devaluación, el estado se inunda de bolívares, a costa de la miseria de la nación. Los pobres y la clase media aguantarán el impacto más duro, mientras el gobierno asumirá el papel de la oligarquía, al absorber el golpe de la bonanza petrolera.

Los obedientes y complacientes, como Chalbaud, gozarán del festín de la riqueza fácil, al precio de hipotecar su sensibilidad a merced de los dictámenes de los acreedores de la Villa del cine. Los outsiders continuarán jugando banco en las listas negras del CNAC. Es oficial, es proporcional a la arenga del domingo de Aló Presidente.

Román y Chávez celebraban de lo lindo, en cuanto el resto de la población se sumía en una histeria de consumo colectivo, para paliar el efecto dominó del paquete de medidas impopulares. La Doctrina del Shock fue la metodología aplicada para imponer el plan de ajuste, en la víspera del cierre de la temporada de asueto. Psicológicamente, nos preparamos para clausurar un ciclo, y para abrir las compuertas a un futuro incierto.

La navidad nos regresa a un estado de catatonia infantil, donde quedamos satisfechos por experimentar la ilusión del desprendimiento, el ocio, el derroche y la emancipación absoluta de las redes del sistema. En enero, cuando apenas reunimos fuerzas para despertar del sueño de “Avatar”, “El Asesino Ninja” nos agarra con las defensas bajas, para asestarnos la estocada mortal, al resguardo de los potes de humo del repertorio de siempre: el béisbol, el fantasma de la polarización, las invasiones bárbaras de los yanquis y los empeños civilizados de los cruzados comunistas por rescatar nuestra economía, al amparo de la subida del dólar, “en estímulo a la producción interna y de frente a la especulación de los importadores de basura suntuaria”. Ellos son y serán las únicas víctimas del dólar Cadivi a cuatro treinta. Nosotros seremos, según Román y Chávez, sus beneficiarios directos e indirectos, gracias a las misiones y a las virtudes de la industria local. Parece un cuento de hadas para dormir a niños de pecho. En verdad, es un disco rayado, es un chiste conocido, es un deja vu, es un sofisma legitimado por Chalbaud y rebatido por la burbuja estallada del clan Berruecos.

Encima, a oscuras, en tinieblas y con recortes eléctricos es matemáticamente imposible estimular a la empresa privada, sin contar los obstáculos a sortear en CADIVI y demás alcabalas del gobierno.

Yo, por ejemplo, llevo dos años en el proceso de abrir una compañía de producción, y cada vez debo invertir mayor cantidad de dinero en el pago de permisos, alícuotas, impuestos, asesorías y gestorías. Por decir algo, es más sencillo obtener un crédito de El Mercantil, a plazo fijo. Jamás había recopilado semejante número de papeles inservibles, formas, hojas y facturas en la consecución de un proyecto. Por menos, consigo una beca con el IESA. En la actualidad conservo mis recaudos en una carpeta del tamaño de una fantasía barroca de Terry Gilliam. Al lado mío, la pesadilla burocrática de “Brazil” se queda corta.Así es inviable competir con el monstruo del estado.

Por eso el llamado del Presidente a construir la nueva telenovela socialista, me resulta no sólo ridículo, por lo restrictivo, sino estrafalario por las propias condiciones del mercado, donde nadie va a arriesgar un peso de su bolsillo en edificar una quimera condenada a la bancarrota, salvo la gerencia de la Villa y del canal ocho. De paso, la telenovela socialista ya se cristalizó como paradigma de imitación cubana en el caso de “Amores de Barrio Adentro”, y los índices de rating la sepultaron en el olvido.

Chávez recibió el 2010 en Cuba y tomó nota de la programación de la tele Habanera, para hacerle una serie de sugerencias a sus discípulos de “Zamora”. Los invito a leerlas y a revisarlas con sumo cuidado. A propósito, las extraigo textualmente de una nota del portal de Noticias 24, amable y sarcásticamente recomendada por Juanito Cinéfilo.Desde aquí le reconocemos y le agradecemos el gesto.

En el set de Aló Presidente se encuentran presentes Roman Chalbaud y Luis Brito a quienes ha felicitado por el éxito de la película “Zamora” y ha pedido que se pongan manos a la obra en la elaboración de estas telenovelas que, según el Presidente, deberían difundir entre la población valores sociales y revolucionarios.

“Yo les voy a pedir a Luis, a Román y a otros que hagamos telenovelas distintas a las capitalistas …. cuenten con todo el apoyo. Yo creo que el canal 8 y Vive TV y los demás deben pasar sus novelas ….”, ha pedido Chávez para añadir que también deberían hacer películas y documentales.

El reclamo es insólito y refleja el calibre de la metralla verbal del boina verde. Zapatero a su zapato. Soldado a su cuartel. De nuevo, el militar peca de moralista, de ingenuo, de embustero y de incoherente, al invocar la refundación de un género insostenible: la telenevola socialista. Señor Presidente, la telenovela, así como el cine, son inventos del capitalismo industrial, en su fase superior de imperialismo cultural, y punto. Cuestan un ojo de la cara y se manufacturan según los estándares heredados del siglo XX en las fábricas de Ford y Taylor.

Los americanos, los franceses y los soviéticos perfeccionarán el esquema neoliberal, en función de los rigores de la división del trabajo, focalizada y centralizada en la figura del director, auténtico motor de la obra en cuestión, junto con su directiva de financistas. Por eso, la ficha técnica de una película o de una telenovela, alude a la estructura piramidal de las corporaciones. Arriba, en la cúspide, los realizadores imparten las directrices, cual capataces potentados. Abajo, los técnicos ejecutan las demandas de sus contratistas y superiores, cual rebaño de asalariados. Es injusto, pero así funciona, desde la China hasta la India, desde Hollywood hasta Cuba.

En Rusia, Sergui Eisentein era el patrón de la industria soviética, al servicio de Stalin. A sus pies rodaban miles de súbditos y cabezas, cuyos nombres nadie recuerda. En Beijing, los faraones de la quinta generación de realizadores, erigen sus monumentos largometrados con el sudor, la sangre y las lágrimas de cientos de equis y extras esclavizados. Sus piezas se encajan en serie como en las maquilas. En la Habana, el ICAIC concentró sus denuedos en el círculo de poder de una élite de cineastas, como Titón, Santiago Álvarez y Humberto Solás. Ni hablar de la meca y de la Villa del cine, enroscada alrededor de un nido de serpientes. El punto se mantiene.

Además, la tecnología del cine deriva y depende de las patentes y los laboratorios de un puñado de codiciosos artesanos de occidente. Léase, los Señores Scrooge de Los Hermanos Lumiere, Edison y Pathé. Más tarde, sus mercenarios sembrarán las primeras semillas( de Monsanto) para empezar a explotar el género de la novela, del melodrama en el cine. Después, los demagogos y los populistas de la revolución bolchevique, establecerán el prototipo del folletín socialista con “El Acorazado” y “Octubre”, mucho antes del advenimiento del 4 y del 27 de febrero. Chavez ni siquiera había nacido, cuando se estrenaron los cantares de gesta de la dictadura del proletariado. Posteriormente, los alemanes y los italianos concibieron el realismo social en 24 cuadros por segundo, pero con partidas presupuestarias equivalentes a las de James Cameron en el 2009. De ahí procede la raíz de la gran contradicción de “Avatar”, cine socialista hecho con músculo y nervio capitalista. Por eso le gusta a Evo Morales, el inconsistente. Por ende, la propuesta de Hugo descansa en paz.

Pero lo peor del discurso chavista lo dejamos para el final. Repasen con lupa, aguanten la respiración y encomiéndense al santo de su preferencia.

Chávez ha criticado de nuevo las “telenovelas y películas” de los “ricos y del Imperio” las cuales, según la visión del Presidente, son instrumento de dominación y manipulación que no hacen otra cosa que fomentar los vicios, entre los cuales, ha citado el alcohol, el tabaco y las drogas.

“Las películas del capitalismo nos meten en la cabeza veneno, el consumismo. Hacen telenovelas para envenenar a nuestros niños, para incitarlos al consumo de drogas, al tabaquismo, a fumar, a la droga, a la delincuencia. Esto son estrategias de guerra psicológica diseñadas por el capitalismo y sus lacayos”.

Sólo dos comentarios para apagar la luz, antes del corte de hoy, a las doce de la noche. Primero, el presidente vuelve con la conseja puritana y anacrónica del código Hays, sepultada en las catacumbas de la historia universal de la infamia y resucitada por la Ley Resorte a través de bodrios y pacaterías audiovisuales como “Son de la Calle” y “Comando X”, sendas baladas románticas a la censura de los tiempos de hoy. De hecho, CANTV me tumbó el Internet, durante una semana, por “consultar páginas de contenido ilícito”. Según ellos, soy un forajido, un pirata de Internet, y merezco castigo. No hay caso. Ya formo parte de su lista negra, de su lista roja, de su lista Tascón y soy objetivo de la revolución, por ejercer mi derecho a la libertad de expresión. La operadora de CANTV me restituyó la señal, bajo prueba y con voz de perdonavidas. Te lo dedico, mami.

A lo mejor, buscan desalentarme y reprenderme por escribir mi novela. Sea como sea, la censura de Internet ya es un hecho en Venezuela. Soy testigo y víctima de ella. Imagínense quienes se atrevan a contravenir las leyes marciales del Presidente, en materia de expresión artística. Los descartarán, los expulsarán y los marginarán, por incentivar “la pornografía, la violencia, el tabaquismo, la drogadicción y el alcoholismo” en los más jóvenes. De tal modo, retornamos a la era de la prohibición en Estado Unidos, cuando florecieron las mafias de Al Capone y los comandos represivos de Eliot Ness, encumbrados por la obra maestra del fascismo cool de Brian de Palma, “Los Intocables”, emblema del conservadurismo de la gestión Reagan. Como en la época de la depresión, “Los Caracortadas” deben morir en el desenlace como castigo ejemplar de su prontuario de delitos. Chávez comparte la filosofía de “Scarface”, aunque marca distancia con las formas explícitas del genio de “Carlitos Way”, en donde Sean Peen encarna, irónicamente, a un alter ego de su vida loca: un abogado corrupto hundido en una bolsa de cocaína. Y después se las quiere tirar de santo en sus giras por el tercer mundo, al lado de Chávez. Su hipocresía desentona con su ánimo rumbero del Festival de Venecia. Allí brindó con Tequila en honor a Michael Moore. Si quiere combatir el alcoholismo y el tabaquismo(el asunto a mí me tiene sin cuidado),debería comenzar por casa. Él es el primer adicto a la nicotina y fuma cigarrillo escondido hasta en Aló Presidente.

Si quiere combatir el alcoholismo, reduzca las partidas presupuestarias de sus representantes en el exterior. Por casualidad, en Europa me encontré a Fredy Bernal, con una comitiva liderada por Nicolás Maduro, y todos olían a etiqueta negra, a las cuatro de la tarde, de salida de un restaurante de lujo. ¿Por qué no comen arepas socialistas en París, Berlín y Londres?

Si por Chávez fuera, nuestra obligación revolucionaria sería quemar en un pira hitleriana y republicana, nuestra colección de clásicos y obras maestras de la incorrección política. Allí mismo caería “El Pez que Fuma” de Chalbaud y gemas de la talla de “La Gran Comilona”, “Viridiana”, “Soy un Delincuente”, “Basta”, “La Naranja Mecánica”, “Trainspoiting”, “Sideways”,“Miedo y Asco en las Vegas”,”Pulp Fiction” y “Gracias por no Fumar”.

Si Chávez quiere combatir al narcotráfico, pues renuncie a brindarle apoyo a la hoja de coca de Evo Morales.

Si Chávez desea aplacar la guerra psicológica del cine, lo conminamos a desistir del ahínco de financiar películas polarizantes y manipuladoras como las de Chalbaud. En efecto, “Zamora” y “Miranda” se les devuelven como boomerangs y Frankesteins posmodernos sin control, a lo Terminator.

Por desgracia, Román viene por más con el diseño de la biografía de Cipriano Castro, a engendrarse pronto en las incubadoras de la Villa( del aborto seguro). De estrenarse, iremos a verla y la criticaremos para ustedes. Esperemos retornar, la semana entrante, a la regularidad del relato cronológico. De momento, es todo.

Muchas gracias por atreverse a volar con nosotros.

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