{"id":8273,"date":"2010-06-27T10:51:41","date_gmt":"2010-06-27T15:21:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=8273"},"modified":"2010-06-27T11:34:31","modified_gmt":"2010-06-27T16:04:31","slug":"dime-la-verdad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2010\/06\/27\/dime-la-verdad\/","title":{"rendered":"Dime la Verdad"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2010\/06\/Collage1.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"8275\" data-permalink=\"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2010\/06\/27\/dime-la-verdad\/collage-2\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2010\/06\/Collage1.jpg?fit=608%2C594&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"608,594\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Collage\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2010\/06\/Collage1.jpg?fit=608%2C594&amp;ssl=1\" class=\"aligncenter size-full wp-image-8275\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2010\/06\/Collage1.jpg?resize=486%2C475\" alt=\"\" width=\"486\" height=\"475\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2010\/06\/Collage1.jpg?w=608&amp;ssl=1 608w, https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2010\/06\/Collage1.jpg?resize=300%2C293&amp;ssl=1 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 486px) 100vw, 486px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Algo extra\u00f1o presinti\u00f3 Octavio Mendoza cuando en las cercan\u00edas del edificio del diario donde trabajaba el tr\u00e1fico se hab\u00eda trancado completamente y las cornetas y los gritos de los conductores de autobuses, que sacaban la cabeza por las ventanillas para pedir paso se confund\u00edan en aquella amalgama sonora que, mezclado con el rugido de las motos,\u00a0 sol\u00eda ser la m\u00fasica de la ciudad. Treinta minutos le cost\u00f3 estacionar el auto cinco cuadras antes de llegar a su destino. Camin\u00f3 sin prisa a sabiendas de que aquel caos era ahora parte del escenario cotidiano: un d\u00eda normal y apacible era s\u00f3lo un vicio capitalista. Al desembocar en la tercera transversal pudo ver la raz\u00f3n del quilombo.<\/p>\n<p>El escenario podr\u00eda describirse como medios c\u00edrculos conc\u00e9ntricos con el punto central en el edificio donde funcionaba el diario. En el primer arco un grupo de manifestantes, como una horda de babuinos parlantes, pintaban graffitis sobre las paredes, tanto del edificio del diario como en los aleda\u00f1os, quemaban cauchos, lanzaban piedras contra los ventanales de vidrio\u00a0 y hasta bombas lacrim\u00f3genas, mientras un par de motos con encapuchados y parrilleros portando armas largas se desplazaban de una esquina a otra, se deten\u00edan por instantes, apuntaban hacia los pisos superiores y luego continuaban su ensayado desfile. \u00a0En el anillo siguiente un grupo de guardias nacionales, con equipos antimotines de accesorio, parec\u00eda estar m\u00e1s bien a la custodia de los agitadores. El \u00faltimo c\u00edrculo era el de los observadores y de los vecinos que empezaron \u00a0a acercarse parar tambi\u00e9n protestar porque el humo y los gases comenzaban a hacer inc\u00f3moda la cotidiana tarea de vivir en la ciudad. A Mendoza la imagen le recordaba metaf\u00f3ricamente a aquel ni\u00f1o que buscaba pleitos y amenazaba a los otros en el barrio cuando ten\u00eda el doberman al lado y una vez que el can fue atropellado por un auto pasaba por las calles casi escondido, sin hacer el menor ruido.<\/p>\n<p>Entre la pandilla que hab\u00eda iniciado el espect\u00e1culo. \u00a0Algunos gritaban \u201cDigan la verdad, digan la verdad\u201d.\u00a0 Pero La Verdad desde hac\u00eda ya un largo tiempo se hab\u00eda convertido, como sus hermanas de profesi\u00f3n La Historia y La Justicia, en esa puta hermosa y costosa que se acostaba con el que mejor pagara o con quien tuviese mayor poder para disfrazarla y mostrarla repetidamente una y otra vez hasta forzar entre la gente la falsa imagen como la cierta. Ped\u00edan una verdad como aquella que ped\u00eda el Maelo, <em>dime la verdad \/ y t\u00fa ver\u00e1s que felices seremos\u2026.<\/em> Aunque la verdad es que nunca se supo si el boricua cantaba los \u00faltimos d\u00edas de su vida en el mundo real o sobre la alucinante nube de aquel <em>perico<\/em> que no se apartaba de la v\u00eda si no m\u00e1s bien volaba por los t\u00faneles de las fosas nasales, esparciendo sus brillosos cristales que estallaban como fuegos artificiales en el bosque infinitamente ramificado del cerebro para despertar una verborrea que el m\u00fasico moldeaba en sorprendente improvisaci\u00f3n<\/p>\n<p>Mendoza hab\u00eda adquirido la triste corona de espinas de ser <em>objetivo t\u00e1ctico <\/em>una vez que en uno de sus reportajes hab\u00eda desmentido las maquilladas cifras del ministro del interior sobre el n\u00famero de v\u00edctimas fatales, por las imparables acciones de la delincuencia,\u00a0 que hab\u00edan ingresado a la morgue en un fin de semana. De periodista hab\u00eda pasado a ser una suerte de contador de saldos amargos: cuentas de muchos deudos y m\u00ednimos beneficios, salvo las exponenciales ganancias de los servicios f\u00fanebres. Ese mismo fin de semana entre el reporte de los m\u00e1s resaltantes: una madre y su hija quemadas, no se sabe si vivas, eso lo develar\u00eda o lo ocultar\u00eda el forense m\u00e1s adelante, otro muerto por no pagar a tiempo la cuota del <em>secuestroexpress<\/em>, una bala perdida a la cabeza del hijo de una madre que no hallaba consuelo ni el llanto le daba treguas, tres por enfrentamiento entre bandas, otro para que entregara la moto, un polic\u00eda para ser despojado del arma \u00a0y as\u00ed entre motivos m\u00e1s vagos se incrementaba la lista <em>y ya las tumbas son, crucificci\u00f3n, monoton\u00eda, monoton\u00eda, cruel dolor\u2026.. <\/em><\/p>\n<p>Vecinos de los edificios aleda\u00f1os golpeaban desafinadas cacerolas y agitaban banderas tricolores desde las ventanas. Alguno que otro se atrev\u00eda a lanzar gritos de insulto a los agitadores que respond\u00edan con la valent\u00eda del que se siente protegido por los uniformados.<\/p>\n<p>Desde hac\u00eda alg\u00fan tiempo Octavio se cuidaba de hacer reportajes sobre cualquier tipo de manifestaciones. La \u00faltima vez que lo hizo lo sorprendi\u00f3 un grupo de agitadores y lo golpearon salvajemente mientras lo insultaban con todo tipo de improperios, le rompieron la c\u00e1mara y estuvo hospitalizado por tres d\u00edas.\u00a0 As\u00ed que intent\u00f3 alejarse con discreci\u00f3n tomando la misma v\u00eda por donde hab\u00eda venido. El eco de un solo disparo reson\u00f3 entre los edificios levantando una nube de palomas grises que se perdieron hacia lugares m\u00e1s apacibles. Octavio detuvo su paso al instante. Le tom\u00f3 tan solo la fracci\u00f3n de segundos en la que se pulsa un interruptor y la luz desaparece, para que cayera sobre la acera mientras los otros transe\u00fantes se escond\u00edan detr\u00e1s de los autos o entraban apresuradamente por la puerta que estuviese m\u00e1s cercana.\u00a0 No pas\u00f3 mucho tiempo para que un par de patrullas policiales llegara y acordonara la zona. Los curiosos se fueron acercando para observar un cuerpo del cual a\u00fan manaba un hilo de sangre por la comisura de los labios. Uno de los polic\u00edas le arrebat\u00f3 una bandera a uno de los que acercaron y le cubri\u00f3 el rostro a la v\u00edctima. El discurso del odio hab\u00eda cumplido su triste papel. De las siete estrellas le quedaron las del tope del arco sobre los ojos y la frente, como ojos que miraban el primer lucero que aparec\u00eda entre la penumbra del atardecer. <em>Cae el sol y la noche traidora, me hace pensar que ahora\u2026.<\/em><\/p>\n<p>William Guaregua<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algunos gritaban \u201cDigan la verdad, digan la verdad\u201d.  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