{"id":7531,"date":"2010-05-08T06:31:21","date_gmt":"2010-05-08T11:01:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=7531"},"modified":"2010-05-08T06:31:21","modified_gmt":"2010-05-08T11:01:21","slug":"sillitas-de-terciopelo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2010\/05\/08\/sillitas-de-terciopelo\/","title":{"rendered":"Sillitas de Terciopelo"},"content":{"rendered":"<p><strong>I<\/strong><\/p>\n<p>No es de extra\u00f1ar que cuente esta historia ahora, cuando un mont\u00f3n de nubes grises llegan a la ciudad y encaraman sobre ella los peores augurios. Pas\u00f3 algo similar con el cuento que voy a contarles, uno que parece sacado del realismo m\u00e1gico de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, pero sin su esfuerzo fabulador sino m\u00e1s bien \u00e1nimo por el suelo o \u00e1nimo de\u00a0<em>se nos viene el mundo encima<\/em>.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 se sentir\u00e1 ser poderoso, quiz\u00e1s pensaste alguna vez mi estimado Gabriel. Es probable que nunca lo dijeras en voz alta para no hablar m\u00e1s de la cuenta en un mundo bipolar amenazado por la guerra nuclear. Eran otros tiempos Gabo, es cierto. Deb\u00ed haberlos vivido en carne propia para saberlo, tambi\u00e9n es verdad. Pero el realismo m\u00e1gico, esa etiqueta que te colocaron para describir tu maravillosa forma de escribir tambi\u00e9n nos esculpi\u00f3 a quienes vinimos despu\u00e9s. Esa sonrisa que compartiste con el h\u00e9roe de Sierra Maestra y el precursor de Kosovo nos cay\u00f3 como rayos a los hijos de tus letras. El aplauso a Clinton o la cr\u00edtica a Castro -que no fue ni mucho menos p\u00fablica- a lo que vino despu\u00e9s de Sierra Maestra y antes de Kosovo nos molde\u00f3, y lo vimos como parte de una contradicci\u00f3n tuya que nunca asimilamos, pero que seguro se hizo por las famosas razones de Estado.<\/p>\n<p>Entonces nosotros, hijos malagradecidos del\u00a0<em>Boom<\/em>, hijos crecidos en la Latinoam\u00e9rica post-<em>Boom<\/em>, salimos corriendo del poder al ver como se le dejaba hacer. Corrimos porque quer\u00edamos alcanzar el centro comercial, y en la carrera recibimos un disparo por la espalda, un tiro que nos dieron para quitarnos un par de zapatos.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 carajo importa ya.<\/p>\n<p>El hecho es que la historia que quer\u00eda contarles lleg\u00f3 a mis o\u00eddos gracias a mi primo V\u00edctor Hugo. Le sucedi\u00f3 a un amigo suyo el d\u00eda que volv\u00eda de dar clase en la facultad de Farmacia de la Universidad. Mi primo V\u00edctor es un tipo sencillo, nunca ha le\u00eddo\u00a0<em>Cien A\u00f1os de Soledad <\/em>y no tiene pretensi\u00f3n alguna de aplauso, al menos no del tipo que le gusta tanto a Bill, del reconocimiento que desvela a Castro, por seguir con el ejemplo. V\u00edctor Hugo s\u00f3lo quer\u00eda ganarse el pan explicando is\u00f3meros y radicales en las aulas, creando hidr\u00f3xilos y alcanos en el laboratorio de la Universidad. Pero \u00e9l tambi\u00e9n era, casi sin quererlo, un hijo pr\u00f3digo del\u00a0<em>Boom<\/em> latinoamericano. Y el hijo que sale corriendo para que no le roben los zapatos casi siempre recibe un tiro en la espalda, pero nunca nada menos que un\u00a0<em>peinillazo<\/em>.<\/p>\n<p>Pues bien, V\u00edctor Hugo recibi\u00f3 un\u00a0<em>peinillazo<\/em>. Eran las cinco y media de la tarde de un martes de abril. Marcelo, un colega que daba clases en la facultad de Letras, llevar\u00eda a mi primo hasta la estaci\u00f3n de metro m\u00e1s cercana. Marcelo ten\u00eda un destartalado\u00a0<em>Fiat Uno,<\/em> pero eso a \u00e9l no le importaba porque su felicidad se basaba en hablarle a sus alumnos\u00a0sobre Julio Cort\u00e1zar . Marcelo y V\u00edctor Hugo conversaban sobre el precio del tomate y la cebolla, sobre lo caro que resultaba hoy en d\u00eda salir a comerse unos tortelinis en la\u00a0<em>tavola calda<\/em> de Rinaldo, ese cocinero turin\u00e9s que prepara la mejor pasta casera de toda la ciudad. Caminaban en direcci\u00f3n al autom\u00f3vil cuando son\u00f3 el tel\u00e9fono de V\u00edctor: ver\u00e1s mi amor, yo voy todos los martes al cine, es una costumbre que me encanta, y hoy no tengo quien me acompa\u00f1e. No te prometo una buena pel\u00edcula pero te pago la entrada, \u00bfvienes?<\/p>\n<p>Mira Natalia, estoy un poco cansado, respondi\u00f3 V\u00edctor, esta clase fue muy jodida y me duele la espalda. Pero chico lo de la espalda lo arreglamos, una vez que termine la\u00a0<em>peli<\/em> nos venimos a mi casa, abrimos una botella de vino y yo te hago un masajito en la espalda.<\/p>\n<p>As\u00ed si Natalia, es que tengo mis encantos muchachito, deja entonces que tome el autob\u00fas hasta t\u00fa casa, perfecto, y de ah\u00ed salimos para la funci\u00f3n de las nueve. Maravilloso, y yo mientras te espero meto al horno unas berenjenas rellenas para que nos llevemos algo en la panza.<\/p>\n<p>Marcelo intuy\u00f3 lo que pasar\u00eda; V\u00edctor Hugo comer\u00eda berenjenas y todo lo que Natalia le sirviera. Luego quiz\u00e1s har\u00edan el amor sobre la mesa del comedor.<\/p>\n<p>Los dos amigos se despidieron con inusual afecto. Se dieron la mano y luego, sin pensarlo, se abrazaron. Nunca antes lo hab\u00edan hecho. Pero hoy sucedi\u00f3 as\u00ed, sin m\u00e1s. Quiz\u00e1s lo hicieron porque el precio de la cebolla hab\u00eda subido. Tal vez por honrar el recuerdo de los tortelinis que preparaba Rinaldo. O pudo ser la brisa que se paseaba por la ciudad, una brisa rencorosa y repleta de sa\u00f1a, brisa que cobraba las facturas ajenas a los hijos pr\u00f3digos del\u00a0<em>Boom<\/em> latinoamericano.<\/p>\n<p>Aquella tarde iba cayendo en forma de ladrillos. La luz estaba en ese punto intermedio entre el d\u00eda y la noche, esa frontera en la que dudas si prendes los faroles del carro o los dejas apagados. Marcelo llam\u00f3 a su pap\u00e1: ten\u00eda ganas de verlo, sacarlo de casa y llevarlo a pasear un rato.<\/p>\n<p>&#8211; Pap\u00e1 baja por favor, llegar\u00e9 al edificio en dos minutos, le dijo Marcelo a su padre a trav\u00e9s del tel\u00e9fono celular. Que si pap\u00e1, estar\u00e1s de regreso temprano. Anda hombre, ya s\u00e9 que est\u00e1s en pantuflas, pero ver\u00e1s que al salir te distraes un rato.<\/p>\n<p>Mientras Marcelo convenc\u00eda a su padre, V\u00edctor Hugo se sobaba la panza sentado en el sof\u00e1 de casa de Natalia. Mientras ella se duchaba para salir al cine y justo despu\u00e9s del primer masajito en la espalda de la tarde, V\u00edctor Hugo recorr\u00eda con la vista el apartamento. Era peque\u00f1o, sin grandes pretensiones, atiborrado de libros y con un afiche pegado en la pared de sala donde aparec\u00eda el Ch\u00e9 conversando con Camilo Cienfuegos. \u00bfPor qu\u00e9 Natalia tendr\u00e1 este afiche aqu\u00ed?, se pregunt\u00f3 V\u00edctor Hugo. Quiz\u00e1s se trataba de un recordatorio de rebeld\u00eda perenne. \u00bfPero por qu\u00e9 quiere seguir siendo rebelde? Seguramente para sentirse un poco m\u00e1s viva, un tanto menos jodida. Esa foto de icono revolucionario convertido en icono pop le daba fuerzas a Natalia para sostener el ticket del estacionamiento donde dejaba el autom\u00f3vil en el que iba a comprar la novela que reci\u00e9n hab\u00eda sido merecedora de un importante premio literario en Espa\u00f1a. Ay Espa\u00f1a, pens\u00f3 Victor y en su mente aparec\u00ed yo, que un d\u00eda me vine a limpiar mesas por seguir un sue\u00f1o de ser poeta. Espa\u00f1a, tan lejos y tan cerca. Mercado de j\u00f3venes escritores y los que no escriben nada, pero que tambi\u00e9n quieren una vida moderna y un pantalla plana en las salas de sus casas. Hogar de los intelectuales de izquierda que beben vino y se van de tapas al centro de la ciudad, donde seguro que no reciben peinillazos ni tiros por la espalda, a menos que anden de tontos pidiendo independencias o la exhumaci\u00f3n de los muertos de la guerra.<\/p>\n<p>Natalia sali\u00f3 del ba\u00f1o y sonri\u00f3 al ver a Victor mirando fijamente la foto del Ch\u00e9. Me visto y nos vamos, dijo.<\/p>\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n<p>\u00a1Pero c\u00f3mo vamos a apoyar a Ch\u00e1vez!\u00a1Si ese t\u00edo es un gorila tropical!, gritaba Jos\u00e9 Mar\u00eda mientras agitaba la copa de co\u00f1ac que sosten\u00eda con su mano izquierda. Si hombre, tienes raz\u00f3n, le respondi\u00f3 Mario desde su butaca de fina caoba barnizada. Yo que so\u00f1aba con un presidente amigo, moderado, culto, y vienen los venezolanos y nos salen con este chalado. Con los buenos ejemplos que tenemos en Chile, en Colombia, hasta en el mismo Per\u00fa de mis recuerdos est\u00e1 este guev\u00f3n que ser\u00e1 de todo menos castrista, dijo Mario con sobriedad. Claro, pero es lo que trato de decirte. Estar\u00eda bien que dijeras algo en tu art\u00edculo de este domingo para\u00a0<em>El Pa\u00eds<\/em>, no s\u00e9, una invitaci\u00f3n al noble pueblo de Venezuela, a la comunidad internacional, a la OEA, yo qu\u00e9 se, para que se anden con cuidado con esa amenaza continental. Y tambi\u00e9n dices algo sobre Jaime Baily.<\/p>\n<p>Son las dos de la tarde en el restaurante \u201cEl Abuelo\u201d de Toledo. Para Mario no es f\u00e1cil soportar a Jos\u00e9 Mar\u00eda. Es un hombre graciosillo, si, pero tambi\u00e9n espeso, grueso de tragar por momentos. Jos\u00e9 Mar\u00eda hablaba mucho m\u00e1s ahora que el co\u00f1ac lo hab\u00eda envalentonado: fondos de inversi\u00f3n, fondos de inversi\u00f3n de alto riesgo, las islas Azores y por qu\u00e9 fui a las Azores, que si la ministra, \u00a1Uy es que ese acento Mario, ese acento franc\u00e9s me vuelve loco! Pero en la mente de Mario las palabras rebotaban y en su lugar se dibujaba la cara de Julio Cort\u00e1zar. Mario envidiaba un poco la paz en la que deb\u00eda estar descansando Julio, a\u00f1oraba el coraje que ten\u00eda para decidir lo que nunca decid\u00eda porque ya le ven\u00eda a la cabeza como un hecho incontestable, el compromiso que ten\u00eda consigo mismo, que era como decir un compromiso inevitable y no obligado por la culpa un poco cristiana de quien mira con m\u00e1s cari\u00f1o Madrid que Arequipa, porque en Madrid est\u00e1 la Real Academia y El Prado, tienes el Reina Sof\u00eda y a la Reina Sof\u00eda, tienes a los hijos de Cervantes que son y ser\u00e1n siempre hijos agradecidos. Adem\u00e1s, por mucho que yo la quiera, por muchos honores y condecoraciones que reciba, Arequipa no ser\u00e1 nunca nada m\u00e1s que Arequipa.<\/p>\n<p><strong>III<\/strong><\/p>\n<p>A esa misma hora, pero del lado izquierdo del Atl\u00e1ntico en el\u00a0<em>mapamundi<\/em>, Marcelo estacionaba el\u00a0<em>Fiat Uno<\/em> frente a casa de su padre. Enseguida se subi\u00f3 el viejo, m\u00e1s parecido a un epitafio que al fornido hombre que le dio la vida. Y aunque el reumatismo y la diabetes lo estaban consumiendo a mordiscos, el anciano conservaba una sonrisa energizante, llena de instantes vitales. Hijo, gracias por animarme, dijo con voz algo cansada. T\u00fa mam\u00e1 amar\u00e1 sus cintas de colores, dijo desvariando. Las ha querido desde siempre, desde antes de conocernos le encantaba flotar en esa seda china que brilla hasta en la oscuridad. A t\u00fa mam\u00e1 no hay azul cielo que se le escape, ni rojo escarlata que se le atragante, quiz\u00e1s alg\u00fan turquesa que intercede cuando nos ba\u00f1amos en Isla Larga, pero amarillos, naranjas, violetas y hasta grises se pasean por su mente cada d\u00eda. Yo creo que t\u00fa mam\u00e1 puede ser mandona, orgullosa y necia, pero nadie puede acusarla de binaria. \u00bfT\u00fa me entiendes hijo? Claro pap\u00e1, creo que has dado en el clavo, ese c\u00f3ctel de medicinas que te est\u00e1s tomando te tienen m\u00e1s poeta que nunca, dijo Marcelo. Un d\u00eda de estos me meto una de esas pepas y me inyecto una buena dosis de insulina, de esa que te recet\u00f3 el doctor, y viajo contigo al mundo del\u00a0<em>Prozac<\/em> y los versos. Ver\u00e1s como nos vamos a divertir.<\/p>\n<p>Ambos soltaron una buena carcajada.<\/p>\n<p>Marcelo tom\u00f3 la autopista Francisco Fajardo a la altura del distribuidor Ciempi\u00e9s. El veloc\u00edmetro marcaba ochenta. El reloj las seis y cincuenta y nueve. En la radio sonaba \u201cEl fin de la infancia\u201d de Caf\u00e9 Tacuba. Marcelo se re\u00eda de sus recuerdos, de la burla de sus amigos por escuchar a esos\u00a0<em>ni\u00f1os bien<\/em> chilangos. Su cabeza se llen\u00f3 de violines y chasquido de guitarras. Pens\u00f3 en Carlos Fuentes, quien ahora prologaba las biograf\u00edas de magnates poderosos. Pidi\u00f3 a Dios un poco m\u00e1s de vida para su padre. Pidi\u00f3 tambi\u00e9n por si mismo, rez\u00f3 por no parecerse a ninguno de esos canosos que terminan alabando al poder. Viejos masca buches, pens\u00f3. Dios, no permitas que termine haciendo lo mismo que esos<em>jalabolas<\/em>. No me dejes caer en la tentaci\u00f3n. L\u00edbrame del mal.<\/p>\n<p>El viejo permanec\u00eda en silencio en el puesto del copiloto. Con una expresi\u00f3n tranquila, casi angelical. Se hab\u00eda quedado dormido. Marcelo lo miraba con el rabillo del ojo, queri\u00e9ndolo desde su locura senil, que ya se lo hab\u00eda llevado a pasear hace rato, cuando de pronto sinti\u00f3 un cambio de luces por el retrovisor, escuch\u00f3 un giro de ruedas y en seguida un motor acelerando. Su coraz\u00f3n comenz\u00f3 a latir m\u00e1s r\u00e1pido. Cuando tuvo tiempo de percatarse vi\u00f3 a su derecha, justo al lado de la ventana donde estaba su padre, como desde un\u00a0<em>Mercedes Benz<\/em>cinco hombres, que parec\u00edan bien comidos y bien vividos, incluso alegres, le disparaban tres veces a su pap\u00e1, y la bala que lo mata porque le atraviesa la nuca, se le encaja a \u00e9l en la costilla, cerca del homoplato.<\/p>\n<p>El viejo cae en las piernas de Marcelo, y \u00e9l ni siquiera puede despedirse porque est\u00e1 maniobrando para no estrellarse. Cuando logra frenar el\u00a0<em>Fiat Uno<\/em> ayudado por la defensa, observa como el\u00a0<em>Mercedes Benz<\/em> desde el que dispararon a su pap\u00e1 frena tambi\u00e9n, y un hombre se baja y empieza a caminar hacia \u00e9l pistola en mano. Son las siete y dos minutos. La cara del hombre no era de furia sino de aburrimiento. Marcelo se abraz\u00f3 a su pap\u00e1 porque sab\u00eda que tambi\u00e9n iban a matarlo, y en ese momento Dios, que como dice una buena amiga, es un viejo jodedor, decide que llegue la patrulla de la polic\u00eda de tr\u00e1nsito, encienda la sirena y el asesino la oiga, de media vuelta y no lo mate.<\/p>\n<p><strong>IV<\/strong><\/p>\n<p>Una herida, un chorro de sangre, el olor de la p\u00f3lvora, el grito de la carne punzada, una tripa que sale, \u00bfqu\u00e9 es una tripa que sale?, pensaba Natalia. Es la mierda que nos heredaron las letras de los grandes y los mediocres, las bocas de los arribistas, los papeles que manosean los funcionarios. Y yo que tuve que ver morir a mi gente, que trago mon\u00f3xido de carbono cada ma\u00f1ana que llego tarde al trabajo, que soporto el bautizo y re-bautizo de las calles con nombres de pr\u00f3ceres que igual que hoy, ayer mataron por sed de oro y propiedades y luego le colocaron el t\u00edtulo de libertad de la patria. La patria del co\u00f1o de su madre. Me cago en los perdona vidas, en los poetas flojos, en los narradores y las narradoras de la clase media que, como yo, no tienen nada que decir, narradores y narradoras aburridos y mal educados, oficiantes de palabras que no significar\u00e1n nada ni antes ni despu\u00e9s de que nos metan en una caja de madera y nos echen la tierra sobre las tetas, estas tetas que dan de comer todos los d\u00edas a los mala cama de siempre, a los me vengo en dos minutos. Estoy harta, harta de venir al cine todos los martes en la noche con tipos como V\u00edctor Hugo. No s\u00e9 por qu\u00e9 me sigo juntando con estos poca monta, hombres que no tienen nada en la bola, que s\u00f3lo quieren alabanzas, que les digan que siempre ser\u00e1n j\u00f3venes, cada vez m\u00e1s ricos y quiz\u00e1s inmortales. Desean congresos que hablen sobre ellos y sus nuevos descubrimientos, desean salir en el noticiero de las ocho de la noche o en la entrevista de la contraportada del peri\u00f3dico. Matar\u00edan por una foto de libro, s\u00f3lo quieren que sus madres muertas se sientan orgullosas en sus sepulcros.<\/p>\n<p><strong>V<\/strong><\/p>\n<p>Y Marcelo, mientras tanto, ped\u00eda al polic\u00eda que vino a ayudarle que llamara a su mam\u00e1 desde el tel\u00e9fono de su pap\u00e1, que su pap\u00e1 tiene guardada a su mam\u00e1 en la memoria del tel\u00e9fono como el n\u00famero 1, que ese celular ah\u00ed en la guantera es el de su viejo, que pulse la tecla 1 y la mam\u00e1 va a contestar. Y su pap\u00e1 ya se hab\u00eda ido, ya volaba m\u00e1s all\u00e1 del cobijo de su esposa, treinta y tres a\u00f1os de casados que no son tantos y que tampoco fueron admirables ni un camino de rosas pero fue el camino que ellos hab\u00edan elegido eso s\u00ed, ese camino que ahora era infierno porque entonces ella contest\u00f3 la llamada que dec\u00eda \u201cPap\u00e1\u201d y oy\u00f3 una voz desconocida, una voz que no sonaba a pap\u00e1 porque era muy ronca y muy seca, y que le dec\u00eda mire se\u00f1ora a mi me da mucha pena llamarla para decirle que su esposo, su esposo bueno ha sido asesinado por unos desconocidos que le dispararon desde un auto en movimiento, no puede ser, y su hijo fue herido de bala en el t\u00f3rax y ahora est\u00e1 siendo llevado de emergencia al hospital, \u00a1No! \u00a1Me muero!, yo lo lamento se\u00f1ora pero usted tiene que hacer acto de presencia para reconocer el cad\u00e1ver, pero c\u00f3mo, cu\u00e1ndo, qui\u00e9n, por qu\u00e9, no poseo esos detalles se\u00f1ora, pero no es el primer caso que atendemos con este\u00a0<em>modus operandi<\/em>, y ya no pudo seguir dici\u00e9ndole nada porque la se\u00f1ora empez\u00f3 a llorar, y alguien la ayud\u00f3 para que no se desmayara pero la tensi\u00f3n baj\u00f3, las l\u00e1grimas fluyeron sin parar y all\u00ed ya no hubo vida sino muerte y desconsuelo, tragedia y par\u00e1lisis, que mira que ninguno de los novelistas del\u00a0<em>Boom<\/em>, ni sus hijos que somos nosotros, hemos querido pero si buscado. Y despu\u00e9s el polic\u00eda cuelga el tel\u00e9fono del difunto y se lo mete en su bolsillo, revisa la cartera y roba los billetes que le quedan, un dinero que se llena de oscuridad en el bolsillo derecho del pantal\u00f3n del servidor p\u00fablico. Mientras Natalia y V\u00edctor Hugo miran la pel\u00edcula, Mario reposa el almuerzo en su casa, el Gabo masca sus memorias y Fuentes piensa en poemas tontos para autores que \u00e9l cree pasar\u00e1n a la historia, y sobrevivir\u00e1n el juicio de los tiempos, y ser\u00e1n eternos como todos los Fuentes y Cisneros y Slim y Vargas Llosa y Garc\u00eda M\u00e1rquez y Borges y Brice Echenique y Asturias y Uslar y todos, todos los que en el Gran Futuro ser\u00e1n llevados por mensajeros alados hasta las puertas donde se guarda el Conocimiento Universal, mientras los m\u00e9dicos luchan por levantarle la presi\u00f3n a Marcelo y que no se nos muera el muchacho, y \u00e9l mismo lucha en medio de su delirio por no morirse, y dar al menos sus clases de An\u00e1lisis Literario en la facultad, sin saber que a su padre muerto lo sacan del\u00a0<em>Fiat Uno<\/em>, lo ponen en el piso de concreto de la autopista Francisco Fajardo, desde las ocho de la noche del martes hasta las seis de la ma\u00f1ana de un mi\u00e9rcoles de abril, cuando por fin llega la furgoneta de la morgue porque ha sido un d\u00eda muy movido, doce muertos durante la noche carajo -dice el conductor mientras se seca el sudor de la frente con un pa\u00f1ito-. Me toc\u00f3 manejar para arriba y para abajo, un enfrentamiento entre bandas rivales que dej\u00f3 cuatro cuerpos regados, dos ajustes de cuentas y cuatro maridos muy borrachos, o muy drogados, o las dos cosas, pagando sus frustraciones contra sus pobres mujeres que salieron\u00a0<em>esco\u00f1etadas<\/em> por todos lados y d\u00f3nde est\u00e1 el occiso, pregunt\u00f3 al polic\u00eda de caminos. All\u00e1 lo tienes y ap\u00farate que ya se est\u00e1 haciendo cola y tenemos que descongestionar el tr\u00e1nsito, pero chico\u00a0 \u00bfno me vas a dar nada para comprarme un cafecito?, co\u00f1o tu jodes demasiado, anda, toma y ap\u00farate en levantar a ese muerto, pero y \u00e9ste se\u00f1or qu\u00e9 cuenta ten\u00eda pendiente, oye no s\u00e9 pero con \u00e9ste ya son tres los casos que nos reportan: no les roban nada pero le vac\u00edan la pistola encima, dijo el polic\u00eda mientras mov\u00eda la mano para que los carros que ven\u00edan por la autopista circularan por al derecha. La semana pasada una se\u00f1ora venia por aqu\u00ed mismo, se detuvo en el puesto de la patrulla donde yo trabajo y nos dijo as\u00ed, con la cara p\u00e1lida, que unos hombres en un carro lujoso la ven\u00edan siguiendo. La se\u00f1ora estaba muerta de miedo y nosotros le dijimos que se quedara ah\u00ed, con nosotros, el tiempo que quisiera. Ella esper\u00f3 una hora, pero se equivoc\u00f3, se mont\u00f3 en su carro y volvi\u00f3 a agarrar la autopista. A los dos minutos se oyeron tres tiros. La mataron por el puro gusto de matarla.<\/p>\n<p>El chofer de la morgue mir\u00f3 con un dejo de extra\u00f1eza al polic\u00eda que sigui\u00f3 hablando sin parar, como queriendo desahogarse por todo lo que sus ojos hab\u00edan visto. Respir\u00f3 profundo, y d\u00e1ndose fuerzas a si mismo, baj\u00f3 la camilla de la parte de atr\u00e1s de la furgoneta. Qui\u00e9n sabe qu\u00e9 diablo se nos meti\u00f3 en el cuerpo, pens\u00f3 el chofer mientras se acercaba al occiso, met\u00eda sus manos debajo de las fr\u00edas axilas y lo arrastraba hasta subirlo en el destartalado cachivache, mientras a esa hora ya Fidel se hab\u00eda levantado y escrib\u00eda un articulito para el\u00a0<em>Granma<\/em>, Ch\u00e1vez dictaba las l\u00edneas que saldr\u00edan publicadas en los peri\u00f3dicos de la ma\u00f1ana, Obama chequeaba los mensajes de su\u00a0<em>Blackberry<\/em>, Uribe apenas bostezaba sus primeras \u00f3rdenes al secretario, Zapatero a\u00fan dorm\u00eda y Cristina se revolv\u00eda placidamente en sus cobijas de la ma\u00f1ana porque ninguno de los\u00a0<em>Boom<\/em> tuvo nunca el valor de decirles a la cara que se fueran a la mierda con sus ansias de poder y con su completa ineptitud recubierta de amenazas. Que se fueran al mism\u00edsimo carajo con sus ideolog\u00edas disfrazadas y dejaran que alg\u00fan otro se ocupara de trabajar porque a sus hijos no les disparen por la espalda, ni les vac\u00eden la pistola desde alg\u00fan carro en movimiento, mientras ellos van tranquilos y seguros a sentarse en sus sillitas de terciopelo.<\/p>\n<p><strong>FIN<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No es de extra\u00f1ar que cuente esta historia ahora, cuando un mont\u00f3n de nubes grises llegan a la ciudad y encaraman sobre ella los peores augurios. Pas\u00f3 algo similar con el cuento que voy a contarles, uno que parece sacado del realismo m\u00e1gico de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, pero sin su esfuerzo fabulador sino m\u00e1s bien \u00e1nimo por el suelo o \u00e1nimo de se nos viene el mundo encima.<\/p>\n","protected":false},"author":1140,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[6],"tags":[306,313,547,548,62,549,550,551,312,552,553,554,181,555,556,557,180,89,558,310,305,559,44,560],"class_list":{"0":"post-7531","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-confesionario","7":"tag-activismo","8":"tag-amor","9":"tag-asturias","10":"tag-brice-echenique","11":"tag-caracas","12":"tag-carlos-fuentes","13":"tag-cristina","14":"tag-cuentos","15":"tag-engano","16":"tag-fidel","17":"tag-gabriel-garcia-marquez","18":"tag-gustavo-cisneros","19":"tag-hugo-chavez","20":"tag-inseguridad","21":"tag-julio-cortazar","22":"tag-latinoamerica","23":"tag-mario-vargas-llosa","24":"tag-obama","25":"tag-slim","26":"tag-tiempo","27":"tag-uribe","28":"tag-uslar","29":"tag-venezuela","30":"tag-zapatero"},"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pfpCD-1Xt","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7531","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1140"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7531"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7531\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7531"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7531"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7531"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}