{"id":7365,"date":"2010-04-23T19:50:51","date_gmt":"2010-04-24T00:20:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=7365"},"modified":"2010-04-23T19:50:51","modified_gmt":"2010-04-24T00:20:51","slug":"la-sacudida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2010\/04\/23\/la-sacudida\/","title":{"rendered":"La sacudida"},"content":{"rendered":"<p>Los problemas empiezan al nacer, en el propio parto, cuando el ni\u00f1o es arrancado de su placentero letargo y forzado a respirar el aire del mundo con golpes y palmadas; es el temblor de la vida que se inicia lo que le hace llorar y lo que le har\u00e1 llorar durante los a\u00f1os que le queden por respirar. En la infancia, los problemas se disfrazan de juegos, pero los disfraces no duran m\u00e1s que unos pocos a\u00f1os, pronto nos quedan cortos y tenemos que cambiarlos una y otra vez hasta que, eventualmente, no hay remiendo posible que los ensanchen. Con cada disfraz el ni\u00f1o llora, y contin\u00faa su llanto por la presi\u00f3n de sus disfraces que se aferran con fuerza a su cuerpo creciente hasta su adultez, y a\u00fan sus lamentos no cesan sino que se esconden tras la madurez.<\/p>\n<p>En el hogar de la pareja Ferreiro los llantos ya se ocultan tras la treintena de a\u00f1os, m\u00e1s los de una criatura que viene en camino para continuar el baile pueril de los disfraces. Con nueve meses encima, es probable que Carmen d\u00e9 a luz en cualquier momento a una sana hembrita cuyo nombre todav\u00eda no ha sido decidido.<\/p>\n<p>Carmen y Francisco \u2013su marido\u2013 viven en una casa estrecha de dos pisos heredada del difunto Sr. Ferreiro, quien se hab\u00eda hecho rico muy joven jugando a los dados, pero que hab\u00eda perdido casi todo llorando en su m\u00e1s triste vejez hasta contar s\u00f3lo en su patrimonio con la casa que lo vio morir. De modo que ahora Francisco, hijo insigne, ten\u00eda que destruirse la espalda para mantener a su familia con las deudas propias de una casa marcada por el azar. Poco quedaba de los Ferreiro en verdad porque Francisco era el \u00fanico descendiente y ya su madre hab\u00eda muerto oportunamente cuando el Sr. Ferreiro comenz\u00f3 a perder toda su malhadada fortuna. Por el lado de Carmen, poco se sab\u00eda de sus padres y hermanos ya que la hab\u00edan repudiado injustamente por casarse con la semilla de un vicioso que acabar\u00eda por perderlo todo, como muy bien le profetizaron.<\/p>\n<p>No obstante, no es adecuado decir que los Ferreiro eran pobres ni mucho menos: antes del embarazo, Carmen ten\u00eda una excelente posici\u00f3n ejecutiva a la que pensaba regresar una vez que culminase su permiso, y Francisco hab\u00eda mantenido dos empleos por varios a\u00f1os ya y estaba acostumbrado a trabajar muy duro. Viv\u00edan c\u00f3modamente, por dejarlo de esa manera, y no se preocupaban demasiado por la tacha que el Sr. Ferreiro le hab\u00eda dejado al apellido. Una cosa s\u00ed era constante en el hogar del matrimonio, y esa era la rutina. Dentro de las cortas paredes de la casa se pod\u00eda escribir una bit\u00e1cora invariable que no cambiaba ni los feriados; la rutina manten\u00eda a Carmen feliz en su tiempo de ocio y calmaba a Francisco cuando llegaba exhausto de trabajar. La rutina manten\u00eda al rastro de los Ferreiro unidos y contentos con su vida porque dentro de la casa se sent\u00edan como infantes antes de nacer, ignorantes de los problemas del mundo exterior pues sab\u00edan que nada pod\u00eda convertirse en adversidad alguna si se manten\u00edan dentro del detallado plan familiar.<\/p>\n<p>En el d\u00eda que precedi\u00f3 a la noche de los nacimientos, Carmen no se cans\u00f3 de repetir la frase \u00abhoy va a temblar\u00bb, que Francisco asociaba err\u00f3neamente con la muy com\u00fan paranoia del cercano Armaged\u00f3n. Ya entrada la tarde, el esposo se cans\u00f3 de la absurda advertencia de Carmen y le dijo que se fuera a acostar, que el embarazo la estaba haciendo delirar. Ella acat\u00f3 autom\u00e1ticamente y se fue al cuarto, a\u00fan segura en su coraz\u00f3n de que ese d\u00eda iba a temblar.<\/p>\n<p>Lo curioso del asunto es que Carmen actuaba como si fuese cualquier domingo normal porque su temor a romper la rutina (y destruir as\u00ed la estabilidad de la familia) era mayor al de ser sorprendida por un terremoto. El miedo pod\u00eda convertirse muy f\u00e1cilmente en una de esas adversidades de las que tanto se escond\u00edan detr\u00e1s de su plan, y Carmen sab\u00eda muy bien que era preferible que la naturaleza interrumpiera la rutina a que lo hiciera ella s\u00f3lo por una fuerte corazonada. Adem\u00e1s, no sab\u00eda qu\u00e9 tan poderoso ser\u00eda ese temblor, solamente que ocurrir\u00eda en alg\u00fan momento de ese d\u00eda.<\/p>\n<p>Al anochecer, Francisco se qued\u00f3 en la sala viendo televisi\u00f3n mientras su esposa trataba de dormir. De vez en cuando pod\u00eda escucharla diciendo en murmullos nuevamente \u00abhoy va a temblar\u00bb y \u00e9l sonre\u00eda sin imaginarse cu\u00e1n ciertas eran esas palabras. \u00c9l se hab\u00eda cre\u00eddo su absurda idea de que se trataba de \u00abdelirios del embarazo\u00bb y nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>Carmen no estaba preocupada conforme se acercaba el final del d\u00eda y se agotaba el rango de horas en que ocurrir\u00eda el temblor, ella estaba acostada y feliz pensando en su hija. Pero sus pensamientos volv\u00edan sin cesar a la sacudida de esa noche y se imaginaba c\u00f3mo ser\u00eda. \u00bfSe romper\u00edan cosas? \u00bfSe inundar\u00eda la casa? \u00bfSe incendiar\u00eda? \u00bf<em>Doler\u00eda<\/em>? Ten\u00eda muchas amigas que hab\u00edan experimentado un temblor y que le hab\u00edan hablado un poco sobre el dolor del terremoto. En un rato se qued\u00f3 dormida y Francisco fue a acostarse tambi\u00e9n. Ser\u00edan poco para las diez de la noche y la pareja no dormir\u00eda tranquilamente por m\u00e1s de una hora. Francisco se despert\u00f3 cuando not\u00f3 que su mujer no estaba a su lado y la vio parada junto al lecho sosteni\u00e9ndose el vientre.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Est\u00e1 temblando!\u2014dijo con histeria.<\/p>\n<p>\u2014Amor, no est\u00e1 temblando\u2014respondi\u00f3 Francisco casi en sue\u00f1os\u2014, ven y vu\u00e9lvete a acostar.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1<em>Est\u00e1<\/em> temblando!\u2014chill\u00f3 nuevamente y con mayor fuerza, comenzando a llorar como una reci\u00e9n nacida; luego grit\u00f3 de dolor. Y entonces, en efecto, estaba temblando.<\/p>\n<p>Francisco se levant\u00f3 de inmediato y se resbal\u00f3 en las fuentes rotas de su mujer. Se par\u00f3 entonces con la doble preocupaci\u00f3n de salvar a su amada parturienta cuanto antes. La agarr\u00f3 de la mano y la sac\u00f3 de la habitaci\u00f3n, pero entonces se enfrentaba con la dificultad de las escaleras. Pens\u00f3 que era mejor que Carmen bajase primero, dos pies por escal\u00f3n. Con todo movi\u00e9ndose a su alrededor era aun m\u00e1s dif\u00edcil para una mujer a punto de parir bajar todos esos escalones que el Sr. Ferreiro les hab\u00eda dejado como una maldici\u00f3n.<\/p>\n<p>Ya abajo, Carmen pod\u00eda ver, como en una pantalla da\u00f1ada y h\u00fameda, la puerta removi\u00e9ndose en su marco. Francisco fue quien se la abri\u00f3 y la empuj\u00f3 hacia afuera, pero la puerta se cerr\u00f3 detr\u00e1s de ella, dejando a Francisco encerrado dentro. El llanto, los dolores y los gritos se intensificaron y no la dejaban darse cuenta de que ya no estaba temblando. \u00bf<em>Ya<\/em> no estaba temblando? M\u00e1s bien <em>all\u00ed<\/em> no estaba temblando. Su casa era lo \u00fanico que se mov\u00eda en aquel terremoto; ni los vecinos ni la calle se sacud\u00edan y no hab\u00eda nadie fuera de sus hogares m\u00e1s que ella, sola. S\u00f3lo su casa, con sus dos pisos y su estrechez, se controvert\u00eda como un epil\u00e9ptico. Los cuatro minutos que precedieron la salida de Francisco fueron de puro desconcierto para Carmen. Gritaba su nombre con fuerza pero no pod\u00eda entend\u00e9rsele nada por las l\u00e1grimas y los gemidos de dolor. Nunca hab\u00eda sentido con tanta certeza lo realmente largos que son los segundos. Al final del cuarto minuto, Francisco Ferreiro sali\u00f3 del temblor y tropez\u00f3 con fuerza contra su mujer en lo que pareci\u00f3 ser un abrazo.<\/p>\n<p>Se volvieron hacia la casa para que el hombre viese el extra\u00f1o caso del temblor: la vista de su casa sacudi\u00e9ndose le hizo llorar como su esposa, cual si aqu\u00e9lla fuese la primitiva e infame palmada en la espalda. Viendo el hogar as\u00ed, \u00e9ste fue envuelto en una luz m\u00e1s intensa que el sol entre leves nubes, y creci\u00f3 y creci\u00f3 hasta obligarles a cerrar los ojos, a\u00fan abrazados. Una vez abiertos de nuevo, la luz hab\u00eda decrecido hasta desaparecer como la est\u00e1tica en un televisor, llev\u00e1ndose con ella a la casa entera. Continuaron llorando pero con m\u00e1s fuerza al ver su antigua vida \u2013la rutina, el plan, el cuarto del beb\u00e9\u2013 ser apagada. Pocas cosas sobrevivieron del hogar de los Ferreiro, las m\u00e1s leves ahora ca\u00edan del cielo como cenizas de un volc\u00e1n.<\/p>\n<p>Todo este anormal asunto hab\u00eda apartado sus mentes del hecho de que Carmen estaba pariendo. Se hab\u00eda tenido que acostar en la calle para poder dejar salir los humores que se atosigaban en su vientre y que preced\u00edan la llegada de la nueva ni\u00f1a Ferreiro, la que todav\u00eda no ten\u00eda un nombre decidido. Francisco se arrodill\u00f3 junto a ella e hizo el rol de partero, no teniendo una casa en donde resguardarla ni un tel\u00e9fono con el que llamar a una ambulancia; tambi\u00e9n pudo perfectamente haber despertado a los vecinos, pero la situaci\u00f3n era demasiado apremiante como para dejar a su mujer pariendo sola en la calle frente al lugar en donde estuviera su casa hac\u00edan s\u00f3lo unos pocos segundos antes. Vio c\u00f3mo sal\u00eda el beb\u00e9 \u2013de pies a cabeza\u2013 y, al final del segundo nacimiento de esa noche, se qued\u00f3 sosteniendo a aquella criatura sin saber qu\u00e9 hacer con el ap\u00e9ndice que todav\u00eda la conectaba al cuerpo de Carmen, hasta que finalmente chill\u00f3 y llor\u00f3; en ese momento, una ara\u00f1a muerta (que probablemente hab\u00eda vivido en el hogar de los Ferreiro antes de la sacudida) ca\u00eda del cielo con una delicadeza impropia para las cosas que caen.<\/p>\n<p>Este bizarro fen\u00f3meno de la naturaleza ha sido perfectamente documentado desde hace siglos \u2013si no milenios\u2013 y es m\u00e1s com\u00fan de lo que suena. La soledad de la an\u00f3nima infante Ferreiro es la misma que la de sus padres en este mundo nuevo en el que no tienen nada m\u00e1s que su rec\u00edproca compa\u00f1\u00eda. El problema con estos incre\u00edbles temblores es que nunca nadie recuerda haberlos sentido, cuando en realidad nadie podr\u00eda estar vivo si no fuese por ellos.<\/p>\n<p><em>Animus a Nemo,<\/em><\/p>\n<p><em>Abril de 2010<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los problemas empiezan al nacer, en el propio parto, cuando el ni\u00f1o es arrancado de su placentero letargo y forzado a respirar el aire del mundo con golpes y palmadas; es el temblor de la vida que se inicia lo que le hace llorar y lo que le har\u00e1 llorar durante los a\u00f1os que le [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":308,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[1],"tags":[],"class_list":{"0":"post-7365","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-azares"},"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pfpCD-1UN","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7365","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/users\/308"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7365"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7365\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7365"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7365"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7365"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}