{"id":7067,"date":"2010-03-22T19:23:02","date_gmt":"2010-03-22T23:53:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2010\/03\/22\/metallica-en-venezuela-1232010-la-noche-del-juicio-final\/"},"modified":"2010-05-23T11:00:25","modified_gmt":"2010-05-23T15:30:25","slug":"metallica-en-venezuela-1232010-la-noche-del-juicio-final","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2010\/03\/22\/metallica-en-venezuela-1232010-la-noche-del-juicio-final\/","title":{"rendered":"Metallica en Venezuela 12\/3\/2010: La noche del juicio final"},"content":{"rendered":"<p>A la novena hora con quince minutos de la noche, ser\u00edamos arrastrados a la marcha trepidante del juicio final. De repente, en el escenario aparecer\u00edan los cuatro jinetes del Apocalipsis: la guerra, la victoria, el hambre y la muerte. La potencia r\u00edtmica que no parec\u00eda ser de este mundo arrancar\u00eda, sin aspavientos, un furioso alarido que a\u00fan resuena en nuestras almas. \u201cQue as\u00ed se escriba \/ que as\u00ed se haga \/ fui enviado aqu\u00ed por el elegido para matar el primog\u00e9nito del fara\u00f3n \/ Soy la muerte sigilosa\u201d. Sin piedad, sin escr\u00fapulos. Las antorchas iluminan el escalofriante pat\u00edbulo. 30 mil personas, convertidos en vasallos de la muerte, alzaban sus brazos como hachas inclementes. El sacrificio se alzaba con la estrofa: \u201cMuere por mi mano\/ Me arrastro por esta tierra \/ Matando al primer hombre que naci\u00f3\u201d. Part\u00edcipes del asesinato, aclam\u00e1bamos el final proscrito. Gustosos, nos sumergimos en la danza de la destrucci\u00f3n: \u201c\u00a1Die!, \u00a1Die!, \u00a1Die!, \u00a1Die!\u201d. No hay escapatoria para el condenado. El tiempo se detiene. Se nos ven\u00eda el final con el estribillo maldito: \u201cYo \/ controlo el aire de la medianoche, el destructor \/ Nacido \/Pronto estar\u00e9 all\u00ed, masa mortal \/ Yo \/ Me arrastro por los escalones y el piso, oscuridad \/ Sangre \/ Puerta pintada con sangre de corderos, que pasar\u00e9\u201d. Ante nosotros se erig\u00eda el templo del dolor: Metallica. Hecho el sortilegio inici\u00e1tico, s\u00f3lo una pregunta lograba escaparse en aquella oscuridad: \u00bfser\u00edamos capaces de sobrevivir al magnetismo de la muerte?<\/p>\n<p>A la espera de la maldad<\/p>\n<p>Hubimos de esperar once a\u00f1os para disfrutar, nuevamente y entre nosotros, a una de las bandas m\u00e1s trascendentales de la historia del rock mundial. Una espera encomiable que fue amortiguada d\u00eda tras d\u00eda, desde aquel 4 de mayo de 1999 cuando hicieron estallar la c\u00fapula del Poliedro de Caracas. Frente a la demora de Metallica, tres cosas son importantes a la hora de valorar la paciencia del p\u00fablico venezolano hasta este 12\/3\/2010: primero, el peso imborrable de esta agrupaci\u00f3n en el amplio espectro del heavy metal; segundo, la evoluci\u00f3n musical que ha experimentado en los \u00faltimos a\u00f1os (casi llev\u00e1ndola al borde de la extinci\u00f3n); y tercero, la captaci\u00f3n de nuevas generaciones de seguidores, sin los cuales no hubiese sido posible la revaloraci\u00f3n no s\u00f3lo de sus ya cl\u00e1sicos discos, sino de todo el imaginario existencial de maldad y oscurantismo que expresan sus l\u00edricas. Creemos que es ese car\u00e1cter de banda cl\u00e1sica lo que le da a Metallica el bot\u00f3n de no retorno a aquel sujeto, que por cosas del destino, se asoma a su m\u00fasica.<\/p>\n<p>Bastaba con estar en la interminable cola en los espacios de La Rinconada para comprobar los matices generacionales de los asistentes. Llegada la noche del juicio final no hab\u00eda otra salida que asumir los \u00faltimos trazos de la espera con la alegr\u00eda redimida. Ni el inclemente calor, ni el hambre, ni el cansancio, ni alg\u00fan altercado con un presunto \u201ccoleado\u201d, ni mucho menos cualquier abuso del personal de seguridad: nada pod\u00eda hacernos flaquear en la tarea de vivir en carne propia los dict\u00e1menes del desastre. Pero a\u00fan m\u00e1s: hasta los propios fan\u00e1ticos, entre toda la desesperaci\u00f3n que significaba tener sed en aquella rambla de tierra a las afueras del recinto, celebrar\u00edan el hecho de que la ballena -veh\u00edculo blindado de la Polic\u00eda Metropolitana- esparciera chorros de agua para refrescar la tensa espera.<\/p>\n<p>Luego de ingresar al campo pasadas las cuatro de la tarde y de esperar m\u00e1s de tres horas ante la enorme tarima de 18 metros de altura, el metal empezar\u00eda a retumbar la tierra indefensa a las siete de la noche. Por Venezuela, la agrupaci\u00f3n Dischord ofreci\u00f3 su energ\u00eda al p\u00fablico con un set de cinco temas, dejando una grata impresi\u00f3n en los miles de presentes. Sin embargo, la confirmaci\u00f3n de que lo sobrenatural estar\u00eda a punto de comenzar se manifestar\u00eda media hora despu\u00e9s: una llovizna premonitoria caer\u00eda sobre el campo y parec\u00eda que ard\u00edamos, de momento, en el azufre luciferino. A\u00fan as\u00ed, vendr\u00eda Mastodom -banda norteamericana que acompa\u00f1a a los cuatro jinetes oscuros en el Word Magnetic Tour- a brindarnos siete temas de un metal potente pero no tan llamativo como el de los criollos de Dischord. Cuando en las pantallas empezaban a mostrar el extracto del film El bueno, el malo y el feo de Ennio Morricone con la pieza The Ectasy of Gold, todos los espectadores ten\u00edamos la convicci\u00f3n de que los heraldos negros estaban listos para la destrucci\u00f3n. En un segundo, ya todo ard\u00eda en llamas.<\/p>\n<p>Imantados por la muerte<\/p>\n<p>Iniciada la ruta del desastre, Metallica trocar\u00eda la experiencia del heavy metal en orgasmo colectivo. Del juicio apocal\u00edptico al placer musical y, por tanto, r\u00edtmico: par\u00e1bola irrefutable que troc\u00f3 el oscurantismo en catarsis jubilosa. James Hetfield (voz y guitarra), Lars Ulrich (bater\u00eda), Kirk Hammett (guitarra) y Robert Trujillo (bajo) nos someter\u00edan a esta experiencia por m\u00e1s de dos horas. Y como lo demuestra el drama de Constantine -el soldado m\u00edstico que somete a los esp\u00edritus condenados por Satan\u00e1s- un segundo en el infierno es la eternidad. Podr\u00eda decirse, mediante este s\u00edmil, que las miles de almas presentes vivieron el vac\u00edo eterno en aquellas dos horas magistrales. Once a\u00f1os resumidos en aquellos 120 minutos: sue\u00f1o del mal. Imantados por la fuerza de Metallica.<\/p>\n<p>El show nos mostr\u00f3, en este orden correlativo, 18 de sus m\u00e1s variadas piezas pertenecientes a sus nueve discos: Creeping Death, For Whom The Bell Tolls, Fuel, Harvester Of Sorrow, Fade To Black, That Was Just Your Life, The End Of The Line, The Day That Never Comes, Sad But True, Cyanide, One, Master Of Puppets, Blackened, Nothing Else Matters, Enter Sandman, Last Caress, Whiplash, y Seek and Destroy. Cada tema provoc\u00f3 un universo infinito de sensaciones: el precipicio, por ejemplo, en For Whom The Bell Tolls; el infierno dantesco, en Fuel; la desesperanza, en Fade to Black; la desesperaci\u00f3n at\u00e1vica, en One; la iron\u00eda malvada, en Sad but trae; el cataclismo, en Master of Puppets; la masacre, en Creeping Death; el llanto depresivo, en Nothing Else Matters; la risa diab\u00f3lica, en Whiplash; el saqueo perpetuo, en Seek and Destroy\u2026<\/p>\n<p>Memorable es rese\u00f1ar aqu\u00ed (a parte del sonido compacto que se logr\u00f3 en todo el recital) el poder superlativo de la pantalla de 20 metros de ancho ubicada al fondo del escenario. Aquel aditivo impresionante no hacia otra cosa que asombrarnos a tal grado que los rostros, los gestos, los movimientos, los acordes, los golpeteos y los alaridos en los coros, se vieran como figuras diab\u00f3licas e inalcanzables. Y en verdad lo eran: no hab\u00eda especio para los incr\u00e9dulos. Aquel que ve\u00eda la pantalla en el fragor del concierto, se perder\u00eda en la impresi\u00f3n alucinatoria: ser\u00eda pose\u00eddo por la fuerza de gravedad, logrando perder la noci\u00f3n del tiempo y espacio. Agregu\u00e9mosle a esto el papel de la pirotecnia y la brutalidad de las llamas que brotaban desde distintos puntos del entarimado. Cuando aquellas llamaradas sal\u00edan desde el fondo de las tinieblas, nos derret\u00eda no s\u00f3lo la carne, sino el alma. \u00bfQuedaban dudas de que est\u00e1bamos frente al escalofriante pat\u00edbulo del juicio final?<\/p>\n<p>\u201cCaracas, t\u00fa nos hiciste sentir bien\u201d<\/p>\n<p>\u201c\u00bfSienten esto? \u00bfSienten lo que yo siento?\u201d, fue una de las tantas frases que James Hetfield, vocalista y guitarrista de la banda californiana solt\u00f3 con una energ\u00eda envidiable. Era ese sentir a lo que todos nos vivimos: la c\u00fapula con el desastre, el orgasmo con la muerte. No debe faltar aqu\u00ed, en esta rese\u00f1a, la fuerza desatada por cada uno de esos cuatro jinetes del Apocalipsis.<\/p>\n<p>Lars Ulrich dej\u00f3 extasiados a todos con la fuerza con que a\u00fan azota la bater\u00eda. Cuando la enorme pantalla enfocaba su rostro, no s\u00f3lo reflejaba los altos decibeles con la cual golpeaba sus bombos (una de las m\u00e1s potentes del rock mundial), sino tambi\u00e9n la gestualidad indiscutible de la violencia. \u00bfQui\u00e9n a esta altura no siente c\u00f3mo retumba, en el pecho, el sonido brutal de los redoblantes de Ulrich? Sonido rabioso que no se borrar\u00e1 f\u00e1cilmente. \u201cMetallica no debe esperar 11 a\u00f1os m\u00e1s para volver\u201d, dijo Ulrich en la despedida memorable.<\/p>\n<p>Robert Trujillo demostr\u00f3 que hace un excelente trabajo con las cuerdas del bajo. De origen azteca, Trujillo agit\u00f3, como un animal que devora su presa, la fiereza con que se debe tocar ese instrumento en el mundo del heavy metal. Es dif\u00edcil borrar la imagen de Jason Newsted, anterior bajista de la banda: son evidentemente, estilos muy diferentes. Sin embargo, Trujillo sigue demostrando a todos los fan\u00e1ticos que tiene la fuerza y el carisma de sobra para que el bajo siga sonando brutalmente en la agrupaci\u00f3n californiana. \u201cA patear traseros, Caracas\u201d, fue la \u00fanica frase que solt\u00f3 Trujillo en un espa\u00f1ol no muy fluido.<\/p>\n<p>Kirk Hammet, con la sencillez que siempre lo ha caracterizado en tarima, hizo lo suyo con la guitarra. Monstruoso virtuosismo, el californiano dej\u00f3 maravillados con sus solos en toda la presentaci\u00f3n, y se pase\u00f3 de izquierda a derecha mostrando sus hermosas guitarras y sacando de ellas lo m\u00e1ximo. Agitando su melena, a m\u00e1s de uno hizo llorar con el inicio de Nothing else matters, iluminado por los poderosos faros; o delirar hasta la saciedad con pasajes de One, Sad but trae y Master of puppets. Qued\u00f3 comprobado entre nosotros que Hammet est\u00e1 entre los mejores guitarritas de la historia musical. \u201cMuchas gracias, Venezuela\u201d, dir\u00eda con una sonrisa, poco despu\u00e9s de lanzar al p\u00fablico decenas de u\u00f1as como piezas de antalog\u00eda.<\/p>\n<p>James Hetfield llev\u00f3 la batuta de la masacre en todo el espect\u00e1culo. Es muy dif\u00edcil encontrar, en estos actuales momentos, a un frotman de la calidad y entrega de Hetfield. Y no solo eso: es una de las voces m\u00e1s temibles del heavy metal. \u201cHe o\u00eddo un par de cosas sobre Caracas y algo de eso es que no les gustan las canciones muy pesadas\u201d, dijo a mitad del recital, como queriendo retarnos. \u201c\u00bfQuieren algo heavy?, \u00bfEst\u00e1n listos?\u201d. Y con el insuperable \u201c\u00a1Yeah!\u201d, grito saliente desde lo m\u00e1s profundo del Hades, nos arrastrar\u00eda hasta los oscuros abismos. La malicia sigue siendo la caracter\u00edstica m\u00e1s potente de Hetfield: es la chispa iracunda que lo hace legendario. Se despedir\u00eda de nosotros coloc\u00e1ndose la bandera venezolana en su espalda, y con ella recorrer\u00eda todo el escenario en su \u00faltimo adi\u00f3s.<\/p>\n<p>Metallica: la artiller\u00eda magn\u00e9tica sigue<\/p>\n<p>Extasiados, hab\u00edamos disfrutado tanto la experiencia del dolor y de la excitaci\u00f3n, que ya nada ni nadie podr\u00e1 sorprendernos con nuevas prebendas. Ya hemos vivido el dolor eterno, el placer del mal. La duda del comienzo qued\u00f3 salvada: hab\u00edamos sobrevivido al magnetismo. Pero con una particularidad: la sobrevivencia nos condujo, en el mismo instante que se apagaron las luces, a cultivarnos m\u00e1s en la potencia r\u00edtmica de Metallica. Una sensaci\u00f3n que, efectivamente, nos conduce a nuevos acercamientos, a nuevas revalorizaciones existenciales. Death Magnetic (2008), el m\u00e1s reciente disco de la banda exaltada al Sal\u00f3n de la Fama del Rock, es una muestra a la recuperaci\u00f3n musical de los cuatro jinetes de lo que fue el ocaso de St. Anger (2003). \u201cVolviendo a la forma\u201d, a la sabia del Kill\u2019Em all, a los riffs maquiav\u00e9licos de Master of puppets, y a la fortaleza del \u2026And Justice For All. Metallica se explaya sobre s\u00ed misma y en nosotros, demostrando hoy m\u00e1s que nunca que la furia del heavy metal apenas comienza. El hambre, la muerte, la victoria y la guerra: fuentes poderosas que hacen de la artiller\u00eda de Metallica una de las m\u00e1s s\u00f3lidas de nuestra contemporaneidad. La artiller\u00eda contin\u00faa.<\/p>\n<p>CAM<br \/>\n2010.<br \/>\nhttp:\/\/carlosalfredomarin2010.blogspot.com\/<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A la novena hora con quince minutos de la noche, ser\u00edamos arrastrados a la marcha trepidante del juicio final. 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