{"id":59623,"date":"2021-04-13T22:29:47","date_gmt":"2021-04-14T02:29:47","guid":{"rendered":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=59623"},"modified":"2021-04-13T22:29:47","modified_gmt":"2021-04-14T02:29:47","slug":"transaccion-fallida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2021\/04\/13\/transaccion-fallida\/","title":{"rendered":"Transacci\u00f3n fallida"},"content":{"rendered":"<p>Me divert\u00eda como fiscal de tr\u00e1fico, recorriendo de palmo a rabo la avenida R\u00edo de Janeiro. Ya hab\u00eda contabilizado una docena de \u201ccompinches\u201d para surtir combustible (gente de diferentes clases sociales, desde mec\u00e1nicos, profesores universitarios, comerciantes informales, hasta funcionarios policiales) \u00a0pero la sed, el preg\u00f3n interno por matar la ansiedad como una cucaracha en el parabrisas era superior. En \u00e9pocas recientes las colas eran raz\u00f3n de adquirir rubros alimenticios comunes; los \u00faltimos cinco a\u00f1os en el pa\u00eds dieron cabida a ratas miserables que adquir\u00edan, redoblaban y vend\u00edan sobreprecio los productos. Una sociedad descompuesta que brilla con luz propia, o mejor dicho se extingue al final de un t\u00fanel de entresijos judiciales corruptos, absurdos muy parecidos a la ficci\u00f3n. Desde el s\u00e1bado 18 de julio cerca de las 5:45 a.m. me aparque a tres cuadras de la bomba de gasolina Texaco de las mercedes; el r\u00edo Guaire ondeaba cerca de donde me toc\u00f3 darme un puesto de espera. Como un vigilante trasnochado recib\u00ed el alba, gire suavemente la tapa del termo de caf\u00e9 y, adem\u00e1s de todo le met\u00ed un mordisco de cocodrilo a la arepa con huevo frito que prepar\u00f3 mi esposa.<\/p>\n<p>Hace quince a\u00f1os o menos sent\u00eda latir bajo mis m\u00fasculos el deseo de irme lejos de este pa\u00eds. La guerra intestina que se gesta en medio de este sancocho de colores tropicales, mestizaje indoeuropeo que se afirma en la soberan\u00eda de la frase \u201cBochinche, puro bochinche\u201d que declino en un momento aciago Francisco de Miranda, hizo que perdiera las ganas de graduarme de polit\u00f3logo. La universidad y sus consecuencias tuvieron que, resumiendo cuentas, quedar disminuidas al recuerdo de una juventud perdida.<\/p>\n<p>Una agenda de cuero viejo es mi cuaderno de notas para los momentos de aislamiento, que no es lo mismo que \u201caislamiento voluntario\u201d. Este proceso que nos ha tocado vivir desde hace cuatro meses, ya ni recuerdo. Me inclino un poco por el astigmatismo que me hace perder las palabras, se arremolinan como en un torbellino de basura en la calle. Entonces, proceder a imprimir alguna que otra reflexi\u00f3n puede matar la ladilla. Las esperas nunca fueron un lugar donde me gustara permanecer. Un responsorio inadecuado para soltar las amarras de la ansiedad m\u00e1s violenta, el estr\u00e9s y los pensamientos oscuros. Limitado por un rayo de sol escandaloso me decid\u00ed a cerrar la agenda cuando un hombre maduro, de complexi\u00f3n regordeta me hizo se\u00f1as desde la acera contigua. Baje del autom\u00f3vil, con lo que me hab\u00eda costado encontrar un poco de comodidad y, sintiendo que de pronto la ma\u00f1ana nos dar\u00eda un impulso diferente me acerque al extra\u00f1o.<\/p>\n<ul>\n<li>Espesa la ma\u00f1ana, aunque el sol esta como de playa en carnavales \u2013 sonre\u00ed sin querer; cubriendo mi boca con el codo aguantando un estornudo.<\/li>\n<li>As\u00ed parece (sostuvo el gordo parecido al se\u00f1or barriga) &#8211; el tapabocas parec\u00eda que no le sentaba bien, respiraba con dificultad.<\/li>\n<li>Yo vengo de La Trinidad, en el municipio Baruta. Por all\u00e1 nada que ver con la gasolina. La vaina esta fea \u2013 decore lo \u00faltimo para darle dramatismo.<\/li>\n<li>S\u00ed, hermano \u2013 dijo el gordo. Apenas por aqu\u00ed surtieron el mi\u00e9rcoles en la noche. \u00bfPuedes creer que pasada la media noche ya estaba seca la bomba?<\/li>\n<li>Co\u00f1o, es arrecho. Quien quita, a lo mejor estemos de suerte. Brindo por ello &#8211; y me lance otro trago de caf\u00e9 para ahuyentar el pesimismo.<\/li>\n<li>Depende, mi pana. Dicen que en esta bomba de gasolina los funcionarios o algunos \u201cciudadanos\u201d tienen una mafia. Como cualquier otro rubro nacional que este escaseando se le monta el ojo y bueno\u2026 lo dem\u00e1s se sabe.<\/li>\n<li>Cosa de costumbre, \u00bfno? Mientras uno pueda poner combustible al carrito para hacer las diligencias. Y con este peo de la pandemia, \u00bfNos la supieron montar? La pata me refiero.<\/li>\n<li>Pero, sin embargo\u2026 la vaina es cuesta arriba. De repente, mientras estamos aqu\u00ed hablando como pendejos nos roban la bater\u00eda. Los malandros ahora son como gatos, ni se sienten \u2013 y el gordo se ahog\u00f3 en tos.<\/li>\n<li>No me asustes, mira que la acabo de comprar hace un a\u00f1o. Un ojo de la cara, tu sabes; cualquier vaina se adquiere en divisas \u2013 y me abr\u00ed la chaqueta porque el sol me hizo correr una lagrima de sudor.<\/li>\n<li>Voy a dar un vuelta, hermano. Hablamos\u2026- el gordo se enfilo hacia un puesto de empanadas.<\/li>\n<li>Dale, aqu\u00ed seguiremos. Al pie del ca\u00f1\u00f3n \u2013 saque una cajetilla de cigarros, deslice uno del mont\u00f3n y dispuse mis pulmones a un sorbo de c\u00e1ncer.<\/li>\n<\/ul>\n<p>En apariencia la cola del combustible de la ma\u00f1ana del 18 de julio no parec\u00eda diferente a cualquiera de las otras 10 o 20 que cubr\u00edan la ciudad como el Kraken de los mares inh\u00f3spitos. Encend\u00ed un rato el radio que llevo en mi auto, un modelo del 71 Dodge Valiant, color negro. Los cuentos peregrinos de siempre, m\u00e1s en este caso, la locutora dej\u00f3 un balance regular sobre el abastecimiento de combustible en la gran Caracas. Desde hace un mes y pico habr\u00edan llegado los buques desde Ir\u00e1n, para que este pa\u00eds macilento pudiese seguir en movimiento.<\/p>\n<p>Se hizo todo un alboroto por los bloqueos americanos dirigidos al gobierno de turno; y cuando la gasolina que mantiene el aparato automotor en marcha se vio en peligro los profetas del desastre dijeron \u201cNo habr\u00e1 gasolina en meses\u201d. Yo cre\u00ed en su momento que todo se ir\u00eda al carajo, pero, en Venezuela, con la maquinaria propagand\u00edstica m\u00e1s el enfoque nihilista de la mayor\u00eda nada se da por sentado. Met\u00ed lo poco que me quedaba de caf\u00e9 en el termo, a ver si por arte de magia volver\u00eda a llenarse, a sabiendas de lo duro que es mantenerme distra\u00eddo sin \u00e9l.<\/p>\n<p>12:00 m y el valle luminoso de reflejos no dejaba entrar en su seno a cualquiera que impusiera de <em>way of life<\/em>. Practicantes de la improvisaci\u00f3n se daban un banquete con un picnic a expensas del p\u00fablico presente. Unas tres camionetas en seguidilla, de esas modelo Four Runner Toyota part\u00edan el d\u00eda en dos con una parrilla que instalaron sin escr\u00fapulos. Se repartieron los pedazos m\u00e1s obscenos de carne de primera: solomo de cuerito, chorizo espa\u00f1ol y, por si fuera poco, morcilla carupanera. Acompa\u00f1ados con lo mejor de una orden de cervezas con sus respectivas hieleras. Solo pude sobarme la barriga con envidia de la buena; permiti\u00e9ndome quitarles un trozo de carne en pensamientos como un perro ladr\u00f3n.<\/p>\n<p>A eso de las 5:30 p.m. no hab\u00eda rastros de homo sapiens a la redonda. Todos parec\u00edan dormitar en sus casas rodantes. Los autom\u00f3viles exhalaban como animales que pacen en las llanuras africanas luego de un d\u00eda de cacer\u00eda. Uno que otro colocaba una canci\u00f3n chocante, yo me envolv\u00ed como trompo en mi puesto, coloque las manos sobre el volante, el play de la casetera dijo \u201cok\u201d e intente dormir algo.<\/p>\n<p>El reloj en mi mu\u00f1eca izquierda marcaba las 8:09 p.m. cuando una mujer delgada, que sin mentir tendr\u00eda unos 20 a\u00f1os, por m\u00e1ximo; chasqueo sus numerosos anillos en mi retrovisor a modo de gui\u00f1o. Sus u\u00f1as largas, rojas, unas medias de malla, tacones de silic\u00f3n y una falda que le dejaba ver hasta la cedula me plant\u00f3 el dilema de contraer sus servicios de manera expr\u00e9s. Yo tuve la amabilidad de negarme como un caballero, la morena platinada se arrech\u00f3\u2026 me sugiri\u00f3 una remodelaci\u00f3n en la polla, seguido de un enjuague y engrase (del original traducido: oral 5$ y con todo 8$). Le recalque que era muy bella, que podr\u00eda ser su hermano mayor. La verdad podr\u00eda contraer rabia o peste si me acostaba con un elemento de la noche como ese. Me maldijo, se mont\u00f3 en una moto de parrillera, en dos acelerones se perdi\u00f3 avenida adentro.<\/p>\n<p>Volv\u00ed a mis sue\u00f1os habituales cuidando ganado en tierras del llano adentro. Donde cualquier excedente del caos citadino se puede interrumpir con el canto de un alcarav\u00e1n. Mi mujer sirviendo una comida suculenta, con poca ropa, yo columpi\u00e1ndome en mi chinchorro\u2026<\/p>\n<p>Los sue\u00f1os se revolv\u00edan unos con otros, o sent\u00eda despertarme sobresaltado a cada momento. Una interferencia de vibraci\u00f3n moderada rompi\u00f3 la calma al sentirme observado de pronto, m\u00e1s el chasquido del vidrio como quien toca la puerta me puso frente a frente con mi sorpresa. Dos hombres con tapabocas que no les dejaba ver ni las caras estaban postrados frente al carro. El primero de ellos con una autom\u00e1tica apuntando directamente a mi rostro, el segundo blandiendo un pu\u00f1al que brillaba en la noche que ya hab\u00eda dejado secuelas en mi cabeza.<\/p>\n<p>Baje el vidrio con los movimientos autom\u00e1ticos de quien no sabe si la vaina es sue\u00f1o o realidad. Entend\u00ed algo as\u00ed como \u201cBaja del carro o aqu\u00ed mueres\u201d, seguidamente me descubr\u00ed en medio de la calle; con la cara de un payaso de feria esperando su paga, y los dem\u00e1s autom\u00f3viles imp\u00e1vidos ante el acontecimiento. Los vi alejarse con mi auto, me dieron en las manos mi radio casetera porque no les serv\u00eda de mucho y, una revista donde no hab\u00edan mujeres desnudas. Nadie dijo nada, ni se apersono a defenderme en su momento. Lo que indica que la diferencia entre el enemigo invisible del coronavirus y los criminales de turno no es su corporeidad, sino m\u00e1s bien su gesta fatal. A la que muchos se niegan a combatir, ignorando que la soluci\u00f3n es m\u00e1s que evidente.<\/p>\n<p>Me sent\u00e9 en la acera, mis \u201ccamaradas\u201d de cola iban de aqu\u00ed para all\u00e1. Dec\u00edan que la gandola iba a llegar en cualquier momento. Y en efecto, lleg\u00f3 cerca de las 10 menos 10 de la noche de ese mismo d\u00eda donde perd\u00ed mi medio de trabajo. Unos contentos, otros insatisfechos como cualquier ser humano, llenaron sus tanques correspondientes. Tuve que jalarme la cajetilla entera de cigarros para asimilar la situaci\u00f3n; necesariamente una escena de tragicomedia vulgar. Las autoridades me dicen que no han dado con el autom\u00f3vil en cuesti\u00f3n, las probabilidades de que este haya cruzado la frontera son altas (puede que termine como veh\u00edculo de contrabando para el combustible que se lleva en tropel hacia territorio colombiano) \u00a0aunque se juega en contra de lo peor, siempre hay que estar preparado, y uno muere callado. Es un destino ir\u00f3nico, un chiste.<\/p>\n<p>Con el acetaminof\u00e9n en capsulas blandas combato mis dolores de cabeza incesantes, la palabra gasolina me causa un terror cercano a tener que ir al odont\u00f3logo. Los problemas sociales siguen su curso para implantar el virus de la frustraci\u00f3n en el coraz\u00f3n de quienes queremos echarle ganas a pesar de. La entereza que ten\u00eda para aspirar a una vida mejor se ha reprimido en poco menos de 15 minutos, el tiempo necesario para que alguien decida si morir\u00e1s o vivir\u00e1s; si ser\u00e1s un registro olvidado en la estad\u00edstica roja. Mi nombre es Marcos Suniaga, y trabaj\u00e9 de taxista por cinco a\u00f1os.\u00a0 Vivo en Caracas, ciudad de claroscuros que merece ganarse cualquier record Guinness en finales felices.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me divert\u00eda como fiscal de tr\u00e1fico, recorriendo de palmo a rabo la avenida R\u00edo de Janeiro. 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